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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1008 - ver ahora
Transcripción completa

Que se cumpla nuestro acuerdo y salgamos ganando

es mi único anhelo.

Confía en él.

-Pero esperemos que terminen por aceptarte,

que hagamos las paces y que no tenga que marcharse a África.

Está mu rara. -¿Por el golpe?

Antes de salir, ha buscado los crucifijos y estampitas de santos.

-¿Iba a rezar? Meterlos en una bolsa.

Me temo que iba a tirarlos.

Vamos a empezar a estudiar los ríos vascos.

Tata, no me fastidies.

No sale nadie de aquí hasta las 11.

-¿Tú sabías algo de su relación con Carmen?

Solo sé que, aunque el tiro saliera por la culata con el inspector,

tu padre intentó echar una mano.

-Al cuello.

-¿No vas a hacer las paces con él?

-Cuando vuelva de la guerra, si todavía estoy vivo...

-Entonces, se conocen desde hace poco.

Seré sincero, nos conocemos de hace años.

Solo que nunca estuvo libre para aceptar mis proposiciones.

Hasta ahora, que he tenido suerte.

Me han informado los compañeros, que gracias al altercado,

están siguiendo al tal Victoriano.

Parece que está relacionado con el dinero falso.

-Le voy a decir algo, me da lo mismo,

para mí, lo más importante es que no hiciera daño a Cinta.

-¡Aquí se defiende el estado laico

y los principios de la Tercera República Francesa!

-Ya veremos cuánto te dura abierto.

-¡Uy! Te arrepentirás de lo que has dicho.

-Y también queremos pedirle disculpas

por no haberle prestado a Samuel la ayuda que nos solicitó.

No supimos estar a la altura de su amistad.

Es un tema del pasado que trato de no recordar.

Llego agotada.

Además,... no me encuentro bien últimamente,

nada grave,...

solo mal cuerpo.

Debería ir a ver un médico.

No sabe cuánto celebro que... volvamos a ser amigos,...

charlar con usted,...

lo necesitaba.

-Y yo.

-La policía ha soltado a don Hipólito Pastrana.

-Se han dado cuenta que él no tiene nada que ver.

Era Victoriano el culpable, ¿no?

Iré a hablar con don Hipólito,

que lo mismo quiere que actúe en su local.

He oído hablar de Cristóbal.

¿Y bien?

Sé que es peligroso

y que podría estar relacionado con la muerte de su esposo.

¿Qué sabe de él?

Le ruego que no toquemos ese tema, para mí es muy doloroso.

No quiero importunarla,

pero es muy importante que recuerde los detalles.

Todo lo que sé, se lo he contado a la policía.

Tal vez se le haya pasado algún detalle.

Si hubiera recordado algo, correría a ponerles al corriente.

No tengo duda de ello, pero ¿no puede contarme nada más?

Solo puedo decirle que está hablando del asesinato

de mi esposo,

si ese tal Cristóbal está implicado,

espero que sea detenido.

Lo espero y lo exijo.

No me cabe duda de su sinceridad.

No la molesto más.

Con Dios. Espere un segundo.

Dígame.

Tengo la sensación de que ha esperado

a que Alfredo no estuviera en casa para hablar conmigo.

Me temo que se equivoca.

(Puerta)

-Don Felipe, que sorpresa encontrarle en mi casa.

¿A qué se debe su visita?

-Nada de importancia, soy muy descuidado

y pensaba que me había dejado aquí mi bufanda.

Así es, desgraciadamente no está.

Ha debido perderla en otro lugar.

Visitarles no es ninguna molestia. Pero marcho, no les molesto más.

No son horas de andar en casa ajena.

-Le acompaño a la puerta.

-Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Ni un día de descanso se ha podido coger?

-El restaurante es muy exigente,

no puedo dejar solas a mi madre y a mi hermana.

-Tiene que estar agotado.

-Bueno, al parecer, tengo yo mejor aspecto que usted.

Se le ve bastante cansado.

-Es desazón, últimamente parece que todo se me viene encima.

-Antonio.

Me ha dicho Servando que andabas buscándome.

-Así, es, padre, no podemos seguir así.

-Bueno, me voy a recoger dentro, que tengo mesas que levantar.

Si me disculpan.

-Quería pedirle disculpas por hablarle como lo hice.

-Acepto tus disculpas, pero no son formas de tratar a un padre.

-Compréndalo, la faena que me ha hecho es bien gorda.

-¿Piensas que no me preocupo por tu seguridad?

-No, solo que creo que su amorío con Carmen

podría haber aparecido más tarde.

-Lo que hay entre Carmen y yo no se puede tratar como un amorío,

es una relación de lo más seria y lo más sentida.

-No merece la pena seguir discutiendo, le pido disculpas.

-Tienes razón, templemos los ánimos.

Tengo que confesarte que estoy muy dolido por cómo me trataste.

Tú reacción fue desproporcionada y no me mostraste mucho respeto.

-Está en juego mi futuro, puede que incluso mi vida.

-Sé bien los riesgos que correrías si finalmente vas al ejército,

pero yo lo único que he hecho ha sido desvivirme por ayudarte.

-Lástima que no haya salido tan bien como pretendía.

-Si todo ha salido mal, ha sido por pura mala suerte.

-No, no del todo.

-¿Qué quieres decir?

-Por un lado, agradezco sus buenas intenciones,

pero se podía haber esperado un poco para pregonar lo de Carmen.

-Yo no he pregonado nada.

-Pues se ha enterado hasta el inspector.

Le digo que podía haber sido más discreto.

-A mis años, no tengo que darle explicaciones a nadie.

-¿Ni siquiera a su hijo? -Estás siendo otra vez insolente

y no es tolerable.

-Tampoco lo es engañar a su familia para ir detrás de unas faldas.

-Te exijo una disculpa inmediatamente.

-No he dicho nada que no sea cierto.

-Eres un cabezota, si no eres capaz de admitir tus errores,

¿para qué me has llamado?

-Es mejor que no sigamos hablando. Ya resolveré yo solo mis problemas.

