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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1009 - ver ahora
Transcripción completa

-El porrazo que se dio en la sesera

le ha trastocao el entendimiento.

¿Y qué vais a hacer? -Han dicho que se quede en cama.

-Claro, pa que repose.

-No, pa que no ofenda al personal.

He estado mirando el reglamento militar

de arriba abajo, y he descubierto que quedan exentos

aquellos que miden menos de 1,50 y los que pesan menos de 48 kilos.

-Pero mides más de eso.

-Pero puedo pesar menos, solo tengo que dejar de comer.

¿Qué dice don Hipólito?

Dice que va a abrir otra vez el cafetín

y que la Dama del Misterio actúe la primera noche.

Usted puede terciar con doña Felicia

pa que contrate a Úrsula en el restaurante.

-Hablaré con Felicia para ver si la contrata.

Gracias a su hijo,

se destapó que Victoriano era falsificador de dinero.

-Fue un gesto noble,

pero no me gusta que mi familia esté en boca de nadie.

Han robado el cepillo de la iglesia.

-La limosna de los pobres. -¿Quién puede ser tan desalmado

de robarle a los que no tienen nada?

He pensado... organizar aquí sesiones de bailes de salón.

-¿Y esto solamente lo propones para ganar más dinero?

-¿Por qué otro motivo podría proponerlo?

Soy peor persona de lo que puedas imaginar, búscate otra amiga.

-"Por lo que he hablado" con el comisario,

existe la posibilidad de que el tal Cristóbal,

el supuesto asesino, regrese.

Tampoco lo es engañar a su familia para ir detrás de unas faldas.

-Te exijo una disculpa inmediatamente.

-Es mejor que no sigamos hablando. Ya resolveré yo solo mis problemas.

¿Cómo está su esposa, Liberto? Bien, supongo que estará en casa.

Estoy deseando que sea la tarde de mañana para merendar con ella.

Abur. Con Dios.

-Con Dios.

Pues qué quiere que le diga, la veo muy relajada.

Si tuviera algo que temer, sería la primera en estar inquieta.

-Ya le digo que es una interpretación.

Es lista, puede estar poniendo la cara que quiere que veamos.

-¿Cree que sería capaz? -Es una mujer práctica.

-¿Por qué lo dice?

-Por su matrimonio

con Alfredo Bryce, ¿o cree de verdad que está enamorada de él?

-Creo que es un matrimonio de conveniencia,

pero no creo que finja ante él. Él también es un hombre listo,

sabe dónde se ha metido.

Creo que ese matrimonio no busca dinero, sino protección.

-¿Cree que don Alfredo es su escudo contra ese tal Cristóbal?

-Nadie se atrevería a hacerle daño a la esposa de un banquero.

-Eso espero,

de lo contrario, esa chica estaría en problemas

y puede que nosotros también. -Ya.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ay. Buenos días. Muchas gracias.

¿Ande estabas? Cuando he amanecío ya te habías ido.

-No he pegado ojo en toda la noche,

así que me he cansado y me he ido a dar una vuelta.

-¿Pa pensar?

-Y para perder algo de peso.

¿Se me nota?

-Un poco. Un poco.

Yo diría que hasta has engordao.

Amor mío, tienes que animarte, no puedes seguir así.

¿Así cómo?

-Sin comer, sin dormir, dándole al magín sin dejarlo descansar.

¿Te has arreglao con tu padre? -Qué va.

-Es lo primero que deberías hacer.

-No sé, me cuesta mucho entenderle ahora.

-Ties que hacerlo,

es tu padre, y está feo andar regañao con la familia.

-¿Tengo que entender que él esté con Carmen

mientras yo me voy a África?

-Eso no va a pasar, algo se nos ocurrirá.

Algo distinto a lo de perder peso,

que eso es una chaladura.

Además, necesitas tiempo para perder tantos kilos, tiempo que no tienes.

-Lo de vista cansada tampoco sirve,

porque la tengo como un lince.

Ni los pies planos...

Si al menos me faltara una pierna, o un dedo...

-¡Calla, loco!

-Me veo pegando tiros en África, Lolita.

-Dame.

Lo mismo es lo que hay que asumir.

Y cuanto antes lo hagas, pues antes se acaba.

-Buenos días por la mañana temprano.

Ponme un poco de queso, que se me ha antojado.

Tengo las tripas pegadas a la espalda.

¿Cuándo se va a hacer el servicio militar?

-Deje el asunto, que no está el horno pa bollos.

-Pues si yo estuviera en edad, ya estaría en África agarrao

al fusil y cumpliendo con mi país.

Es un orgullo y una satisfacción. -Es una pérdida de tiempo.

Odio las guerras y la violencia.

-¿También odia ser un héroe,

y que todo el mundo le admire, que le den medallas?

-Prefiero quedarme en casa,

con los míos y vivir en paz.

-Había uno en mi pueblo,...

se fue a Melilla el año nueve y volvió cojo

y manco,...

pero todos le mirábamos

con admiración. Alguno hasta con envidia.

Porque era todo un héroe

que había dado su vida por su país.

-Lo único que dejó ese hombre fue una pierna y un brazo.

-Tome. Y aire, que ya la ha liao bastante por hoy.

-Con Dios. -Venga.

-¿Sabes qué te digo?

Que no me voy a ir a África,

pero ni a África ni a ningún sitio.

-¿Y cómo vas a impedirlo?

¿Ya has desayunao? -No,

te estaba esperando quitándome el pelo de las cejas,

que ya parecía una loba salvaje.

