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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1007 - ver ahora
Transcripción completa

¡Auxilio! ¡Socorro!

¿Qué hace? ¡Suelte, suélteme usted!

Pero ¿qué hace?

¡Porque me importa usted de verdad!

¿Ha dicho lo que creo que ha dicho?

-En unos días recibirá la solicitud oficial.

Cuide de su señor padre. -Sí, sí, se lo aseguro.

Creo que Genoveva ahora sí encajaría en el barrio.

Señora de Bryce, nada menos.

¿Cómo va a explicar que estaba con ese hombre?

Las habladurías lo harán peor de lo que es,

su honra estará en entredicho. -"He venido a proponerte que..."

cuando acabemos el almuerzo, me acompañes para...

hacer la presentación oficial como mi prometida.

¿Qué te parece? -Que me priva.

Habrá juicio. ¡Haré que te pudras en un penal!

Emilio, la pelea y el cerdo de Victoriano.

¿Por qué cerdo? -¿Te ha enredao?

Lo intentó.

Ayer.

Me subió al coche y quiso besarme. -Será mamón.

No pasó nada porque Emilio le endiñó.

-Bien hecho.

-Siempre fue generoso el señor Palacios.

-Para enredar a una criada no hace falta darle dote.

¡Cuidao!

¡Dios!

Venía a darle las gracias por defender la honra de mi familia.

-Emilio le curtió el cuero al malaje por defender a mi Cinta.

-Pero ¿por qué no me lo has dicho antes?

-Porque su hijo de usted, además de bravo,

es un caballero.

-Gracias redoblás. -"Menudo pieza es su padre".

Seduciendo a una tal Carmen a costa de su patrimonio.

En cuanto a usted,...

me encargaré de que cumpla el servicio militar

en el agujero más apestoso...

y con mayor peligro.

No habrás olvidado...

nuestro acuerdo, ¿verdad?

Claro que no.

Porque yo estoy cumpliendo con las condiciones.

Y yo cumpliré con las mías.

¿Te ocurre algo, querida?

Necesito tiempo, por favor. Tiempo es justo lo que no tenemos,

todo nos urge.

Si lo tuviéramos, ¿habría sido tan precipitada tu vuelta al barrio?

No, claro.

Habríamos esperado a que las vecinas vieran tu duelo

y, después habría aparecido yo,

cual caballero andante para salvarte.

Que las vecinas no vean mi duelo, no quiere decir que no exista.

Amaba a mi esposo.

Sabes que tu única salida

es ayudarme.

No lo olvides. No lo olvido.

Lo sé y he cumplido desde el principio.

Cuando cumplas tu parte del trato,

podrás abandonarte a los sentimientos.

Ahora, solo puedes ser fría y no dejarte llevar.

Solo te estoy pidiendo algo de comprensión.

No estoy en condiciones de concedértela.

Los plazos son cortos.

Lo que me pides implica una traición a alguien muy querido.

Me duele casi tanto como la muerte de mi esposo.

Pensé... que nada te dolería tanto como eso.

A lo mejor,... no lo amabas tanto como crees.

Más que a mi propia vida. Que perderás si no cumples tu parte.

¿Me amenazas? No.

No tengo que hacer nada contra ti, nunca te haré daño,

solo tengo que dejar de protegerte.

Hay...

gente que no te quiere bien, Genoveva,

pese a tu belleza.

Ten cuidado,

no la pierdas antes de tiempo.

En nuestro pacto está contemplado que no me toques.

Tú también debes cumplirlo.

No temas, no tengo el menor deseo.

Que se cumpla nuestro acuerdo y los dos salgamos ganando

es mi único anhelo.

Ahora,...

te dejo sola para que pienses lo que nos queda por delante.

(Sintonía de "Acacias 38")

Carmen, no ha venío a cenar. ¿Quiere algo?

Han quedao unas patatas revolconas que están pa chuparse los dedos.

-No, gracias, Fabiana, no me entra nada.

-Ya me imagino, ya.

-¿Sabe lo que ha pasado?

-La discusión entre don Ramón y don Antoñito se ha escuchao en la rúa,

Como pa no enterarse.

-Ha sido horrible. -Ande,

siéntese, y por lo menos se desahoga.

Le serviré una tila, que siempre viene bien.

Acabo de poner a hervir el agua.

-En este barrio solo hay cotilleos.

No sé por qué los señores piensan que viven bien,

si siempre dependen de lo que los demás hablen.

Tienen carne pa echarle a la olla y carbón pa echar a los fogones.

¿Qué más quieren?

-Dios mío, hablar es gratis.

-Y son esclavos de un par de brujas

que no paran de hablar a las espaldas.

Si nadie hubiera ido con el cotilleo, nada habría pasado.

-Ya. Ha sío quien me imagino, ¿no? -¿Quién va a ser?

Doña Susana, esa mujer que siempre está en misa

y piensa que va a llegar al cielo,

pero su sitio está en las calderas de Pedro Botero

por todo el mal que hace con su lengua.

-Razón tiene.

Ande, tómese esto.

-Buenas noches. -Ay.

Buenas noches.

Siéntese, aproveche que acabo de hacer una infusión,

ahora le traigo una taza.

-Te lo agradezco, Fabiana.

-¿Cómo es que has venido?

-Sé que apenas hace unos minutos que nos despedimos,

pero estaba muy alterado

y he supuesto que a ti te ocurría lo mismo.

-Estoy con los nervios a flor de piel

y muy afectada por ser la causa de tu desencuentro con tu hijo.

-Tenga, don Ramón. -Gracias.

-Supongo que tienen ustedes mucho que hablar a solas

sin la presencia de una vieja entrometía como yo. Les dejo.

Buenas noches. -Buenas noches, Fabiana.

Y no te llames a ti misma vieja entrometida,

que pocas personas hay tan discretas

y con tanto sentido común tú.

-Como son aquí las señoras, eso no es difícil.