-Pues así será.

-Que le vaya muy bien. -A ti también.

¿No podría dejarme pasar a un cuarto, asearme y dormir un rato?

-¿No puede pasarse por su casa?

-Sí, pero no me daría tiempo a dormir ni un segundo.

He terminado mi servicio

y tengo que sustituir al guardia que está en el barrio,

el pobre ha caído enfermo. -Me hago cargo,

pero no queda habitación libre,

la que había, la ha ocupado Úrsula.

-Aunque sea, apoyarme en la mesa y descansar.

-Por mí, bien,

pero no va a pegar ojo con el ruido que hay por aquí.

-Yo, estando bajo cubierto,

duermo como un tronco. -Como quiera.

Esperemos que no se entere nadie.

Doña Rosina se ha quejado de que Úrsula tenga un cuarto

y, está muy serio el asunto de quién entra o no entra en el altillo.

-Entonces,

déjelo, no quiero meterla en un follón.

Hablaré con Regina, la criada del 34,

a ver si puedo quedarme un rato en su altillo.

-Le agradezco que no se lo tome a mal y busque otro sitio,

estoy muy cansada como para andar recibiendo quejas.

-¿Cansada a estas horas? Apenas acaba de amanecer.

¿No estará enferma?

-Mi enfermedad son los años,

que empiezan a ser muchos, y eso no tiene cura.

No se apure por mí y vaya a descansar al 34,

yo luego le subo un café y unas tostada

para que se reponga. -No me vendrá mal,

el día se presenta largo.

Con Dios.

-Buenos días, Agustina.

Le traigo este bizcocho pa que se lo prepare a las criadas.

-Es usted oro molido.

Se lo van a agradecer las muchachas,

que es mucho mejor trabajar con la tripa llena.

Uy,...

esto huele de maravilla.

-Agustina, ¿dónde está Úrsula,

no le ayuda con la hornilla?

-Se ha marchado antes de que despuntara el día.

Sigue buscando colocación.

-Le ayudo yo.

Esa mujer no pue seguir así,

recogía en el altillo sin oficio ni beneficio.

-La verdad es que a la susodicha le ha pasado de todo,

de ser criada de postín,

pasó a señora y luego otra vez criada,

y, a la postre, va a terminar durmiendo al sereno.

-Y esta no es la primera vez,

que de no ser por don Telmo, llevaría muchos tiempo en el arroyo.

-La vida, que no cesa de darnos sorpresas.

-Yo no sé qué pensar de to esto.

Pa mí que Úrsula no cuenta de la misa la media,

algo más ha tenío que pasar pa que don Telmo no se la haya llevao.

-¿Por qué habría de mentirnos?

-Porque es muy orgullosa, por eso mismo no encuentra empleo.

-Cómo no intervengamos nosotras, esto va a tener muy mal final.

-Escuche,

he sabío que en el restaurante andan flojos de personal,

si pudiéramos camelarnos a alguien para que intercediera

con doña Felicia, lo mismo la contrataba.

-¿Está pensando en Emilio o en Camino?

-En ellos y en otra persona,

pero ya le digo que no me será fácil.

¿Tiene un momento, Felicia? -No mucho.

Ayer, Alfredo y su sobrino terminaron a las tantas de cenar

y ando de cabeza.

-¿Cenó mi sobrino con el nuevo inquilino del 38?

-Parece que han hecho buenas migas.

-No me parece mal, Bryce es un hombre influyente

y, Liberto necesita un amigo,

le afectó mucho la muerte de Samuel. -Si Alfredo es bueno para Genoveva,

no veo por qué no iba a serlo para su sobrino.

-Eso mismo pienso yo.

-Me pasma la capacidad que tiene esa mujer de seguir adelante

como si nada hubiera ocurrido. -Y a mí,

pero será que necesita empezar de cero,

dejar atrás los errores que provocaron el deceso de Samuel.

-Sí, pero no deja de ser sorprendente que haya regresado

sin más, y haga borrón y cuenta nueva.

-Es cierto, pero...

no es la misma, es distinta, como más formal, más señora.

Ya no es esa muchacha alocada y rebelde que trajo Samuel.

-Normal, la vida con sus golpes nos va cambiando.

-A Genoveva no le queda otra que resguardarse en su matrimonio

y vivir como una mujer decente.

Dios enseña sin palos ni piedras.

-Eso es una gran verdad.

Me pasaría toda la mañana hablando con usted,

pero el trabajo me reclama. -Aguarde un segundo,

no le he dicho lo que quería.

-Usted dirá.

-He recibido una nota de Bellita invitándome a merendar a su casa.

-Sí, yo también la he recibido. -¿Piensa ir?

-Haré un poder, pero no puedo asegurárselo,

depende del trabajo que tengamos, y le aseguro que no es poco.

-¿Ha sabido algo nuevo sobre Ramón y Carmen?

-He estado atenta a lo que me dijo,

pero no he visto nada digno de mención.

-Doña Felicia, señoras.

Quería reservar una mesa para cuatro huéspedes.

-Está bien, cuente con ello.

-Un momento, Servando. ¿Cómo os va con Carmen de empleada?

-Pues bien, es una mujer de lo más dispuesta.

Ya la conocen.

-Me extraña que no se haya ido a vivir con su hijo,

ya va teniendo una edad. -Eso no lo sé.

Cada uno puede hacer lo que le plazca,

sus razones tendrá.

-¿Cuáles serán esas razones?

-Yo, en esas cosas estoy en la inopia, señora.

-Lo mismo es que anda en amores con algún caballero,

don Ramón, por ejemplo.

-Por Dios, qué disparate.

¿De dónde saca usted ese dislate?

-Es lo que se oye por ahí.

-Eso es un bulo de gente aburrida que habla por no callar.

-Cuando el río suena, agua lleva. -No lo creo,

más bien, me da que es la invención de alguien con muy mala baba.

Señoras, abur.

-Este no sabe nada. -O se lo está callando,

que Servando es muy cuco.

Ponme una lata de aceite.