-Lo que es salvaje es tu mirada felina, tus ojos de gata,

que hacen que uno pierda en sentío. ¿Qué más dará lo demás?

-¡Ay, lisonjero, bribón, zalamero!

-¡Un hombre enamorao, eso es lo que soy!

-Ole.

¿Qué es lo que ocurre?

-Emilio, el del Nuevo Siglo XX, nos envía una misiva.

-¿Qué dice?

-Nos invita a un baile. -¿A un baile?

-En el Nuevo Siglo XX.

Será pa darle vida al local por las tardes,

que es cuando más vacío está.

¿De qué baile hablan?

Uno en el restaurante de abajo.

Emilio ha mandao unos afiches para invitarnos a ir.

¿Baile en el restaurante? ¡Qué gran idea!

Podré asistir, ¿no? No veo por qué no.

Emilio fue quién te salvó de las garras de esa rata de Victoriano.

Es un hombre decente.

Me pondré el vestido rojo, ese me queda de maravilla.

-Mejor déjate la bata puesta, que no vas a salir de casa.

¿Qué? -Solo es un baile, mujer.

-Que no se merece en absoluto

después de los disgustos que nos ha dado últimamente.

Madre, por favor.

¿Qué quieres?

¿Otro incidente como el que tuviste con Victoriano?

¡Yo no tuve la culpa de eso!

Lo sé, hija, pero el que evita la ocasión, evita el peligro.

Aquí en casa estudiando, seguro que nada te pasa.

-(LEE) "Ruego se ponga en contacto conmigo. Stop".

"Asunto de dinero sin resolver. Stop".

"Osvaldo. Buenos Aires".

-¿Ocurre algo, querido?

-Nada, nada importante.

Ya van dos vasos hoy, Carmen. No me rompa el chiringuito, mujer.

-Lo lamento, Fabiana. -¿Qué le pasa?

Hoy no da pie con bola.

-Ando con la cabeza en el asunto de don Antoñito.

-¿En lo del servicio militar?

Ayer hablé con don Ramón y dice que todo se arreglará,

pero no lo creo. -No, yo tampoco,

el asunto no pinta bien.

Yo sé lo que la Lola me cuenta,

la muchacha dice que ha empezao a asumir que su marío tira pa África

o dónde Dios le lleve. -¿De verdad?

-Pues sí.

Voy a llevarle esto a don Eustaquio, que anda mal de la tripa.

Ahora vuelvo.

-Buenos días, Carmen. ¿Está Fabiana?

-Está atendiendo a un huésped, ¿puedo ayudarla yo?

-No, solo quería pedirle una receta. -Saldrá enseguida.

¿Quiere tomar algo mientras espera? -No, gracias.

No quiero distraerte de la faena,

que parece que tienes mucha.

-Así es.

-Yo, sin embargo, no tengo nada que hacer en todo el día.

Eso es lo que diferencia a las señoras de las criadas, ¿no crees?

-Supongo.

-Y lo que Dios ha puesto por separado,

no conviene mezclarlo. ¿Qué opinas?

-Supongo que tiene razón.

-La tengo, Carmen,

la tengo.

Los señores no se casan nunca con las criadas,

eso es lo que dictan las normas de protocolo

desde que el mundo es mundo.

Se me está haciendo tarde.

Dile a Fabiana que volveré en otro momento.

-¿Qué ha pasao, Carmen?

-Nada.

¿Y sigue esa mujer pernoctando aquí? -¿La Úrsula?

Sí, aún.

-Y me da que a esa no la sacamos de aquí ni con agua caliente.

-A mí se me pone mal cuerpo con solo mirarla.

-Yo he de confesar que también me pone mal cuerpo.

No me hace gracia cruzármela,

así que menos, tener que dormir bajo el mismo techo que ella, pero...

¿qué podemos hacer? -¿Echarla?

-¿Y que duerma en la calle?

No ve que no tie trabajo ni familia ni sitio en el que quedarse.

-Quien siembra, recoge, y ella ha sembrado mucha maldad.

-No diga eso, todo el mundo se merece a una segunda oportunidá.

-Hasta doña Susana se ha apiadao de ella,

que ha intercedío con doña Felicia pa que la contrate en el restauran.

-¿Y? -No le ha dao la ocupación.

-A mí, doña Úrsula me cae malamente por una sola cosa.

-¿Por qué? -Por lo beata que es,

que no se quita a Dios de la boca ni así le parta un rayo.

-Marcelina, aunque pienses esas cosas, no las digas.

-¿Por qué? Si es la verdad.

-Porque terminarás a mal con los vecinos.

Y sobre todo con doña Susana, ¿no te das cuenta de dónde vives?

-En la calle Acacias, hasta la fecha.

-Donde hay una iglesia, y de bote en bote todos los días.

-Marcelina, no te había visto en el quiosco y estaba preocupao.

-Haciendo un descansito. Un café, que no hace daño a nadie.

-Sí, bueno, y ya va siendo hora de volver a la faena,

que Fabiana ya estará echándome de menos.

-Y yo, que seguro que mi señora estará dando voces.

-Antes de que os vayáis,...

no hagáis planes esta tarde, que voy a convidaros a una merienda.

-¿Convidar de convidar o es una manera de hablar?

-Yo me ocupo de to, no hace falta que traigáis na,

solo hambre y ganas de pegar la hebra.

Será aquí, en el altillo.

-¿Y cómo es que tienes dinero pa tanto dispendio?

¿Os ha tocado la lotería?

-Una, que se administra bien.

-"Han robado el cepillo de la iglesia".

-La limosna de los pobres. -¿Quién puede ser

tan desalmado de robarle a los que no tienen nada?