-No se haga mala sangre, Carmen, que es lo que le ha tocado vivir.

Hasta mañana.

-Carmen,

todo va a salir bien.

-No vienes a terminar conmigo

para recuperar la relación con tu hijo, ¿no?

-Por supuesto que no.

-Quizá sería lo mejor. -No lo creo así.

Antoñito me ha decepcionado, siempre protegido por mí,

por Trini, por su esposa...

No he sabido darle las armas

suficientes para enfrentarse a la vida.

Para una vez que tiene que responder por sí mismo,

se agobia y arremete contra todo.

-Ramón, se enfrenta a un toro bravo: tres años en África.

-Se enfrenta a la vida,

a lo mismo que otros tantos jóvenes sin un padre rico.

-Aunque tuviera que ir a África, no sería el único en España.

-No seas cruel con él.

-¿Crees que no me duele, que no estoy preocupado?

¿Qué va a ser de él sin nadie que le cuide?

-No todos los soldados de reemplazo marchan a África.

Hay ordenanzas que se quedan en la península,

y otros que atienden a los generales y no entran en combate.

Quizá,

buscándole una buena recomendación...

-Lo sé.

Y lo intentaré todo hasta el final,

aunque no me lo agradezca y ni siquiera se lo merezca.

-Es tu hijo.

Entiéndelo, para él no puede haber sido plato de buen gusto

enterarse de nuestra relación de ese modo,

justo cuando le llega la peor noticia de su vida.

-Eso ha sido un error,

no debí mantenerlo en secreto, ahora lo haría de otra manera.

Pero en eso consiste

el señorío del que él presume,

en sobreponerse a las circunstancias.

-Nunca se sabe cómo se va a responder

hasta que llega el momento.

Confía en él.

-Me cuesta.

Pero esperemos que terminen por aceptarte,

que hagamos las paces y que no tenga que marcharse a África.

Aunque nada me hace pensar que podamos salir adelante.

# Desengáñame de veras...

# y no me des más tormento,

# que yo mi vida la diera

# por saber tus pensamientos.

# Por saber tu pensamiento,

# aunque después me muriera. #

-Ole. Se ha levantado contenta hoy.

-No vale la pena estar triste. ¿Pa qué?

-Hombre, eso nadie lo escoge.

-Con este solito que entra por la ventana,

es imposible estar triste.

-Claro, como en mi tierra llueve un día sí y otro también,

somos más vueltos pa dentro.

-En mi querida Huelva

hace un tiempo que no se pue aguantar de bueno.

Miras al cielo,

das las gracias a la Virgen y a disfrutar del día.

-Qué bien.

¿Y qué va a hacer hoy para disfrutar?

-A ver si cuando le estés dando clases a Cinta,

mi marido me lleva a dar un paseo al parque y nos tomamos una limonada.

-Eso sí que es vida.

¿Le sirvo ya el desayuno?

-Cuando venga Jose, que está terminando de afeitarse.

-Vale.

-(TARAREA)

¡Uy! Arantxa, ¿qué significa melangé?

Aquí lo dice.

(LEE) "Este año se llevará una melangé de estilos".

"Mélange". Eso es como una revoltura, una mezcla.

-¿Hablas francés, Arantxa?

Eres una caja de sorpresas.

No, de corrido no lo hablo, pero lo entiendo bastante.

Mi pueblo no está lejos de Francia.

-Dime, ¿dónde has aprendido tanto para poder darle clases a Cinta?

-En la escuela.

-Pero eres de pueblo.

-Pero en mi pueblo había escuela y allí nos mandaban a todos.

Y luego, en la primera casa en la que entré a servir, la de don Ramón.

-Ese señor, ¿qué era, abogado, militar?

-No. Era empresario naviero.

Siempre decía que: "Aprender, era lo que sacaría del atraso al país".

Todos los días nos hacía pasar la lección.

-Ojalá yo hubiera tenido a alguien que me obligara a estudiar,

por eso me empeño con Cinta.

-Pero ella quiere ser artista.

-No, si puedo evitarlo.

-No podrá.

-Lo sé, pero al menos que aprenda,

que no sea una burra de la que todos se aprovechan.

-Aprender, va a aprender, vaya si va a aprender.

¡Eh! ¿Hoy no trabajas?

-Me quedaba dormío en el chiscón, he subío a tomarme una taza de café.

-El portero de un edificio es como el capitán de un barco.

Por muy cansado que esté, no abandona su puesto.

-No exagere, Servando. -Ni un ápice.

Imagínate ese barco en una tempestad:

rayos, truenos, centellas,

olas de varios metros.

La tripulación de un lado para otro como pollos sin cabeza.

Y todos esperando las órdenes oportunas de su capitán.

¿Y dónde está?

-Ni idea.

-En el altillo, tomándose un café,

en lugar de estar en su puesto, dispuesto a luchar o a morir.

-¿Ha visto el cielo esta mañana? -Sí.

-Pues ya ha visto que hay un sol de justicia, ni rayos

ni truenos.

El barco no se hunde.

Déjeme tomar el café en paz, que no he dormío en toa la noche,

y todo por su culpa.

-¿Se ha quejado la Marcelina?

-Toa la noche dando vueltas en la cama.

Le dije que se quedara a descansar esta mañana,

pero se ha empeñao en abrir el quiosco.

Está mu rara. -¿Por el golpe?

-Creo que sí.

Antes de salir, ha buscado los crucifijos

y estampitas de santos.

-¿Iba a rezar?

-Quía, eso es lo que hace todas las mañanas, no.

Meterlos en una bolsa. Me temo que iba a tirarlos.

-Eso es pecado.

-Y más, con lo religiosa que es Marcelina.

Es todo mu extraño. Pa mí, que está demenciá.

Fabiana.

La calle tiene que barrerla el Ayuntamiento.

Quía, Úrsula, si espero a que lo hagan ellos,

se me pone la puerta de la pensión hecha unos zorros.