-Ya voy, que solo tengo dos manos. Espere que le sirva el queso.

-Si no fuera por su simpatía, me iba a comprar a otra tienda.

Menudos humos que te gastas,

ya podrías alegrar esa cara.

-Si quiere reír, se va al circo a ver los payasos.

-Templa, mujer, que a este paso te quedas sin clientela.

Hay que recibir al público con buena cara.

-Bastante tengo con comprar buen género y venderlo barato,

como para encima reír las gracias.

Tú verás, pero estás cogiendo mal camino

y si te lo digo, es por amistad, no por andar jeringando.

-Perdone, Fabiana, perdóneme,

que ya no sé ni lo que me digo.

Con lo del servicio militar de mi Antoñito, ando descompuesta.

-No es baladí el asunto,

pero tienes que intentar sobreponerte,

has de ver como todo va a salir de dulce.

-Pa mí que no, que lo tenemos to perdío.

Ya verá como mi marío se va, hagamos lo que hagamos.

-Ya lo tengo, he estado mirando el reglamento militar

de arriba abajo, y he descubierto que quedan exentos

aquellos que miden menos de uno cincuenta

y los que pesan menos de 48 kilos.

-Vaya noticia.

Tú no eres un adonis, pero mides más de eso.

-Y aunque esté flaco, no está tan esmirriao.

-Medir menos no puedo, a no ser que me corte las piernas.

-Menudo apaño ese, casi que te prefiero en la guerra.

-Pero sí puedo pesar menos,

solo tengo que dejar de comer. Ya me he saltado el desayuno.

-Menudo disparate, si deja de comer, puede coger la tisis o algo malo.

-Como el tío Cosme, que acostumbró a la burra a no comer,

y cuando lo consiguió, el animal se murió.

-Sí voy a comer, solo pan y agua, lo justo para no entregar la pelleja.

-Te vas a quedar esmirriao.

-Haré lo que sea para no separarme de ti.

-Yo no quiero que te marches,

pero eso que dices es una tontá bien gorda.

No vas a perder los kilos antes de que te llamen a filas.

-También puedo meterme a cura,

por un tiempo... o cortarme los dedos,

¿quién querrá un soldado que no puede disparar?

He pensado en hacerme pasar por tonto de baba.

Esos, se libran todos.

-Con las tontás que estás diciendo,

es la única excusa que podría colarle al inspector.

Dicen, que dentro de unos años, se podrá ir volando de aquí a América,

diez o doce personas por catre, y no se tardará ni un día.

-Pamplinas, no hay aparato que aguante tanto peso en el aire.

Desde luego, conmigo que no cuenten.

Cesáreo, parece que le aburre nuestra charla.

-No es eso,

es que solo he dormido media hora en el altillo del 34,

y estoy más muerto que vivo.

A ver si me sustituyen, o haré la ronda sonámbulo.

-Es usted un blando,

la mitad de las veces que le veo está planchando la oreja

en el banco de la pérgola.

-Yo creo que duerme más de lo que faena.

-Eso son infundios, si estoy en el banco, es para vigilar mejor

y para darle cuerda a mi reloj,

instrumento indispensable.

-Claro, pero mire, siempre que le he visto dándole cuerda al reloj,

estaba con los ojos cerraos y roncando.

-Habrás confundido toses con ronquidos,

si cierro los ojos es para meditar.

-A las buenas. -¿Cómo anda la Marcelina, primo?

-Vengo del hospital de visitar al médico pa ver qué le pasa.

-¿Dónde está ella? No me digas que la han ingresao.

-Se ha quedao rezagada hablando con una conocía.

¿Qué les ha dicho el médico?

-El porrazo que se dio en la sesera

le ha trastocao el entendimiento.

-¡Madre mía, qué cosa más rara! -No te creas, prima,

en el pueblo tenía un carnero que cuando se peleaba por las hembras,

se metía tales testarazos, que después de la lucha, perdía su ser.

-¿Y eso cómo se sabe?

-Pues porque, en vez de balar, rebuznaba. Una cosa digna de ver.

-Me cuesta creer esa historia. -Pues mi mujer igual,

que antes era pía y respetuosa como ninguna,

y ahora habla como una hereje.

-Habéis tenido suerte, primo. Gracias que los tiempos han cambiao,

hace unos años cogen a tu mujer diciendo eso,

y la queman en la hoguera.

-¿Qué remedio os han dao para tan terrible mal?

-Parece que no hay.

Esperar a ver si se le pasa, pero yo estoy preocupao.

-No es para menos.

-Tendrían que haber oído las cosas que salían de su boca

contra la Iglesia y tos los santos. Los curas estaban pasmaos...

y las monjitas estremecías,

una se ha dislocao la muñeca de tanto hacerse cruces.

Hasta nos han prohibido la entrada al hospital.

¿Y qué vais a hacer? -Han dicho que se quede en cama.

-Claro, pa que repose.

-No, pa que no ofenda al personal con sus desvaríos.

-No será para tanto. -(ASIENTE)

-¿Marcelina, prima, cómo estás?

-¿Y a ti que te importa, meapilas?

¿Pa qué llevas esa virgen? ¡Ah!

¿Pa presumir?

¿Os creéis mejores por oír las pamplinas que dice el cura?

Vaya panda de hipócritas y majaderos.

Oídme bien:

¡ni Dios existe ni la Iglesia vale pa na!

¡Jacinto, suéltame, que tengo que hablar con tu prima!

-Mujer, no te sofoques y vamos a casa.

¡Pero no muerdas!

-Pues sí que es para tanto. Parece endemoniada.

Ay, estás ahí.

Mira lo que te ha traído tu madre. Madre, no necesito nada.

Ábrelo, a ver qué te parece.

Me dirás que no es divina la blusa que te he comprado,

vas a ir más bonita que una princesa mora.

Sí, quedará muy bonita colgada en mi armario.

¿No piensas ponértela?

¿Para qué? ¿Para pasearme por la casa?

No me deja salir a la calle. No lo he olvidado,

pero hoy vienen las vecinas a merendar, puedes lucirla con ellas.