-¿Se sabe quién ha podido ser? -No,

pero están todos tan enrabietados, que si cogen al ladrón le linchan.

-Y darle recao a los demás, que está tol mundo invitao.

-Bueno, así lo haremos,

pero ten tiento con a quién convidas,

que aluego se juntan desconocíos y la lías.

-Qué bien, cuantos más seamos, mejor lo pasaremos.

-Pues na, que con Dios.

-Con Dios, prima. -Con Dios.

-Bueno, me voy como una saeta, que he de abrir el quiosco.

-Quieta ahí pará, Marcelina.

Tú y yo... vamos a hablar. -¿Ah, sí?

-(ASIENTE) -Ah.

(SE ASUSTA)

Uy. Doña Genoveva, perdone,

¿la molesto? ¿Ocurre algo?

Pues si le digo la verdad, sí. Con su permiso.

Que quiero hablarle de algo, y a las bravas,

que a los de Cabrahígo no nos gusta dar rodeos.

¿Usted dirá?

Ende que usted llegó, quería pedirle disculpas.

No la tratamos bien, ni a usted ni a su esposo, que en paz descanse.

No sabíamos cómo iba a terminar todo esto.

Doña Genoveva, de verdad que lo lamento.

Le agradezco sus palabras, pero no ha de culparse.

Fue el destino quién quiso que mi esposo acabara así.

Nosotros no ayudamos.

Él y sus malas decisiones tampoco.

En todo caso, es agua pasada y, ahora necesito avanzar,

mirar hacia el futuro y dejar el pasado atrás.

Por eso se ha casao.

Perdón, no tiene que contestarme.

Ay, es que a veces soy muy bruta.

No, no importa.

Supongo que sabrá que mi matrimonio con Alfredo no es fruto del amor.

Samuel me dejó en una situación financiera terrible.

Los acreedores empezaron a perseguirme

para que les pagara las deudas...

Fue práctica.

Conocí a Alfredo hace muchos años en mi época como corista.

¿Fue corista?

Sí. Sí, Lolita, es una larga historia, pero sí.

Siempre estuvo enamorado de mí

y me pidió matrimonio varias veces sin importarle mi posición social,

pero le decía que no.

Cuando Samuel murió...

Ay, no tie por qué contármelo.

Cuando Samuel murió, me acordé de él.

Pese a no estar enamorada, le consideraba un buen hombre.

Atento y cariñoso.

Entiendo.

Me puse en contacto con él.

Si aún seguía enamorado, era mi salvación.

Yo necesitaba ayuda y él compañía.

Y...

No tie por qué justificarse,

si dos personas les cuadra lo mismo, bien está la cosa.

A lo mejor no es la historia más romántica del mundo,

pero sé que a nuestra manera seremos felices.

Formamos un gran equipo.

Pues punto redondo, no se hable más.

Solo quiero decirle

que si algún día necesita hablar o desahogarse

encontrará en mí a una amiga.

Ahí tiene mi tienda.

Gracias, Lolita, se lo agradezco. No tiene que agradecer na.

¿Irá a la merienda de doña Rosina?

Sí.

Es la mejor manera de integrarse.

Es justo lo que quiero.

Eso y que las cosas vuelvan a su cauce.

Entonces, la veré en la merienda.

Descuide,

que la apoyaré en to lo que diga.

Entre uste y yo,

a veces, las señoras pueden ser un poco brujas.

¿A veces?

(RÍEN)

Dime la verdad, ¿has sido tú la que ha robado ese dinero de la iglesia?

-Que yo no he robao na.

-¿De dónde has sacao el dinero pa la merienda?

-Te lo he dicho, he ahorrao.

Eso no hay quién se lo crea. -Pues créetelo

o déjame en paz. -Quieta, que te conozco,

y sé cuando mientes. Dime la verdad o te juro que...

-¿Que qué?

-Que voy a los guardias y te denuncio.

-De acuerdo, sí, he sido yo.

Yo me llevé el dinero del cepillo.

-Pero...

¿Cómo has podido? Eso es robar.

-Es robar a los ricos pa dárselo a los pobres, y eso no es na malo.

-Ese dinero no es tuyo.

-Pero tampoco de esos curas chupasangre.

-¡Marcelina!

-¿Qué? Es lo que son.

Se quedan con el dinero del pueblo pa sus cosas

mientras la gente se muere de hambre, y eso no está bien.

-Eso no es asunto tuyo.

-Es el pueblo quién debe disfrutar de ese dinero

y yo lo voy a hacer; organizando una merienda pa que disfruten todos.

-No lo vas a hacer.

-Vas a devolver ese dinero. -Ni hablar.

-Si no lo haces, te llevo yo presa.

-¡Pero que lo que hace la Iglesia con el pueblo es una injusticia,

una injusticia que ya dura muchos años!

¡Tiene que acabar!

-No creo que los guardias lo vean así.

Dime, ¿dónde has escondío el dinero?

Dámelo, que vamos a ir los dos a devolverlo a la parroquia.

-¿Que qué? -Ya me has oído,

o si no, acabaremos los dos en el infierno.

-Qué infierno ni qué niño muerto,

eso no existe, es una invención de la Iglesia

y tú vas y te lo crees.

Ay, Jacinto, ¿qué voy a hacer contigo?

¿Le gusta, madre?

-La verdad es que te han quedado muy bonitos.

-Camino es quien hizo el dibujo. -Son preciosos hija.

-Son para publicitar las sesiones de baile.

-Has tenido una gran idea en hacer estos afiches.

Así todo el mundo que quiera venir, estará informado.