Pa los metros que son, barro yo.

No son los metros, es la imagen que se da.

Úrsula, nací criada y moriré criada.

Ni imagen ni pamplinas, si hay que barrer, se barre.

Tiene razón,

tendré que acostumbrarme.

Siempre me puede el qué dirán.

El orgullo no da de comer, Úrsula, tendría que saberlo.

Si lo sé,

pero cada una lleva su aflicciones como puede.

Sé que he cometido muchos errores,

siempre por vanidad.

Faltó a la verdad diciendo que había entrao a trabajar con los ingleses.

¿Qué ganó con eso?

Nada. Desengáñese, Úrsula,

a nadie le importamos.

Lo único que cuenta es tener pa comer y un techo pa dormir.

To lo demás sobra y no lo vamos a llevar a la sepultura.

Y uste, lo que tendría que hacer primeramente,

es aceptar la realidá.

La realidad, Fabiana, es que la gente no perdona,

digan lo que digan.

Sé que cometí errores en el pasado,

pero llevo muchos años, desde que llegó al barrio don Telmo,

que no he tenido pendencias con nadie.

Cierto.

Y, sin embargo,

las vecinos no han cambiado de opinión.

Si pido referencias, me dan mandobles.

Nadie me ha perdonado.

Yo.

¿Usted?, que es quien menos motivos tiene para hacerlo.

La pobre Cayetana... Ella tampoco fue buena.

Ya ve,

una espera lo mejor de los hijos

y, a veces, salen torcidos.

Yo tuve dos hijas, pero no fui una buena madre.

Quise compensarlo siendo como una madre para Telmo.

Yo creo que él lo sabía.

Rezo cada noche para que volvamos a estar juntos,

él, Mateo y yo.

Entonces, Dios se lo concederá.

Buenos días. Buenos días.

Mire,

mire a doña Genoveva,

parecía que su vida se había acabado, y levanta cabeza.

Me avergüenza verla.

Y no sé cómo pedirle perdón por haberme metido en su casa.

Yo creo que ella ni lo recuerda.

Aun sí, prefiero no verla por el barrio.

Buenos días.

Buenos días, cariño. -Hola.

Emilio debe de haber salido ya del calabozo.

Voy a darle la bienvenida al barrio.

Oye, que son las nueve de la mañana.

Ya, ya lo sé.

Arantxa te da clases de nueve a once

y, de cinco a siete de la tarde.

Por empezar más tarde, no va a pasar nada.

Te vas a sentar

y le darás la bienvenida a Emilio al barrio a las once.

O después, cuando acabes la tarea que te ponga.

Madre, esos horarios son absurdos. Esto va a parecer una cárcel.

Pues una cárcel va a ser, o peor. ¡Arantxa!

-Yo empiezo cuando usted me diga.

Dile a mi madre que las clases empiezan en media hora.

Nunca hará nada quien todo deja para mañana.

-Ya lo has oído, Cinta. "Nunca hará nada quien todo deja para mañana".

Voy a decírselo a Jose, que se lo aplique,

que no ha venido todavía a desayunar.

Y ustedes, ahí,

a la clase.

No le hagas caso a mi madre. Bajo a saludar a Emilio.

-Che, che, che, a mí quien me paga

es tu madre, así que venga.

Aquí mismo. Hala, a sentar.

No me fastidies, tata.

Hasta las once, nadie sale de aquí.

ahora, vamos a empezar a estudiar los ríos vascos.

¿Para qué quiero yo saber los ríos vascos?

A callar y anota. Saca el cuaderno.

Empezaremos por los ríos de Vizcaya:

Agüera, Arratia, Arrazola, Bolivar...

Apunta pues.

Perfecto.

Si quieres que ponga algo más. Tal vez licores...

No, por la mañana no da imagen de seriedad.

No somos peones que nos despertemos con una copa de anís.

No estaría yo tan segura en este barrio.

Sé que Felipe ha pasado temporadas que lo que menos bebía era agua.

No seas malvada.

Me he informado y sé que no es el mismo.

Eso dicen.

(Llaman a la puerta)

Ve a abrir, les saludas y me dejas a solas con ellos.

Los hombres hablan con más libertad si no hay féminas.

Voy.

Alfredo, aquí están los invitados, a la hora en punto.

Te dije que eran muy puntuales. No imaginaba otra cosa.

Buenos días, señores. -Buenos días.

Es un honor ser invitado a su casa.

-Vaya mesa de desayuno apetitosa.

-Como no tenemos servicio, le he pedido a mi esposa

que nos prepare la última moda en EE. UU., un bufet,

cada uno se sirve a su antojo. -Los americanos siempre

inventando lo se ha hecho toda la vida: bocado y paso atrás.

-Tiene usted razón, amigo Liberto. Veo que ustedes se van a entender.

Les dejo solos para que hablen con total libertad.

Antes de que se vaya, Genoveva,

me ha pedido mi esposa que se pase a merendar esta tarde.

Estaremos encantados de recibirla. Allí estaré.

Si necesitas algo, ya sabes dónde estoy.

Gracias, querida.

Ya saben cómo funciona, que cada uno se sirva lo que quiera.

¿No ha venido su hijo, don Ramón?

-Tenía negocios que le impedían ausentarse de sus obligaciones.

-Cuánto lo siento.

Pero celebremos que los demás estamos aquí,

no lamentemos que algunos falten, porque eso siempre ocurre.

¿Han leído los periódicos de hoy?

Por fin se reinaugura el Teatro de la Zarzuela después del incendio.

Presumo que alguno de ustedes

tiene entradas para asistir.

Yo no me lo pierdo.

-Rosina y yo tampoco.

-Hace años que no voy al teatro, desde la muerte de mi esposa.

Aunque quizá es un buen momento para retomar la afición.

Ya tienes lo de tus señores. ¿Quieres algo más pal altillo?