No pienso estar con ustedes, tengo cosas que hacer.

Hija, no saques los pies del tiesto,

por supuesto que puedes salir a la calle.

¿Está usted segura?

Claro que lo estoy,

puedes salir, siempre que sea con Arantxa y conmigo.

Para eso prefiero quedarme aquí sufriendo.

¿Sufriendo?

¿Acaso te tratamos mal? ¿Somos unos monstruos?

¿De verdad quiere que le conteste?

-Haya paz, que se os escucha de gresca desde la escalera.

-No puede ser de otra forma, Jose, con la niña tan díscola

que Dios nos ha dado.

Déjeme salir, verá que pocos problemas le doy.

-Tengamos la fiesta en paz,

con lo bonito que es ver a la familia unida,

disfrutado del calor del hogar y del cariño.

Con todo el amor que hay en esta casa,

no se pude ser más que feliz. ¿Aquí? Se ha equivocado de piso.

-¿Qué trae el correo? -¿El correo?

Proveedor, proveedor, otro que quiere dinero...

Hombre, una carta de don Hipólito Pastrana.

Uy, uy, uy.

-Devuélvele esa carta a tu padre.

-Déjala, ya la está leyendo. ¿Qué dice don Hipólito?

Dice que va a abrir otra vez el cafetín

y, que quiere que la Dama del Misterio actúe la primera noche.

Ni se te pase por la imaginación. Pero madre...

No quiero peros, a tu cuarto ahora mismo.

¿Quieres que coma algo?

Ya sé que luego tenemos mucho trabajo,

pero me cuesta probar bocado.

Está bien, haré un poder.

Tienes razón, necesito alimentare.

-¿Qué tiene? Le veo muy taciturno.

-Es posible, me pesa el disgusto que le he dado a mi madre

con mi detención.

-Ya, yo también ando con problemas con mi padre.

-Es que,...

mi madre ha sufrido mucho para sacarnos adelante.

Me dolería que por mi culpa se pusiese en peligro el negocio.

-No creo que suceda eso, tienen el restaurante de bote en bote.

-Pero eso puede cambiar si se comenta que he estado preso.

-No se ponga en lo peor, pronto todo quedará aclarado.

-Ya. Es que,...

los hay que tienen muy malas intenciones.

¿Me está escuchando?

-Discúlpeme, me he quedado embobado mirando el guiso.

-¿Tanta hambre tiene?

Es pronto para comer, pero le puedo pedir una ración.

-No, no, no. Gracias, pero no puedo,

estoy ayunando. -¿Por qué razón?

Que yo sepa, no estamos en cuaresma.

-Es una larga historia que no viene al caso.

Si le preocupan los intereses de su madre,

debería pensar en cómo ganar más dinero.

-No es mala idea, pero no se me ocurre cómo.

-Ya, ni a mí.

No puedo quedarme aquí,

porque si me quedo, me voy a comer el guiso de dos bocados.

Así que, me marcho.

Con Dios. -Con Dios.

(LEE) "Clases de baile".

(SUSPIRA)

-Uy. ¿Quieres una? -No, no.

No.

-¿Me ayudas? -No puedo, cariño, estoy en ayunas.

-A las buenas, Lolita.

Me he enterado por Liberto de lo de tu marido.

Menuda gracia que lo llamen a filas a estas alturas.

-Dígamelo a mí.

-Y qué lástima que tu suegro no pueda hacer nada,

al hombre se le ve muy angustiado.

-A él y a tos,...

que esto es una tragedia familiar. -Es verdad.

¿Tú cómo te encuentras, muchacha?

-Pos mal. Mal. Y como esto ya no tiene solución,

no me queda otra que aguantarme.

-Sí, la verdad es que muy buena pinta no tiene esto.

-Una trata de resignarse, pero...

no me hago a la idea de que se lleven a mi marío a la guerra.

-Ten fe, porque Dios aprieta, pero no ahoga.

-Yo ya estoy con la lengua fuera, Rosina.

Bueno, ¿y usted qué novedades tiene?

-Hay dos cosas que me tienen muy contenta.

-La felicidad, que va por barrios.

-La primera es que me ha escrito mi Leonor

contándome de mis trillizas y de lo bien que están creciendo.

-Me alegro mucho por toas. -Sí.

-¿Y la segunda?

-Que hemos hablado con Genoveva y tengo la conciencia en paz por fin.

Liberto y yo hemos podido disculparnos

por lo sucedido con Samuel. -¿Y cómo se lo ha tomao?

-Mucho mejor de lo que me esperaba.

-Pos me alegro. Me alegro,

porque yo también quiero hablar con ella.

¿Quiere alguna cosita más?

Si quiere comprar algo, he traído unas manzanas que están riquísimas.

-Ah, pues... sí, pero antes,

¿puedo hacerte una pregunta sin que te molestes?

-Sí. Bueno,... según qué sea, a ver.

-¿Hay algo entre tu suegro y Carmen? Según Susana...

-Susana es una metomentodo que no hace más que malmeter.

Perdóneme,

pero si quiere seguir hablando de Genoveva, por mí bien,

de otra cosa prefiero no hablar. -Sí, si de lo de Genoveva

aún hay mucha tela que cortar. -Disculpen que me entrometa.

¿Ha ocurrido algo con Genoveva?

-Nada.

Eso le comentaba a Lolita, que ha vuelto mucho más templada,

tranquila, comprensiva.

Yo creo que su matrimonio le ha venido de perlas.

-Puede, pero a mí to esto me sigue pareciendo mu raro.

-No, lo que pasa es que los dos han encontrado la compañía

que necesitaban en esta vida.

Yo no veo nada extraño en ese matrimonio.

-Me va a volver loca, es una rebelde y una descarada.

Ha salido a ti.

-Sí, sin duda, menos en la belleza y en el salero,

que en eso ha salido a su madre. -Anda, no me seas zalamero

y no me des más jabón,

que no está el horno para bollos. -Bueno, me callo,

pero templa de una vez.