-Se lo he mandado a algunos vecinos

y los he colocado en sitios exclusivos:

en el Ateneo, en los mejores restaurantes...

-Eso espero, que no quiero que esto se llene de mala gente.

-No, descuide, madre. Entonces, ¿está usted conforme?

-Ya te dije que te daba el visto bueno,

solo espero que las sesiones estén a la altura del restaurante.

Deben ser elegantes y formales.

-¿Y qué soy yo, sino un chico elegante y formal?

Ven conmigo, Camino, necesito que me ayudes.

-Buenas. Póngame una tilita.

-Marchando.

¿Se encuentra usted mal?

-No, ¿por qué?

-Me sorprende que cambie hoy el café por la infusión.

-Llevo unos días sin dormir y el café me desvela.

-Claro.

-Gracias.

-Mire, fíjese.

-Servando, que no, que yo estoy muy asustada por Marcelina,

se ha convertío en el anticristo.

Me da a mí que cualquier día le prende fuego a la iglesia.

-Una sierva de Dios, no es, eso es verdad.

Y me siento en parte culpable, es que antes no era así.

-Buenos días.

¿En qué puedo ayudarles?

-Hemos visto esos afiches de los bailes

y veníamos a pedir información.

-Claro. Tienen que pagar una entrada,

y a cambio tienen derecho a bailar y a tomarse un refresco.

-Si ya sabía yo que no podía ser tan bonito.

-No será mucho, mujer.

-Pero el poco parné que tiene servidora

no lo puede gastar en semejante dispendio.

Muchas gracias por la información.

-Bueno, pueden venir a mirar aunque no se tomen un refrigerio.

-Eso sería como un regalo.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Qué?

Lo mismo podemos hacer nosotros lo mismo en el altillo,

pero en versión barata.

-Servando, me da miedo cuando piensa, se le pone la cara...

-Buenas,

Emilio y compañía.

-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?

-Vengo a por una botella de vino. -Claro.

-¿Le ha gustado a sus señores? -Mucho.

¿A qué si no venir a por otra?

-A propósito,

¿han recibido sus señores una misiva con unos afiches dentro?

-¿Lo de la sesiones de baile? -Sí.

-Sí. Creo que han dicho que asistirán.

-¿Todos? ¿Doña Cinta también?

-No, la madre no quiere que salga de casa.

Y mucho menos, pa sesiones de baile.

La señorita tiene mucho que estudiar.

-Claro, está en edad de hacerlo.

-Efectivamente. Muchas gracias.

Con Dios. -Con Dios.

Ay...

Qué gusto es poder cogerse

un ratito de descanso.

-Se lo ha ganao uste, que trabaja como una mula.

-Lo cierto es que desde que don Felipe

ha recuperado su vida tranquila, no tanto.

-Cómo me alegro de que todo haya llegao a su calma en ese sentío

y que don Ramón y él hayan dejao de regañar.

-Y que dure muchos años,

que ya tenemos bastantes desgracias por aquí.

-Y que lo diga uste.

Como la pobre Úrsula, que no hay manera

de que encuentre casa pa faenar ni lugar donde le den empleo.

-¿Qué dijo doña Felicia? ¿No me contó usted

que doña Susana iba a interceder por doña Úrsula

para trabajar en el Nuevo Siglo XX?

-Dijo que sí,

pero no sé qué habrá pasao.

-Válgame Dios.

¿Cuánto tiempo puede estar alguien sin trabajar?

-Sea cuanto sea, Úrsula está llegando al límite.

Tampoco sé cuánto tiempo va a poder estar aquí doña Úrsula

sin que los señores se quejen.

-Ya le digo yo, que conociendo a doña Rosina, no mucho más.

¿De qué hablan?

Pues mire, Úrsula,

de lo agradable que es cogerse un ratico pa descansar.

-Eso, muy agradable.

No mientan,

las he oído.

Hablaban de mí.

No las culpo.

Mi futuro es incierto,

por no decir que es

negro como el carbón.

Nadie me quiere,

nadie me da trabajo,

no sé qué va a ser de mí.

Algo se nos ocurrirá, Úrsula,

se lo prometo.

Gracias, Fabiana.

-¿"Ande" te metes?

Que no te he visto en to el día.

-Estaba por ahí, dándole al magín.

-¿Has pensao algo pa no ir a África?

-Sí, sí que he pensado algo,

pero no sé todavía si va a dar resultado.

-¿El qué?

-Ya te lo diré, cuando llegue el momento.

-Te veo más tranquilo así que, sea lo que sea, me parece bien.

-Sí que estoy tranquilo, sí.

-¿Lo has arreglao con tu padre? -No.

-¿No has hablao con él?

Bueno, to se andará, no pasa na,

a su debido tiempo.

Y, amor mío,...

si al final te tienes que ir a África, pos...

lo tendremos que asimilar.

Si Dios quiere que vayas, será por algo.

-Me temo que Dios no pinta nada, es el Ejército quien manda.

-Ya, ya lo sé, digo que...

no nos podemos dar cabezazos contra la pared.

Que los problemas... hay que llevarlos con calma,

que si no, uno puede perder el magín

y hasta los nervios.

-Bueno, marcho, marcho, no me esperes para cerrar

que no sé cuánto tiempo voy a tardar.

-¿Marchas? Antoñito,...

si me habías dicho que cerrabas tú. La merienda.

-¿Era hoy?

Pues no,... no me acordaba. -¿Y "ande" tienes que ir?

-He quedado con el párroco,

a echarle una mano con un asunto de cuentas.

-(RÍE) ¿Con el párroco de la iglesia?