-Sí. El domingo queríamos hacer un arroz.

-Pues te doy unos huesos,

una punta de jamón

y alguna cosilla más pal caldo. De regalo.

-Arrea, Lolita, muchas gracias.

Y yo pensando que te ibas a olvidar de los pobres.

-Tú estás pava. Yo sigo siendo una de las vuestras,

aunque a veces me tenga que vestir de señora.

-Ya. Nosotros lo sabemos, que lo digo pa hacerte de rabiar.

Oye, hablando de ser señora, ¿se ha solucionao lo de tu marido?

-¿Solucionarse?

Va de mal en peor.

Nos queda esperar a que no le toque un mal lugar,

el norte de África, por ejemplo.

-Lo que tendrían que hacer es acabar con las guerras, los ejércitos y to.

El pueblo nunca ha ganao na con eso.

-Y que lo digas. Yo estoy más que disgustá,

solo lo olvido los ratos que vengo a la mantequería a atender.

¿Quieres algo más? -Nones, que se resuelva lo tuyo.

Voy a ir a ver cómo está mi prima. -Lo del golpe no fue na, ¿no?

-Está bien, aunque lo que se dice bien, nunca ha estao.

-(RÍE) -¿Qué quieres que te diga?

Me marcho, que tengo faena.

-Vuelve, que me alegras el día.

-Con Dios, Lolita. Y muchas gracias.

Levante ese ánimo, don Antonio,

que por mucho que lloviera, no hubo tormenta que no escampara.

-Gracias, Casilda, que Dios te oiga.

-No has ido al desayuno de don Alfredo, ¿no?

-No quería encontrarme con mi padre.

-Ya sabes lo que pienso de eso. Deberías hacer las paces con él.

-No me pidas eso, que estamos así por su falta de sensatez.

-No, te vas al ejército por el Ministerio de Guerra.

Lo de tu padre es una casualidad,

pero él no tiene culpa.

-Tanto llorar por su esposa

y se enreda con la primera que aparece.

-No me hagas enfadarme contigo, Antoñito, que tú no piensas así.

Tu padre es libre y es buena cosa que rehaga su vida.

-¿Tú sabías algo de su relación con Carmen?

-¿Yo qué iba a saber?

Solo sé que, aunque el tiro saliera por la culata con el inspector,

tu padre intentó echar una mano.

-Al cuello.

-¿No vas a hacer las paces con él?

-Cuando vuelva de la guerra, si todavía estoy vivo...

-"Yo no sé qué importancia" puede tener

que se vaya a nombrar un nuevo presidente en EE. UU.

-Créame que sí, Liberto.

El presidente Taft es un hombre con ánimos de intervenir

en la política del continente americano, pero no en la europea.

-Mejor para todos, ¿no?

-Sí. Sería mejor si no se avecinase una guerra.

O entran los EE. UU. o el conflicto puede eternizarse.

-¿Una guerra?

Piensen en lo que ha hecho Poincaré, el nuevo presidente francés:

aumentar el tiempo del servicio militar en su país.

-Una decisión muy impopular.

-No le quedaba otra, al saber del rearme del ejército alemán.

-¿Están hablando de una guerra en Europa?

-Algo que no se descarta,

alemanes y austrohúngaros contra ingleses y franceses.

A ver con quién se alinea Rusia.

-¿Y España?

-Puede unirse a cualquiera de los dos ejes.

Nuestro rey está emparentado con el káiser,

pero también, con la familia real inglesa.

-Voy a servirme más café.

-Y yo.

-Veo que tiene usted un gran conocimiento de la política.

¿No conocerá a alguien dentro de la cúpula del ejército español?

-No especialmente.

-Todo lo que sé en el ámbito castrense es,

que resulta muy rentable hacer préstamos para material de guerra

al Ministerio a través de mi banco.

Obtengo sustanciosos beneficios.

-Disculpe la pregunta, don Alfredo,

para todos ha sido una sorpresa su matrimonio con Genoveva.

¿La conocía hacía mucho tiempo?

-¿Creen que Genoveva es una mujer que haga que uno se piense mucho

el casarse con ella?

Es...

tan bella,

que es una decisión que se toma casi a primera vista.

-Entonces, se conocen desde hace poco.

-No.

Seré sincero, nos conocemos de hace años.

Solo que nunca estuvo libre para aceptar mis proposiciones.

Hasta ahora, que he tenido suerte.

¿Quieren saber algo más?

-Disculpe si he parecido entrometido, no era mi intención,

simple curiosidad.

-Dejemos de lado las curiosidades

y volvamos a la tertulia que tan grata estaba resultando.

Uy.

Camino, que me vas a tirar.

Que solo ha sido un par de noches en la cárcel.

Me condenan diez años de trabajos forzados, ¿y qué haces?

Vamos.

-Don Emilio, qué alegría verle por el barrio.

-Ni en la cárcel me quieren, me han echado de allí.

-Bienvenido al barrio. Ya nos han contao que es usted todo un héroe.

-Tampoco hace falta exagerar.

Le voy a enseñar a silbar, pa que cuando se encuentre en otra así,

pega un silbío y vamos tos a ayudar.

-Espero no verme en otra así, pero no es mala idea,

servicio de vigilancia de Acacias.

-No, cierto que no es mala idea.

Ya me estoy imaginando yo como capitán de la guardia acaciera.

-¿Uste?,

si no sabe ni usar una honda. -Un día te demostraré mi puntería,

ya verás. -Me han informado

los compañeros de la policía, que gracias al altercado,

están siguiendo los pasos del tal Victoriano.

Parece que está relacionado con el dinero falso.

Nos han pedido a todos que estemos muy atentos.

-Le voy a decir algo, me da lo mismo,

para mí, lo más importante es que no hiciera daño a Cinta.

Voy a ir a visitarla, a ver qué tal se encuentra.

-Mejor que espere un rato, ¿eh?