La cosa no es como para rasgarse las vestiduras.

La niña protesta, pero...

pasa por el aro y hace todo lo que le pides.

-Sí,... de eso ya me he dado cuenta.

-¿Y entonces?

¿Qué te tiene tan irritada?

¿No me lo vas a decir?

Otra cosa no seremos, pero fieles y sinceros, hasta la muerte.

Dime qué tienes.

-Me saca de mis casillas que Hipólito no haya pensado en mí

para reabrir el café.

-Pero, lucero mío, si no lo ha hecho es por las perras

que vale contratarte.

Ha tenido el local cerrado un puñado de días, tendrá el bolsillo vacío.

-Cierto, pero...

se podía haber esforzado por darle más relumbre al evento.

-Lástima que la niña no pueda actuar,

esos duros nos vendrían de perlas. -Eso sí que no.

No vamos a dilapidar el futuro de nuestra hija por cuatro pesetas.

-No, es que no son cuatro pesetas, son más.

-He dicho que nones y es que nones. Ay, Virgencita del Carmen,

lo que tiene que aguantar una.

-Fabiana,... me han dicho que me buscabas.

¿De qué se trata? -Le agradezco que haya venido,

doña Susana. ¿Quiere usted tomar algo?

-No, gracias, aquí no.

Al grano, Fabiana, que no tengo todo el día.

-Pues... verá, si le he pedío que viniera, es porque...

quiero pedirle un favor.

Úrsula sigue sin ocupación

y Agustina y yo ya no sabemos qué hacer pa ayudarla.

-Normal, a Úrsula no le va a ser nada fácil encontrar empleo.

-Claro, claro, pero durante los años que estuvo al servicio de doña Lucía

ya limpió bastante su nombre.

-No lo suficiente.

Son muchos los que recuerdan todo lo que hizo entonces.

Entre nosotras,

yo no la tendría en casa.

-Ya, y como usted, piensa mucha gente,

pero es una obligación de los buenos cristianos

ayudarnos los unos a los otros, además de perdonarnos

nuestras faltas.

-Abrevia, Fabiana, ¿adónde quieres llegar?

-Pues verá, Agustina y yo habíamos pensao que lo mismo uste

puede terciar con doña Felicia

pa que contrate a Úrsula en el restaurante.

-Ah, no, eso yo no lo voy a hacer.

-Pero... se lo pido como una obra de caridad, doña Susana.

No podemos dejar a Úrsula a su suerte.

¿Qué le cuesta hacer un poder y decírselo?

-Mucho.

Cuando yo regentaba mi sastrería,...

no soportaba que me vinieran con recomendaciones.

-Pues si no hacemos algo, ella terminará durmiendo en la calle.

-No.

Yo no puedo incomodar a Felicia pidiéndole un favor como ese.

Si Úrsula se ve en ese brete, es porque se lo merece.

-Ni el más revirao debería terminar olvidao

por todos. -No insistas.

-Si no la ha contratado nadie, ¿por qué lo va a hacer Felicia?

-Porque es la única que queda que puede hacerlo.

Mire lo que nos ha pasao con don Samuel.

Por no ayudarle, ahora a todos nos remuerde la conciencia.

Úrsula ha sío muy mala,... créame que sé bien lo que digo,...

pero ya han pasao muchos años... y todos guardamos alguna culpa.

-Está bien, hablaré con Felicia para ver si la contrata,

pero si se niega, yo no voy a insistir ni una pizca.

-Estoy completamente convencida...

de que doña Felicia va a actuar con toda la bondad del mundo.

Me pega a mí que es una mujer pía y de ley.

-Ya se verá.

Con Dios. -Con Dios, con Dios.

-¿Qué, ya le estaba sonsacando sobre don Ramón y la Carmen?

-¿De qué me habla usted, Servando?

-Que está empeñá en que están los dos liaos y está preguntando

a to quisqui por lo que saben.

-¿Qué pasa, pues?

¿No está todo a su gusto, señora?

-Ay, no, está todo perfecto, solo trataba de ayudarte.

-Ah, pues yo le agradezco de corazón, de verdad le digo, pero...

mejor déjeme a mí sola que nos va a cundir bastante más.

-No me explico cómo puedes hacerlo todo tan bien.

-Con mucho trabajo. -Demasiado,

que te tenemos de profesora, de chef, de ama de llaves,

de institutriz, de confesora, de modista,

de mensajera, de jefa de protocolo,

todo en uno. -Como que no sé

qué sería de esta casa sin mí. -Un desastre,

que no creas que no lo hemos pensado.

(Llaman a la puerta)

-Voy.

-Bienvenidas.

-Buenas.

-Bellita,... le pido disculpas

de parte de Lolita, está liada con la tienda y no ha podido subir.

-Me hago cargo.

Los negocios no se pueden dejar al albur mucho tiempo

si no se quieren perder, pero, por favor,

pasen y tomen asiento. -Gracias.

¿No ha invitado a Genoveva? Siendo vecinas, puerta con puerta.

-La he olvidado.

Es por esa costumbre de antes

de no convidarla a nuestras reuniones.

-Después de su boda con el señor Bryce

y de todo lo que ocurrió, deberíamos tratarla como una más.

-Ahora me siento mal de no haberla invitado.

-No se preocupe: mañana merendamos en mi casa,

la invito y me encargo de enmendar este olvido.

-Me parece muy atinado, Rosina.

-¿Y cómo se encuentra su hijo, Felicia?

Le estoy muy agradecida de cómo se comportó

defendiendo a mi hija. -Se dice que atacó a Victoriano

como si fuera un tigre, que empleó una furia desproporcionada,

que casi lo mata. -Sí.

Qué pena no haberlo visto, todo el barrio comenta el suceso.

-No es para darle tanto bombo.

-Uy, ¿cómo que no?

Tiene que estar muy orgullosa de él.

Gracias a su hijo, se destapó que Victoriano

era falsificador de dinero.

-Sí, si fue un gesto noble,

pero no me gusta que mi familia esté en boca de nadie.