-Sí, bueno, no me he podido negar, claro.

-¿Y cuándo te lo ha dicho?

-Esta mañana, cuando estaba volviendo del paseo,

¿es un interrogatorio o qué? -No, no me lo tomes a mal,

es solo curiosidad,

no voy a ser yo quien le niegue un favor a un siervo de Dios.

Pero cerraré antes la mantequería, pa irme a la merienda.

-Sí, perfecto.

Bueno, pues luego te veo.

Adiós. -Adiós.

-A las buenas, Lola.

¿Me pones unas cosas que se me olvidó encargarte?

-Dime. -Chorizo de tu pueblo

y, ¿tienes queso en aceite?

-Vaya merienda menos merienda, ¿no?

-Bueno, pondré salao y también dulce,

por si alguna se pone melindrosa.

Por cierto,

¿te has enterao de lo del baile?

-¿Qué baile?

-El baile que ha preparao Emilio, el del Nuevo Siglo.

¿No te ha llegao el papelajo?

-Pos... ni lo sé, porque he estao to el día tan ajetreá,

que no he mirao el correo.

-Pues, al parecer, va a ser un baile muy elegantón,

de señoritingos.

Yo he estao en bailes, sí, pero...

más tipo verbena: en la pradera, en el pueblo,

pero en un restaurante, jamás.

-Pos ni yo, las cosas como son.

¿Vas a querer algo más, Casilda? -Sí, sí.

-Muchas gracias, don Luis, que pase una buena tarde.

¿Dónde era...?

¿A qué hora es lo de la merienda... que me dijo Marcelina?

Esto lo tiene que saber Jacinto.

-Se ve que el hombre sabe...

Perdón, ¿a qué hora era la merienda?

Es que si tengo que avisar

tendré que saberlo. -A ninguna,

que se ha suspendío.

Estaba hablando con Cesáreo.

¿Saben que hoy le he subío el correo

a don Alfredo Bryce y me ha dao una propina?

-Te ha dao una propina por subirle el correo?

-Y muy generosa.

-Caramba, eso en mis tiempos no pasaba.

-Está claro que es un señor con mucha clase.

-Sí, y tan elegante, y tan educao, tan... tan... tan banquero él.

-Bueno, tenían que haber conocido a don Maximiliano,

ese sí que era un caballero con modales.

Claro, también es que era otra época, era la edad de oro

de Acacias, cuando yo era

el mejor portero de la ciudad.

-¿Usted?

-Y no digo del país porque no me quiero aventurar.

-Me voy, que tengo faena. -Desde luego,

mira que es mala, la envidia. -Mala es su cantinela,

que se repite más que el ajo colorao, de tanto que se pavonea.

-Ya vendrás a pedirme consejo alguna vez.

Si ya no vamos a la merienda me podrías dejar el periódico,

así practico la lectura.

No veas los pasos que estoy haciendo ya con la letra de imprenta.

-¿De verdad?

-Que no te extrañe que en un par de días me haya leído El Quijote.

-Voy a por él.

Uy.

Qué raro.

-¿Qué? -Una carta para don Alfredo Bryce.

-Se te ha olvidao subirla. -No, estoy seguro que he subío

to el correo, pero... esta carta no estaba.

-No lleva remitente.

-¿Habrá entrao alguien en la portería sin que me diera cuenta?

-Eso, cuando estaba yo de portero, era imposible que pasara

de todas, todas, estaba siempre ahí ojo avizor.

-¿Y yo cómo estoy?

-No sé, de momento se te ha colao un polizón, tú sabrás.

Anda que...

-Bueno, pues esto ya está, Casilda.

Si me esperas, cierro aquí y me subo contigo.

-Sí, pero apúrate que mi señora ya estará dando voces.

Y cuando termine la merienda, ¿me acompañas a la iglesia?

-¿A la iglesia, pa qué? -Le prometí

al párroco que quitaría las flores secas del altar

y que lo tendría to listo y limpio pa cuando él volviera de Toledo.

-¿El párroco está en Toledo, Casilda?

-Pues sí, "ende" amanecía. Volverá por la tarde, a última hora.

-Casilda, ¿tú estás segura de eso?

-Pa chasco que sí, como que yo misma le he visto salir.

Tenía que resolver unos asuntos familiares allí en Toledo.

De hecho, no ha dao ni misa.

¿Estás bien? ¿Te pasa algo?

(Llaman a la puerta)

¿Arantxa? ¿Dónde está esta mujer?

Muy buenas. -Buenas, espero no molestarla.

-Uy, claro que no.

Aprovecho para darle las gracias de nuevo por ayudar a mi Cinta

salvándola de las garras sucias del sinvergüenza de Victoriano. Pase.

-Hice lo que habría hecho cualquiera.

-Ay, no lo tenga usted tan claro.

Siéntese, si es tan amable.

Dígame, ¿qué le trae por aquí? -¿No está su hija Cinta?

Espero que se encuentre bien. -Uy, está perfectamente.

La tengo metida en su cuarto, estudiando, que buena falta le hace.

¿Y bien?

¿En qué puedo ayudarle?

-Verá, no sé si ha recibido la invitación,

pero estoy organizando unas sesiones de baile en el Nuevo Siglo XX.

-Lo hemos recibido, sí, un afiche precioso y muy bonito.

-Los dibujó mi hermana.

-Más bonitos me parecen entonces.

-Al no recibir respuesta por su parte

y tratándose ustedes de vecinos tan importantes, he decidido

venir para que confirmen asistencia.

Me ha parecido oír que teníamos visita.