Hace un momento subí a llevar el correo

y, la criada casi me pega un mordisco.

(IMITÁNDOLA) Me dijo: "Está con la lección

y hasta las once, que naide la moleste".

¿Hasta las once? -(ASIENTE)

Tendré que esperar un rato todavía.

Así me aseo y desayuno,

que en la cárcel me han dado un pedazo de pan duro.

Hasta luego.

Adiós.

Yo no sé pa qué le cuento na a mi señora.

Sé que estando a su vera es fácil meterse en líos.

-¿Cuántos años llevas con ella?

Pues,... desde el siglo pasao.

Entoavía me acuerdo de don Maximiliano lamentándose

cuando perdimos Cuba. Fue como si hubiera perdío un hijo.

-Que llevas quince años con doña Rosina.

-O más.

-¿Y no has aprendío lo que puedes hablar con ella y lo que no?

Pues ya no lo aprendes. -Eso es verdá,

ni sé pa qué me quejo.

-Marcelina, me dice el párroco que no has pasado

a por la Gaceta Episcopal. Ahí te la dejo.

-Pues ya se la está llevando de vuelta.

¿Qué?

Que no la voy a vender más,

que no me da ni un céntimo de beneficio, y esto es un negocio.

-Perdona, pero no sé de qué hablas.

-¿Sabe a cuánto vendo cada una? A dos reales.

¿Sabe cuánto le doy al cura?

Dos reales.

Dos reales menos dos reales es igual a cero. ¿Pa que abro yo el quiosco?

-¡Es la palabra de Dios!

-A mí me da igual la palabra de Dios, la de Mahoma

y la del calvito ese. Si me pagan, vendo,

y si no me pagan, no vendo.

-Te vas a arrepentir de esas palabras.

-¿Voy a ir al infierno?

Pues la mar de calentita estaré allí.

Sepa que no creo en lo que se ha convertío la Iglesia,

no creo en el desenfreno, la holgazanería, la intolerancia

ni la glotonería, y mucho menos,

en la rapacidá frailuna esa.

-¡¿Se puede saber de qué hablas?!

-¡Lo sabe uste perfectamente!

¡Aquí se defiende el estado laico

y los principios de la Tercera República Francesa!

-Ya veremos cuánto te dura abierto. -¡Uy!

Te vas a arrepentir de lo que has dicho.

Buah.

-Prima, ¿qué te ha pasao?

-Alguien tenía que decirle cuatro verdades a esa beata.

-Tú has cogío fiebres.

¿Qué me decías de doña Rosina?

-Nada. -"Pues no, no me parece bien".

Deja el periódico y hazme caso. -Ya te hago caso.

-¿Te da lo mismo que Úrsula viva en el altillo?

Estoy indignada. -¿Por qué?

Por favor, Liberto,

a ver, en el altillo solo deben vivir las criadas de este edificio.

¿Es que no te importa?

-No me importa ni lo más mínimo.

Si hago una lista de las cosas que me importan,

lo de Úrsula estaría en una posición poco destacada.

-Pues a mí no me parece bien. -Ya lo sé.

Llevas diez minutos hablando de lo mismo.

¿Y no vas a hacer nada?

-¡No, no pienso hacer nada! ¡Y tú tampoco deberías!

¿Por qué tienes que meterte en cosas que no te importan?

-¡Pero sí que me importa!

-¡Pues haz algo y déjame leer el periódico!

-¡Estás imposible! -¿Soy yo el que está imposible?

Esto sí que es una sorpresa. ¿Te acuerdas de Samuel?

Fuimos muy poco compasivos, y mira lo que pasó.

-¿Por qué recuerdas eso? ¿A qué viene eso?

-Si eres poco compasiva con Úrsula y le pasa algo,

te sentirás igual de mal.

(Llaman)

-Y encima, Casilda estará de picos pardos, para variar.

Ya abro yo, ¿eh?

Genoveva, qué bien que haya llegado. Pase.

Muchas gracias.

Lo que siento es que no me voy a quedar a merendar,

será una visita corta,

la del médico, como suele decirse, mi marido me espera.

-Qué gran hombre y qué buena charla tiene don Alfredo.

-Me ha dicho Liberto que la tertulia ha estado a la altura

de las mejores del Ateneo.

Sí. Tengo suerte de que Alfredo sea un hombre muy curioso

y aficionado a las noticias y la actualidad.

¿No quiere un café, unas pastas?

Se lo agradezco, pero no tengo tiempo.

-Antes de que se marche, queríamos darle la bienvenida al barrio.

-Llegamos a pensar que no volvería,

como se fue de una manera tan precipitada.

Tiempos difíciles, les agradezco su preocupación.

-Y también queremos pedirle disculpas

por no haberle prestado a Samuel la ayuda que nos solicitó.

No supimos estar a la altura de su amistad.

La deuda de mi difunto esposo ha sido saldada por Alfredo.

Es un tema del pasado que trato de no recordar.

-Yo no dejo de pensar que él murió por culpa de esa deuda,

y me entran todos los males.

No está claro quién fue el culpable,

solo espero que la policía lo encuentre y le haga pagar por ello.

Ahora debo centrarme en Alfredo, hacerle feliz y serlo junto a él.

Qué suerte encontrar a ese hombre con tanta premura.

¿Cómo fue? -No seas indiscreta, Rosina.

No me importa.

A Alfredo le conozco desde hace años.

Ha sido una suerte reencontrarme con él en una etapa tan dolorosa.

Gracias a él he podido resistirla.

Ha sido amable y paciente cuando más lo necesitaba.

Me alegro. De todas maneras,

qué duro tener que tomar una decisión tan precipitada.

¿De qué otra forma puede sobrevivir una mujer en este mundo?

Evitando la soledad.

Emilio, Emilio, déjele. -¿Dejarle?

Se merece que le arrastre por la calle.

Por favor. Voy a partirle la jeta.