-Si es por algo bueno.

-Menudo tipejo, el tal Victoriano,

espero que lo metan en prisión para los restos.

-Y tanto, que no merece otra cosa.

-Bellita, ¿y su hija no merienda con nosotras?

-Eh... no.

Es que ella es muy estudiosa, está encerrada en su cuarto,

rodeada de libros.

-Tenga cuidado, no es bueno que una mujer lea tanto.

La Biblia y poco más.

-Debería animarla a que salga más.

-Encerrada en casa, no va a encontrar al pretendiente ideal.

-Lleva razón, no hay tiempo que perder,

que las flores se marchitan rápido y luego nadie las quiere.

Trataré de convencerla para que salga a dar un paseo.

-¿Saben qué ha pasado en la iglesia? -No.

-Todavía me hago cruces de pensarlo.

-Primo, tienes que hacer algo con Marcelina.

De seguir así, os vais a buscar la ruina.

-Como se cruce con una beata pue tener un problema gordo,

y ya ni te cuento si aparece un obispo o un cardenal:

se le tira al cuello.

-Primo,... y lo peor de todo es que Marcelina tiene un negocio

y todos sus clientes son de misa diaria.

Como se lance a lanzarles improperios,

no le van a comprar ni una gaceta atrasá.

-He intentao tenerla encerrá, pero no ha sío posible, como no la ate.

-Algo tendrás que hacer pa solucionar este desastre.

-Pues deja de decírmelo y piensa algo para solucionarlo.

-Igual no es mala idea que la ates a la pata de la cama.

-Vengo horrorizada. No sé adónde vamos a llegar.

-¿Qué ha pasao, señá Agustina? ¿Se ha quemao alguna casa?

-Peor que eso.

Han robado el cepillo de la iglesia.

-La limosna de los pobres. -¿Quién puede ser tan desalmado

de robarle a los que no tienen nada?

Hay que ser muy malo para hacer algo así en un sitio tan sagrado.

Solo un monstruo puede comportarse así.

El párroco está indignado.

Dice que en ninguna parroquia

de las que ha estado se ha cometido un crimen tan vil.

-Menudo disgusto. -No te haces idea.

Teníais que haber escuchado el repaso que le ha metido

a todos los vecinos en la homilía. -¿Qué culpa tendremos nosotros?

-No lo sé, pero ha dicho que espera que el cepillo se devuelva

o hablará con el obispado para que tome medidas.

-Esto es una vergüenza para todo el barrio.

-¿Y cómo se lo ha tomado la gente?

-Mal. Están todos los vecinos escandalizados.

-¿Y se sabe quién ha podío ser? -No, pero está todo el mundo

tan enrabietado que si le cogen, le linchan.

No le quepa duda.

Úrsula.

Será mejor que siga su camino.

Yo también.

No, todo bien.

No te esfuerces, Camino,...

soy peor persona de lo que puedas imaginar, búscate otra amiga.

Camino, cielo, ¿está todo en orden?

-Genoveva.

Ya que la veo, quería aprovechar para invitarla a una merienda

que voy a hacer mañana.

Es usted muy amable, le agradezco la invitación.

Entonces, ¿cuento con usted? Por supuesto.

¿Quiere acompañarme a tomar un té?

Sí, sí, claro.

-Felicia.

¿Tiene un segundo? Quería comentarle un asunto.

-Por supuesto, ¿en qué puedo ayudarle?

-Lo que tengo que pedirle me resulta un poco violento.

-No se apure, estamos en confianza.

-Por eso.

Quiero que lo que voy a decirle no le cause a usted

un compromiso. -No le dé más vueltas y dígame

qué le preocupa, me tiene en ascuas. -Está bien.

Se trata de Úrsula. La pobre mujer no encuentra empleo,

y me consta que no tiene recursos.

-Algo he oído. -La verdad es que me da mucha pena.

-Usted es muy generosa.

-Por eso quería preguntarle si usted podría hacer algo por ella,

darle un trabajo.

-No esperaba que me pidiera algo así.

No sé qué contestarle.

-Piénselo, no hace falta que me conteste ahora.

-Ándese con ojo con doña Susana,

que sigue como un perro de presa a ver de qué se entera.

-¿Qué le importará a esa mujer a quién me arrimo?

-Pues na,

pero de puro cotilla que es, no deja de preguntar por usted y don Ramón.

-Y no podrá meterse en sus asuntos, no.

-Sus asuntos son de tan poca enjundia,

que no deja de husmear en los de los demás.

-Ya.

Yo... desde que me acerqué a don Ramón,

ya sabía que las señoras de este barrio iban a ser una piedra.

-Ya. Y de las bien gordas.

-Esas nunca van a aceptar nuestra relación.

-De eso no le quepa la menor duda. -Y Susana,

va a ser la peor.

-Pues... no pierda de vista a doña Felicia,

que últimamente está a partir un piñón con la sastra.

-Ay, Fabiana, no sé qué vamos a hacer Ramón y yo si estas dos

se ponen de firme a chincharnos. -Usted tie redaños de sobra.

Lo que tie que hacer es no dejarse apabullar por la señora.

-Ya, Fabiana, pero no es fácil,

lo que dice doña Susana en este barrio va a misa.

-Pamplinas,

lo que ella diga tiene que importarle a usted un comino.

Con don Ramón tiene la oportunidad de ser feliz,

así que no la deje escapar. -Eso es bien cierto,

pero bueno,...

ya se verá hasta dónde se mete.

Seguro que tratan de aguarnos la fiesta.

-Tarde o temprano tendrán que saberlo

y usted tendrá que plantarles cara.

(Pasos)

-Buenas tardes.

-¿Qué hace aquí, ha sucedido algo?

-No puedes sobresaltarte así cada vez que vengo aquí arriba.

-Es que no me acostumbro a verle por aquí, en el altillo.

-Sosiégate, mujer, que no ha sucedido nada.

Solo quería pasar un rato contigo.

-Pues... aquí me tiene.