Vaya,...

qué oído más fino tienes cuando te interesa.

Cuando te llamo yo para que me acompañes en la misa

no vienes con tanto brío. -Me alegra saber

que está bien.

-Venía don Emilio a hablarnos de las sesiones de baile en el restaurante.

-Sin el "don", se lo ruego.

Espero verla a usted allí.

-El caso es que no lo creo, si le soy sincera.

-¿Que no, por qué no?

Si se trata de unas sesiones de lo más elegante.

Sí, pero no hay manera de convencerla.

Pese a que el estilo de música no es de mi agrado,

estoy segura que su madre no le permitiría a usted otra cosa

que no fuera algo con... clase y decencia.

-¿Entonces?

-La verdad es que no creo que sea bueno para la reputación de mi Cinta

después de lo que le pasó con ese hombre.

-Si me permite la osadía, creo que todo lo contrario.

Verá, a las sesiones asistirán los jóvenes más formales

de la ciudad. Si quiere casar a su hija,

es el lugar apropiado para que encuentre pretendiente.

-Bueno, la verdad es que no lo había pensado de esa manera.

-Piénselo,... sería un honor que vinieran ustedes.

-Por lo pronto le aseguro que iré a ver el ambiente, luego decidiré.

-Con eso quedo satisfecho.

-Gracias. Le acompaño, si es tan amable.

-¿Qué, ya has devuelto el dinero del cepillo?

-Sí. He tenío que esperar a que viniera el cura, pero ya está hecho.

-Pues maldito seas. -¿Encima te enfadas?

-Pues claro que me enfado. Ese dinero es nuestro, Jacinto.

Es del pueblo.

-¿Quieres dejar ya ese tema? Le he tenío que pedir perdón

y explicarle lo tuyo pa que no fuera a los guardias.

¿Sabes qué me ha dicho? -Si me lo vas a contar igual.

-Dice que cree que tienes una posesión demoniaca.

-¿Que qué?

-"¿Que qué?". Pos eso.

Y quería llamar a un exorcista pa sacarte el demonio.

-Ese sí que es un demonio. -Calla, no digas eso.

Le he convencío pa que no llame al exorcista, pero si sigues así,

te veo cubierta de tripas calientes y de sangre,

que es lo que te echan cuando quieren sacarte a Belcebú de dentro.

-Que yo no tengo a Belcebú dentro, que lo que tengo es mucha hartura

con la Iglesia y con esos sinvergüenzas.

-Marcelina,... -Lo que no entiendo

es cómo no te das cuenta. -¿Quieres dejar ya esa cantinela?

-No la dejo hasta que no abras los ojos.

Esa gente de la Iglesia son gentuza,

os tien comido el seso.

-Marcelina, deja ya el tema.

-¡Buah!

-¡Abajo la iglesia, muerte a los curas!

¡Prefiero ser un simio que un obispo!

-Cállate, por amor de Dios. -Que Dios no existe.

¡Dios es una invención de todos esos sinvergüenzas!

(GRITA)

¡Jacinto! ¡Hay que quemar las iglesias!

¡Meapilas!

-¿Dónde se habrá metido Casilda?

Como la mando a comprar exquisiteces... Estará al llegar.

Aquí está.

Enseguida vuelvo.

-Tranquila, ya verás como no es na. -¿Dónde os habéis metido las dos?

¿Y tú qué, dónde estabas?

Por favor, las señoras ya están aquí.

Aligera y saca la comida de inmediato.

-Sí, sí, perdone, voy como una saeta.

-Ha sío culpa mía, no regañe a la Casilda,

que Antoñito tenía un compromiso de última hora y he tenío que cerrar yo

y, ya que estábamos, me ha ayudao. -Lo importante es que estáis aquí.

¿Cuándo vas a aprender que eres la señora de Palacios?

No entres por la puerta de servicio. Ay.

Pues aquí está Lolita.

Y enseguida, Casilda sirve la merienda.

-Sí, porque a eso habíamos venido, creo yo.

-¿Tienes algo más que hacer que pasarle un paño a tus santos?

-Bueno, no regañen por mi culpa,

que he sío yo la que ha retrasao a la Casilda. Buenas tardes.

-Buenas tardes. -Sentémonos.

-Doña Genoveva, bienvenía a nuestras meriendas.

Me alegro de que se una a partir de ahora.

Gracias a ustedes por invitarme. -Antes de nada, quería decir algo.

En nombre de todas nosotras,

quería disculparme por lo sucedido con don Samuel.

Todos los vecinos lamentamos profundamente

los acontecimientos de ese triste día.

Lo pasado, pasado está.

Yo ahora quiero retomar mi vida

y he decidido hacerlo aquí.

Así que les agradecería que no volviéramos

a mencionar este asunto.

Si así lo desea, así lo haremos.

Sí, lo deseo,...

quiero empezar de cero

una nueva vida. Bien dicho.

Borrón y cuenta nueva.

-Dulce y salao aquí traigo.

Pa tos los gustos. -Uy,

ese choricito tan rico que veo ahí,

digo yo que vendrá acompañado de un buen fino.

-Pa chasco que sí,

la duda ofende, doña Bellita.

Mire, que una ha llegao tarde, pero ha llegao bien prepará.

-Yo soy más de café y algo dulce a esta hora de la tarde.

-Lo mismo que yo, pero para gustos están los colores.

-Bueno,...

y hablando de empezar desde cero,...

no ha perdido usted el tiempo, parece que su esposo

es un hombre de posibles.

Es socio fundador del Banco Americano.

Eso suena muy interesante.

¿No tendrá por casualidad algún hijo de la edad de mi Cinta?