Eso nos traería más problemas. ¿Quiere que le deje marchar?

Sé que es un sobón, pero no podemos tomarnos la justicia

por nuestra cuenta. Cinta, es una...

Rata cobarde.

Y con él se va mi oportunidad

de hacer carrera. ¿Es lo único que le preocupa?

¿A usted qué más le da lo que me preocupe?

Tiene menos sentido del humor que una monja en camposanto.

Han estado a punto de violentarla.

Y yo no le necesito.

¿Qué se cree que soy, una criatura indefensa?

Pienso que se mete en demasiados embrollos.

¿Por qué no me deja en paz? ¡Porque me importa usted de verdad!

(CHISTA) ¿Adónde va usted, señorita? Ahora vuelvo.

-No. Ya sabes el horario que ha puesto tu madre.

Tienes clase mañana y tarde.

Después, Arantxa, después. Ahora, Cinta,

ahora.

Siéntate, que tenemos que repasar

los ejercicios de matemáticas de ayer.

Qué alegría, Agustina.

Se han quedao más limpias que una patena, ¿verdad?

-Y que lo diga.

-Vamos.

Buenas tardes.

Por el tono con el que lo dice,

se ve que han sío cualquier cosa menos buenas.

-Le sirvo un té.

Muchas gracias, Agustina.

La verdad es que estoy agotada.

He tenido que ir al barrio de la estación

y después al de las Norias.

El tranvía estaba estropeado y he tenido que volver andando.

¿Desde el barrio de las norias?

Pues es una hora larga. Y bien larga,

Fabiana. ¿Y cómo le ha ido?

¿Ha encontrado trabajo?

No.

Y me temo que no lo voy a encontrar nunca.

Quía.

Hoy hemos cambiao el perejil a san Pancracio,

y eso es mano de santo pa encontrar trabajo.

Ojalá funcione.

-Tenga.

Le he puesto dos cucharadas de azúcar

para que le endulcen la vida.

Muchas gracias.

Me ha comentado Marcelina que doña Rosina ha protestado

por mi presencia aquí en el altillo.

Ni caso.

Un comentario a Casilda, pero nada más.

No ha venido a hablar conmigo, que es con quien trata las cosas

que le enojan de verdad.

No soporto esta situación, yo he trabajado toda mi vida.

No puedo vivir de la caridad,...

me da coraje que nadie me tenga en cuenta.

No se desanime usted, Úrsula, el mundo es de los que se atreven

y no de los que se quedan ahí pasmaos.

En fin,

si me perdonan, marcho a la pensión que todavía

tengo que llevar las sábanas.

A más ver. A más ver.

-Por fin me puedo sentar.

¿Cansada?

Los años.

Y las escaleras que hay que subir para llegar al altillo.

Llego agotada. Además,...

no me encuentro bien últimamente,

nada grave,...

solo mal cuerpo.

Debería ir a ver un médico.

Los médicos son caros.

Los hay de beneficencia.

Para cuando una está en las siete últimas...

Lo mío son los años.

¿Sabe a qué voy a destinar mi primer jornal?

Bueno, cuando encuentre trabajo, claro.

A pagarle un galeno.

Seguro que encuentra mejor destino que esta pobre vieja.

No.

No puede haber mejor destino para un dinero

que se gana con el sudor de la frente, que utilizarlo

en ayudar a alguien a quien tienes aprecio,

que además se lo merece.

Nada.

No existe jurisprudencia

que dé la razón a un recluta contra el Ministerio de Guerra.

-¿Y no se puede plantear una demanda por vez primera?

¿No sería posible?

-Haré lo que usted me pida,

pero me parece una pérdida de dinero y de tiempo.

Imposible enfrentarse a la maquinaria del Estado.

-Pues si usted está tan seguro, ya no hay nada más que hablar,

buscaremos por otro camino.

-Yo creo que lo suyo sería olvidarse de la posibilidad de no presentarse

y pensar cuál sería su próximo destino.

Me explico: buscar un sitio para él en la península,

lejos de la pesadilla que viven las tropas en el Rif.

-¿Una recomendación? -Eso es.

Que un general le haga su ordenanza o algo similar.

Quizá con su experiencia en la empresa de cafeteras

le den un puesto de intendencia. En los almacenes no hay disparos.

-Eso no va a resultar tan fácil. ¿Conoce usted algún general?

-No, no, la verdad es que no,...

pero quizás algún vecino tenga alguno en la parentela.

Disculpe mi atrevimiento, don Ramón, pero...

¿no tendría que ser Antoñito quien moviera todos estos contactos?

-Mi hijo ha resultado ser un hombre que se ahoga en un vaso de agua.

Se encierra en sí mismo y se lame las heridas sin luchar.

Su esposa y yo siempre tenemos que estar sacándole

las castañas del fuego y él lo paga con desplantes.

Ahora está enfadado conmigo. -¿Con usted?

Pocos hijos pueden presumir de tener un padre que se preocupe tanto.

-Pese a todo, no es capaz de aceptar que yo haga mi vida.

Ha sabido que mantengo una relación con Carmen.

-¿Carmen... la criada?

-(ASIENTA)

-Vaya, no sabía nada. Enhorabuena.

-Gracias, Felipe.

Eso es lo que esperaba que hiciera mi hijo,

que me diera su más sincera enhorabuena como usted.

A pesar de que ya no esperaba que la vida me diera una nueva oportunidad,

he de reconocerle que esa mujer

se está convirtiendo en el pilar de mi vida...

y comienzo a verla

como una promesa de felicidad para mi futuro.

¿Quién lo iba a decir?

-Le voy a confesar algo.

Le envidio.

No me veo capaz de...

encontrar a alguien que pueda sustituir a Celia.

-Yo no voy a olvidar nunca a Trini, no es eso.

Trini está y estará siempre en lo más profundo de mi ser,

pero creo que puedo volver a amar de nuevo

como lo podrá usted...

cuando el amor le llegue como una ola que lo arrastra todo.