-Pues nada, yo me voy a la pensión, que tengo todavía

muchas cosas que hacer allí. Además, que...

tres son multitud.

-Buenas noches.

Bueno, ya solo nos falta una mesa y podemos cerrar.

-Menos mal, estoy cansadísima.

-Márchese a casa, ya cierro yo.

-Prefiero quedarme, quiero pedirte una cosa.

-Claro, lo que sea.

-Emilio, quiero que seas muy cauto.

El barrio se ha hecho eco de lo duro que le diste a Victoriano.

-No era momento de andarse con lindezas.

-Lo supongo,

pero no quiero que sospechen nada sobre nosotros.

-Ya sé que le preocupa que llamemos la atención,...

pero no pude evitarlo.

Nada, solo estábamos hablando.

-No pasa nada, hija, anda, ve a terminar de recoger la cocina.

Venga, Camino, que no quiero que se me hagan las tantas.

-Por cierto, yo también quería comentarle algo.

Verá,... se me ha ocurrido una forma de aumentar los ingresos.

-Cualquier dinero extra será bienvenido.

-Pues he pensado...

organizar aquí sesiones de bailes de salón.

¿Qué le parece?

-Veo que ha hecho buenas migas con Alfredo Bryce.

-No tanto, solo intento ser buen vecino.

-No está de más cultivar su amistad, es un hombre rico, culto y educado,

y de muy buena posición. -Sí, esa es la misma impresión

que tengo yo de él. -Además, es un hombre muy poderoso.

-No se confunda, si me he acercado a él no ha sido por interés.

-No trato de decir tal cosa.

Tan solo lo veo como un aliciente más

para mantener una buena relación.

-Si me he acercado más a él ha sido por el recuerdo

que tengo de mi amigo Samuel. Pase.

-Comprendo,... pero debería andarse con ciertas reservas.

-No entiendo por qué dice eso.

Bryce es el marido de Genoveva,

seguro que Samuel hubiera deseado su felicidad.

-Le honra estar tan entregado a la memoria de un amigo, pero...

-No, no, Felipe, no acepto más impedimentos.

Le voy a facilitar a Alfredo la entrada en nuestro vecindario,...

aunque solo sea por el recuerdo que tengo de Samuel.

-Siento si le estoy removiendo sentimientos dolorosos,

no es mi intención molestarle,

pero referente a Genoveva,... hay algo que debería saber.

-"Te agradezco" tu buena intención,...

pero ¿de verdad quieres meterte en semejante berenjenal?

-Sí. Aprovecharemos que el restaurante está vacío

por las tardes, para organizar los bailes.

Y si funciona, tendríamos otra sesión después.

-No lo veo claro, nuestro negocio es de dar comidas y punto redondo.

-Los bailes estarían fuera del horario del comedor.

-Nos va a complicar muchísimo a todos los servicios.

-Puede, pero piense en el empuje que va a tener el restaurante.

Muchos de los que vengan a bailar, después se quedarán a cenar.

-¿Qué público vendría a esos bailes?

-Gente de alcurnia, sin duda. Hoy en día, es fundamental

ser un buen bailarín en las fiestas de alto copete,

y para ser bueno, hay que practicar.

-¿Y esto solamente lo propones para ganar más dinero?

-¿Por qué otro motivo podría proponerlo?

-Entonces, cree que Genoveva está en peligro.

-No solo ella,...

pienso que todo el barrio. -Ya.

Rosina y yo también estábamos algo inquietos

hasta la llegada de Genoveva y Alfredo,

pero vimos a esa mujer tan sosegada, que nuestros temores se esfumaron.

-Esa mujer finge. Esto no ha terminado.

-¿Cree que puede volver a haber violencia?

-Por lo que he hablado con el comisario,

existe la posibilidad de que el tal Cristóbal,

el supuesto asesino, regrese.

No comente nada de esto a mi esposa, no quiero alterarla.

-No se apure.

Buenas noches, señores. Buenas noches.

-Buenas noches.

¿Cómo está su esposa, Liberto? Bien, supongo que estará en casa.

Estoy deseando que sea la tarde de mañana para merendar con ella.

Abur.

Con Dios. -Con Dios.

¿Cree usted que don Alfredo es su escudo contra ese tal Cristóbal?

-Nadie se atrevería a hacerle daño a la esposa de un banquero.

-Eso espero, o esta chica estaría en problemas.

-"Yo tengo que entender"

que él esté de picos pardos mientras yo me voy a África.

-Eso no pasará. Algo se nos ocurrirá.

Algo distinto a lo de perder peso. -"Emilio ha mandado"

unos afiches invitándonos a ir.

Un baile en el restaurante. Qué gran idea.

Me dejarán asistir, ¿no?

Me pondré el vestido rojo, ese que me queda de maravilla.

-Mejor déjate la batita puesta, que no vas a salir de casa.

¿Qué? -"No quiero distraerte de la faena".

Yo, sin embargo, no tengo nada que hacer en todo el día,

eso es lo que diferencia a las señoras de las criadas.

Y lo que Dios ha puesto por separado, no conviene mezclarlo.

-¿Sabes qué te digo?

Que no me voy a ir a África, pero ni a África ni a ningún sitio.

-A ver, ¿y cómo vas a impedirlo?

-"¿La Úrsula, dice?".

-A esa no la quitamos de aquí ni con agua caliente.

-A mí se me pone mal cuerpo con solo mirarla.

-Ya, yo tengo que confesar que también me pone mal cuerpo.

¿Qué podemos hacer? -Echarla.

El destino quiso que mi esposo acabara así.

Nosotros no le ayudamos.

Él y sus malas decisiones tampoco.

Yo ahora necesito avanzar,...

mirar hacia el futuro y dejar el pasado atrás.

Por eso se ha casao usted con don Alfredo.

Perdón, no... tiene que contestarme.

A veces soy un poco bruta hablando.

No. No, no importa.

Supongo que sabrá que mi matrimonio con Alfredo no es fruto del amor.

-"¿Lo de las sesiones de baile?". Sí.

-Y creo que van a ir. -¿Todos? ¿Doña Cinta también?