No. -¿Y dónde se conocieron ustedes?

Hace ya algunos años, en Toulouse, en una fiesta.

-¿Una fiesta? ¿Qué tipo de fiesta?

Hace ya tanto tiempo, que ni lo recuerdo.

Eh...

Mantuvimos el contacto y hace poco volvimos a hablar.

Ya saben lo que dice el refrán:

"Ande hubo fuego, quedan brasas".

Tiene usted un hombre de lo más elegantón.

-No me lo tome a mal, pero también parece mayor que usted.

Lo es. -Sí, bastante mayor.

Creo que nos llevamos lo mismo que usted y su esposo.

¿Usted cree? Algo menos,

diría yo,

pero coincidirá conmigo en que el amor lo puede todo.

Sí, por supuesto.

Cuando les conocí, me parecieron ustedes muy valientes.

¿Valientes?

Pasearse por la calle ignorando las habladurías

sobre la edad.

Lo cierto es que no es habitual ver matrimonios

en los que la mayor sea ella.

¿No creen?

-Sí.

Supongo que es más habitual al revés.

-Casilda, los bollos.

-Sí.

-¿Gustan?

Por favor.

¿Y bien? ¿Cómo lo ves todo?

Si opinas eso, entiendo que asistirás al baile.

-(NIEGA)

¿Por qué no?

No puedes hacer como siempre y encerrarte en tu habitación.

Yo estaré cerca en todo momento.

No tienes de qué preocuparte, ¿me oyes?

Además, los jóvenes que van a venir son educados y simpáticos,

ya lo verás.

Nunca dejaría que te pasara nada.

¿Confías en mí?

-(ASIENTE)

Rápido, que está empezando a llegar la gente.

Ve y ofréceles unas bebidas.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes. Pasen, por favor.

-Hombre.

Dichosos los ojos que te ven.

-¿Qué te pasa? -Mucho has tardao en el asunto ese

tuyo con el párroco. -Sí, es que el hombre

tenía un lío terrible con las cuentas.

-¿Y tan importante era el asunto que no podía esperar

a que tú cerraras la mantequería?

-Es que quería devolver el dinero a la diócesis, no quería retrasarse,

pero ¿tú qué, qué tal la merienda? -¿Y qué, lo ha devuelto ya?

-Sí, supongo que sí.

-Pos tú me dirás cómo, Antoñito, porque el párroco

lleva to el día en Toledo arreglando un asunto familiar.

-¿Eh?

-Embustero, que no estabas con el párroco.

-Que sí estaba con él. -Y yo soy la reina de Saba.

Antoñito dime dónde estabas o te arreo.

¿No tendrás un lío de faldas?

Antonio Palacios, ¿estás con otra mujer?

-Lolita, no digas tonterías,

que te estás volviendo loca. -Pues sí,

así que dime dónde estabas. -De acuerdo, te lo digo.

-Venga, aligera, que estoy empezando a perder los nervios, hombre.

-He ido a ver al inspector.

-¿Pa qué?

-Para ofrecerle dinero a cambio de que...

me libere del servicio militar.

-Antonio, ¿has chantajeao al inspector?

Muy bien.

-Les doy la bienvenida a todos

a las sesiones de baile del Nuevo Siglo XX.

Con su entrada tienen ustedes incluida una bebida,

pero la barra estará a su disposición

para que sigan con la fiesta.

Disfruten y diviértanse.

Así que, que comience el baile.

(Música)

Arantxa. -Hola, Emilio.

-¿Y los Domínguez? -Doña Bellita

ha tenido que acudir a la merienda en casa de doña Rosina,

y no quería dejar que Cinta acudiera sola.

-Entiendo.

-Yo he venido a echar un vistazo,

que es lo que me ha mandado la señora.

-Pase entonces. -Gracias.

Perdone, perdón. La manita, arriba,

que no baje.

Uy.

Aire, que corra el aire por medio, pa no sudar.

No, no, esto es solo pa los caballeros.

Las señoritas, agua tienen que tomar.

-Ya está aquí.

Ahora debes cumplir con tu parte del pacto.

No, todavía no ha llegado.

¿Quién lo ha traído?

Lo ha subido el portero hace un rato.

-Enfadada no, Antoñito, estoy...

furiosa. ¿Cómo se te ocurre intentar sobornar

al inspector militar?

-He intentado hacer lo mejor para mi familia.

-¿Qué es eso de tanta enjundia que me quieres decir?

-He hablado con Osvaldo, allá en la Argentina.

-Razones tenía para preocuparme.

-Lo mismo has dao con el remedio de los males de tu esposa.

Sí, vamos a ver, si está así por un golpe,

quizá otro golpe sea la solución.

-Doña Susana ha convencido a doña Felicia

para que acceda a entrevistarla.

-El vociferio de ayer resultó ser un escándalo.

O metes en vereda a tu esposa o tendré que exigir a los vecinos

que te despidan como portero.

-Agustina, la que me preocupa ahora eres tú.

-¿Yo?

¿Por qué, señor?

-Últimamente te veo más cansada de lo habitual.

¿Te encuentras bien?

-Ay, Jacinto, estás mu raro.

-Eres... una mujer lista,

sabes de sobra lo que te conviene.

No me falles.

-Tengo que atender a mis invitados.

¿Acaso no soy yo también una invitada?

Tiene usted toda la razón, espero que pueda perdonar mi falta y...

que me conceda este baile.

Tata,... ¿puedo?

-Anoche me dejó preocupado.

-Yo también lo estaba ante la posibilidad

de que ese tal Cristóbal estuviera aquí.