-Ojalá.

Ojalá.

No sabe cuánto celebro que... volvamos a ser amigos,...

charlar con usted,...

lo necesitaba.

-Y yo, Felipe,... y yo.

-Esta respuesta está mal. No son 25 kilómetros por hora.

El tren sale de Bilbao a las cuatro y llega

a San Sebastián a las ocho.

Cien kilómetros.

Cien entre cuatro, 25. Veinticinco kilómetros por hora.

¿Yo qué te he dicho? Que para en Basauri,

en Eibar, en Zumaya y en Zarautz.

O sea, son cuatro paradas

de 10 minutos cada parada. Es que no sé

ni lo que me estás hablando.

De sitios muy bonitos que hay que ver.

Si son cuatro paradas de 10 minutos, son 40 minutos.

A cuatro horas le quitas 40 minutos y quedan tres horas y 20.

Si lo divides, te da a un kilómetro cada dos minutos, o sea,

30 kilómetros por hora,

no 25. ¿Y a mí qué?

¿Podemos dejar las clases para otro día?

Que parece que soy prisionera en mi propia casa aprendiendo cosas

que no me interesan, porque ni me interesa

San Sebastián, ni Bilbao, ni los trenes, ni las vías, ni...

A ti no te interesa nada. ¿Tú qué quieres ser,

una borrica toda la vida?

Sí, y me da igual a qué hora llegue el tren.

(Se abre y cierra una puerta)

A las buenas tardes. ¿Cómo van esas clases?

¿Usted sabe cuánto tarda un tren en llegar de Bilbao a San Sebastián?

Ni sabía que había un tren entre Bilbao y San Sebastián.

Pues se ve que hace paradas en Basauri y en no sé dónde más.

¿Y eso es lo que estás aprendiendo? Más te valdría aprender matemáticas,

digo yo. Yo venía a decirte

que la policía ha soltado a don Hipólito Pastrana.

-Se han dado cuenta que él no tiene nada que ver

con los billetes falsos. Era Victoriano culpable, ¿no?

Ajá, con un secuaz al que han detenido también.

Pues me alegro un montón.

Iré a hablar con don Hipólito,

que lo mismo quiere que actúe en su local.

¿Qué?

(Música francesa)

(Llaman a la puerta)

-Buenas noches.

Mi esposo no está, ha ido a cenar con don Liberto

al Nuevo Siglo XXI.

Es con usted con quien quiero hablar.

Pase.

¿Desea tomar algo? No.

No, no quiero molestarla.

Tome asiento y dígame.

No sé si le extraña mi visita.

Al parecer, todos los vecinos quieren hablar conmigo

y pedir disculpas por no haber ayudado a Samuel.

De haber sabido qué iba a pasar, todos le habríamos ayudado.

Eso no tiene vuelta atrás. Ya. Espero que sea lo que sea

lo que le llevó a él a esa difícil situación,

no la vaya a arrastrar.

Descuide, no hay ninguna amenaza sobre mí.

Alfredo se ha hecho cargo de todas las deudas.

No sé si sabe que durante mucho tiempo trabajé en la policía y...

tengo contactos muy apreciados allí.

No, no lo sabía.

¿Es esa la causa de su visita?

He oído hablar de un tal Cristóbal.

¿Y bien?

Sé que es una persona muy peligrosa

y que podría estar relacionado con la muerte de su esposo.

¿Qué sabe de él?

Creo que ha esperado a que Alfredo no estuviera en casa

para venir a hablar conmigo.

(Pasos)

-Estoy muy cansada como para andar recibiendo quejas.

-¿Cansada a estas horas? Si apenas acaba de amanecer.

¿No estará usted enferma?

-Podría haber sido más discreto. -Estás siendo insolente,

y no es tolerable.

-Lo que no es tolerable es que nos mienta para irse con Carmen.

-Te exijo que presentes una disculpa.

-No he dicho nada que no sea cierto.

-¿Cómo os va con Carmen?

-Pues... bien, es una mujer la mar de dispuesta, ya la conoce.

-¿Podría ser que anduviera en amores con don Ramón, por ejemplo?

-He estado mirando el reglamento militar de arriba abajo

y he descubierto que quedan exentos los que miden menos de 1,50

y los que pesan menos de 48 kilos. -Mides más que eso.

-Y aunque está usted flaco, tampoco está tan esmirriao.

-Obviamente, medir menos no puedo, pero sí puedo pesar menos.

-¿Cómo está la Marcelina? -¿Qué le he ha dicho el médico?

-Al parecer, el porrazo le ha trastocado el entendimiento.

-¿Pa qué llevas esa virgen? ¡Ah!

¿Pa presumir?

¿Os creéis mejor que los demás por oír las pamplinas

que dice un cura?

¡Vaya panda de hipócritas y majaderos!

Oídme bien a mí: ni Dios existe ¡ni la Iglesia sirve pa na!

-Una carta... de don Hipólito Pastrana.

Uy, uy, uy.

-Devuélvele ahora mismo esa carta a tu padre.

Va abrir otra vez el cafetín y quiere que la Dama del Misterio

actúe la primera noche.

Ni se te ocurra.

-¿Ha ocurrido algo con Genoveva? -Nada.

Eso le comentaba a Lolita, que ha vuelto más templada,

tranquila, comprensiva.

Su matrimonio con Alfredo le ha venido de perlas.

-Puede ser, pero a mí to esto me sigue pareciendo mu raro.

-"Abrevia, Fabiana," ¿adónde quieres llegar?

-Pues verá, Agustina y yo habíamos pensao, que lo mismo usté

puede terciar con doña Felicia pa que contrate a Úrsula

en el restaurante.

-¿Y cómo se encuentra su hijo?

Le estoy muy agradecida de cómo se comportó con mi hija.