-No, no, la madre no le deja salir de casa,

y mucho menos pa unas sesiones de baile.

-He quedado con el párroco, a echarle una mano con unas cuentas.

-¿Con el párroco de la iglesia? -Sí, bueno, no me he podido negar.

-Os voy a convidar a una merienda. Será aquí, en el altillo.

-¿Y cómo... es que tienes dinero pa tanto dispendio?

¿Os ha tocao la lotería?

-"A las sesiones asistirán"

los jóvenes más formales y elegantes de la ciudad.

Si quiere casar bien a su hija, es el lugar apropiado

para que encuentre pretendiente. -Bueno,...

no lo había pensado de esa manera.

-Piénselo, sería un honor que vinieran ustedes.

-"¿Una carta" para don Alfredo Bryce?

-Se te ha olvidao subirla. -No, estoy seguro que he subío

to, pero esta carta no estaba. -No lleva remitente.

-¿Habrá entrao alguien en la portería sin darme cuenta?

-Le prometí al párroco que quitaría las flores secas del altar

y que lo tendría to listo y limpio pa cuando él volviera de Toledo.

-¿El párroco está en Toledo, Casilda?

-Pues sí, "ende" amanecía. Volverá por la tarde, a última hora.

-Casilda, ¿tú estás segura de eso?

-Pa chasco que sí, como que yo misma le he visto salir.

-¿Has sido tú quien ha robado el dinero de la parroquia?

-He ahorrao. -Eso no hay quien se lo crea.

-Pues créetelo o déjame en paz.

-Quieta, que te conozco y sé cuándo mientes.

Dime la verdad... -¿Que qué?

-Que te denuncio a los guardias.

-"Entiendo" que asistirás al baile.

-(NIEGA)

-¿Por qué no?

No puedes hacer como siempre y encerrarte en tu habitación.

-(LEE) "Ruego se ponga en contacto conmigo".

"Stop. Asunto de dinero sin resolver. Stop".

"Osvaldo,... Buenos Aires".

-¿Ocurre algo, querido?

-No, nada, nada, nada importante. -"Ya está aquí".

Ahora debes cumplir con tu parte del pacto.

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Acacias 38 - Capítulo 1008

09 may 2019

Antoñito y su padre no consiguen limar asperezas, el joven no para de dar vueltas a como librarse de ir al servicio militar.
El médico no encuentra cura para el anticlericalismo de Marcelina y Jacinto se entera de que han robado el cepillo de la iglesia y sospecha de su mujer.
Don Hipólito quiere que Cinta actúe en el Cafetín, pero Bellita se lo prohíbe. Emilio desesperado por ver a Cinta de nuevo, decide organizar unas clases de baile en el restaurante.
Genoveva le hace ver a Felipe que el pretexto que le ha contado para ir a su casa ha sido una excusa para interrogarla, el abogado sospecha que la mujer está en peligro. Y Felipe no está tan equivocado cuando descubrimos que alguien sigue a Genoveva.

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  1. Mabi

    Marcia, coincido contigo, tiempo atrás hice el mismo comentario ya que no queda natural y creo que no le produciría un mayor gasto de producción y sería más creíble. O son todos mudos como bien decís o eran todos unos mal educados, raro para esa época y por el tipo de personajes ya señores de postin o gente en general. Saludos cordiales desde Argentina

    12 may 2019
  2. Marcia

    Hay algo que me he fijado en las series españolas en general, es que los extras son todos mudos? Ni siquiera un hola,gracias, buenas etc nada. Se notan demasiado que son extras, muy poco natural. Un fallo grande y notorio.

    11 may 2019
  3. Francesca

    Hola Nélida, también soy de Argentina. Siempre que hay tormenta o lluvia fuerte, la comunicación con los canales españoles se daña.

    10 may 2019
  4. Francesca

    Manuela Carmona. Coincido, Genoveva y Felipe, próxima pareja. Pobre Felipe, candidato al hoyo...

    10 may 2019
  5. Francesca

    Manuela Carmona. También creo que Genoveva y Felipe, serán pareja.

    10 may 2019
  6. Mabi

    Yo miro la novela por el canal internacional pero como van dos capítulos atrasados quice ver el cap. 1007/08 por Internet y fue imposible abrirlos y para más datos salta un triángulo rojo con la leyenda " no seguro" desde Argentina, Capital Federal o CABA ( Ciudad Autónoma de Buenos Aires)

    10 may 2019
  7. Pilar Méndez

    Marc Parejo, el actor que interpreta a Felipe, tuvo un accidente de moto, en la novela decidieron los guionistas otro accidente cuando acompañaba a Teresa y Mauro para arreglar en su destino que Teresa era la verdadera Cayetana. Luego reapareció con el parche y al cabo de un tiempo se le vio con cirujía estética porque ya no tiene ojeras. En capítulos muy anteriores podéis comprobarlo, en la segunda temporada. Espero haber resuelto dudas. Lo comprobé hace tiempo buscando a Marc Parejo por la misma razón.

    10 may 2019
  8. Alicia

    Hola Nelida Rocca Picone y Marilu, soy también de Argentina, Santa Fe y no he tenido problemas para ver la novela.

    10 may 2019
  9. Ester

    A desconocido. Felipe NO estaba ciego de un ojo. Es el propio actor que tuvo un problema en ese ojo, desconozco exactamente de que índole y luego de ello debió usar ese parche y los autores de la serie optaron por hacer # tener un accidente # al personaje Felipe luego del cual también debía usar un parche, Si te fijas, sobre todo en primeros planos se nota una anomalía en el ojo izquierdo y algún leve;lagrimeo del mismo./ Creo no estar errada, sin embargo quizás algún otro Acaciero pueda confirmarlo o no

    10 may 2019
  10. Aleja

    ¿Susana no estará enamorada de Don Ramón?....Carmen también había sido Señora, y cayó en desgracia por su marido..., y Susana también hubiese caído en desgracia cuando siendo viuda tuvo un hijo, por eso lo abandonó....

    10 may 2019