He pedido información a la policía.

-¿Y qué le han dicho?

No hable más.

-"Aguarden aquí,"

he quedado con ese canalla de Antonio Palacios en la mantequería.

Cuando me dé el dinero del soborno,

lo llevaremos preso.

Precisaré de unos minutos dentro de la mantequería

para daros la orden de entrar y detenerlo.

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  • Capítulo 1009

Acacias 38 - Capítulo 1009

10 may 2019

Cinta se entera de que Emilio ha organizado un baile en el restaurante, pero Bellita se opone a que asista. El joven intenta convencer a la señora sin resultados.
Marcelina organiza un convite para los criados en el altillo. Jacinto descubre que ha sido su mujer la que robó el cepillo y devuelve el dinero a la iglesia para evitar que la cosa vaya a mayores.
Antoñito tiene un plan librarse del servicio militar y acude a una cita a espaldas de su mujer, va a sobornar al inspector militar.
Genoveva hace las paces con Lolita, mientras alguien las espía. Genoveva se abre por primera vez con las señoras en una merienda organizada por Rosina. Al llegar a su casa Alfredo le da una misiva que hace palidecer a la señora.

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  1. Santi

    @ Mabi, creo que no eres de España y es muy posible que no estes amiliarizada con el termino "Duende": ¿Tener duende¿, es una frase que hace alusión a un estado elevado de expresión, emoción, autenticidad y tener alma sobre algo. Está relacionado generalmente con el flamenco. Se dice que el duende es el espíritu de la evocación, viene de adentro como una respuesta física y emocional al arte. No es nada extrao que un local que se dedica al flamenco lleve la palabra Duende por nombre

    pasado martes
  2. Olga. Ines

    Hola ,soy de BsAs. ¿.hay alguna explicación sobre por qué RTVE LLEGA SIN SONIDO ? Sigo Acacias 38 por mi iPad y hace ya un mes que puedo ver algunos capítulos por YouTube.Ahora también pr YouTube no se puede ver los capítulos no terminan de cargarse ¿Podrían ser tan amables de mandar una contestación? Somos muchas las personas que seguimos esta tira Gracias

    pasado martes
  3. Mabi

    Dios mío!!! Marcelina blasfemando contra la Iglesia, los curas y compañía!!! Yo la aplaudo, y no por atea o ereje, si no porque en nombre de Dios y la Santa Iglesia así les fue a unos cuántos en Acacias!!! Como festejaba Lolita con sus sonrisa lo que le dije cía Genoveva a Rosina!!! Y la " ocultadora de su pasado " " doña Felicia, haciéndose miradas con Susana, no si ahí, en esa merienda la que no corre, vuela, exceptuando a Lolita y Casilda, lo que sí me gusto de Rosina es que ya considera Señora a Lolita al recomendarle que no entre más por la puerta de servicio, ésta vez un poroto para ella ( aclaró que lo del poroto, es porque aquí en Argentina jugamos al Truco con cartas españolas y los punos se anotan con ellos)

    pasado lunes
  4. Mabi

    Sábado 11 de Mayo he visto por tve internacional la película biográfica de Rocío Jurado, y en uno de los primeros lugares en los que demostró su arte se llamaba " EL DUENDE", imagino que los guionistas han hecho un guiño homenaje a la artista de Chipriona al incluir el nombre del lugar en donde conquistó la fama " La Dama del misterio ". Las caras de Arantxa en el " salón de baile, impagables, ahora... que una criada vaya a decirle a los concurrentes como comportarse... fuera de lugar...

    12 may 2019
  5. Pilar Méndez

    Maleducados los que no agradecen el que les haya aclarado los motivos por los cuales Marc Parejo llevaba un parche en el ojo.

    12 may 2019
  6. Acaciera

    Felicitas: Perder el majin significa "perder la cabeza".

    11 may 2019
  7. Felicitas

    Por favor, alguien me explique que significa " perder el majín "; en Google no lo encontré y me intriga. Muchas gracias

    11 may 2019
  8. Marcela

    Rosina ( sic ): " que prisa tienes Susana ¿ tienes algo mejor que hacer que pasarle un paño a tus santos " ?.- y la referencia de Genoveva respecto a las edades de las parejas, knock out para Rosina, JAJAJAJA

    11 may 2019
  9. Marilu

    Mal por Carmen, bien podría haber puesto en su lugar a la beatona y lenguaraz Susana y sin necesidad de faltarle el respeto ya que Carmen ES UNA SEÑORA, educada, mal que le pese a Susana ( y a Antoñito ) ;le hubiera preguntado por ejemplo por su opinión acerca del romance entre Antoñito, de "alta alcurnia " y Lolita, una " sierva " y también recordarle la relación terminada en matrimonio de Elvira, hija de un Coronel y Simon, su hijo que no era otra cosa que un sirviente, aunque usara guantes blancos.- Estoy indignada con el trato de los guionistas hacia el personaje de Carmen, entre Susana y Antoñito denostándola por su condición de criada, hasta el mismo Ramón, que a mi me transmite frialdad respecto a su relación con ella,por mas lindas palabras que le dirija, sus actitudes son de un hombre poco convencido de sus sentimientos Y/: O COBARDE; tanto sus empalagosas palabras a Carmen como sus retos y reproches a Antoñito me parecen " mucho ruido t pocas nueces "

    10 may 2019
  10. Victoria

    Desde que se fue Telmo y se murió Lucia, ya se ha convertido en una serie sin intriga y sosa. Eran los mejores artistas. Si esto no mejora decaerá la audencia

    10 may 2019