-Se dice que atacó a Victoriano como si fuera un tigre.

-Qué pena no haberlo visto, todo el barrio comenta el suceso.

-No es para darle tanto bombo.

Úrsula.

Será mejor que siga su camino.

No te esfuerces, soy peor persona de lo que puedas imaginar,

hazme caso, búscate otra amiga.

-Ándese con ojo con doña Susana, que sigue como un perro de presa

a ver de qué se entera.

-¿Qué le importará a esa mujer a quién me arrimo?

-El barrio se ha hecho eco de lo duro que le diste a Victoriano.

-No era momento de lindezas. -Lo supongo, pero no quiero

que sospechen absolutamente nada sobre nosotros.

-Ya sé que le preocupa.

Nada, solo estábamos hablando.

-No es mi intención molestarle,... pero referente a Genoveva,...

hay algo que debería saber.

-Se me ha ocurrido una forma de aumentar los ingresos.

-Cualquier dinero extra será bienvenido.

-Pues he pensado...

organizar aquí sesiones de bailes de salón.

¿Qué le parece?

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Acacias 38 - Capítulo 1007

08 may 2019

Antoñito discute con Ramón por lo sucedido con el inspector militar, por su culpa tendrá que ir a África. La situación se agrava más porque el joven no acepta la relación de su padre con Carmen. Lolita intenta que su marido se disculpe con su padre, pero parece imposible.
Jacinto comenta a Servando el extraño comportamiento de Marcelina, ha tirado los crucifijos de casa y ha se dedica a dar discursos anticlericales sacando de las casillas Susana.
Bellita obliga a Cinta a no salir de casa, a partir de ahora Arantxa se ocupará de instruirla, pero sus enseñanzas caen en saco roto ya que la joven solo piensa en Emilio. Jose informa de que Hipólito ha sido liberado, Cinta quiere hablar con él para volver al escenario.
Alfredo presiona a Genoveva para que cumpla su pacto. Organiza un convite para estrechar lazos con los señores del barrio. Felipe trata de indagar en la relación del matrimonio e interroga a Genoveva sobre Cristóbal porque sospecha que se trata de un matrimonio de conveniencia.
Felicia advierte a Emilio de que el escándalo con don Victoriano no puede volver a suceder, no deben llamar la atención, el joven es recibido como un héroe en el barrio.

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  1. Francesca

    Aburridísima. La historia de Telmo terminó. Ya está .¿Ahora? ¿No volverá a pasar algo interesante?

    10 may 2019
  2. Liv

    De acuerdo con los comentarios anteriores. Osea, en dónde dice que para que una serie sea buena, tiene que haber puras tragedias y calamidades? Yo la veo desde el principio, siempre puntual a la hora, pero ya no, a veces pasan semanas sin que la vea, y la verdad es que no me pierdo de nada nuevo. Si la sigo viendo es porque me encanta la ambientación, vestuario, peinados, etc. y porque me encanta escuchar el acento español (soy mexicana), sobre todo el de los Domínguez

    10 may 2019
  3. María jose

    Hoy 9 de mayo no se puede ver los capítulos..., lo he intentado varía veces en todo el día y nada....y mi conexión está bien. Por favor solucionen, desde el sur de España

    09 may 2019
  4. Carlos

    La verdad que no se que mas van a inventar. Como dijo alguien por allí, en vez de matar a la sastra y a Servando. Como se les ocurrió matar a Lucia válgame Dios. No veo la hora en que se acabe esta culebra que a pesar de ser tan mala, me tiene enganchado.

    09 may 2019
  5. Marga

    Totalmente de acuerdo con las opiniones aquí expresadas: Manuela, Celina, Marta, Marilú... Por mi parte dejé de verla, cuando se fueron Telmo y el niño. Si coincide que la TV está encendida... , que estoy en casa, Y paso cerca... , Pero sentarme a verla como antes, no. El desenlace de Lucia, Telmo y el niño..., Que eran manifestaciones de la bondad..., me decepcionó mucho, que, unido a toda ponderación de la maldad imperante que ya venía observando..., Acabó cansándome sobremanera. Y mira que es una serie muy atrayente, distinta y mucho, por ese contexto, pero..., Lo que ya se ha dicho. Una

    09 may 2019
  6. ILIANA AMIEVA

    HOY 9 DE MAYO NO SE PUDE VER NINGUNA SERIE , NO SE CARGA LA PAGINA TIENE UN ERROR , MI CONEXIÓN ESTA BIEN , LOS VEO DESDE MÉXICO, FAVOR DE ARREGLAR ESTE PROBLEMA, GRACIAS.

    09 may 2019
  7. Gustavo Adolfo Casas

    La novela perdió interés cuando mataron a Manuela y a Germán. Actualmente tenemos que seguir aguantando a Servando y a la Sastra, deberian mandarlos a uno a Cuba y a la otra a Paris.

    09 may 2019
  8. Mabi

    Entre tanto drama, espero que Arantxa enseñe a Cinta, además de sus geniales problemas matemáticos con las ciudades vascas, hoy con sus ríos, alguno que incluya a sus islas y nombre la de Chacharramendi. Que también es el pueblo en el que nació mi padre en la Provincia de La Pampa en la República Argentina!!!

    09 may 2019
  9. Marilu

    Si me permiten mis colegas comentaristas,yo pienso que mas que aburridos, estamos HARTOS de calamidades, muertes, desencuentros, cotilleo, y un SIN SIN de desgracias y maldades, todo eso en mucha mayor proporción frente a las alegrías y buenos sucesos, Esto me indica que los que escriben los guiones son firmes candidatos al sillón del psicólogo quien se haría un festín con cada uno de ellos.- En cuanto a los personajes no me parece mal la renovación, pero vemos que entre los nuevos no faltan los DELINCUENTES, algunos de guante blanco, como Alfredo por ej. el que dudo tenga buenas intenciones. Personalmente espero que a Antoñito, el inmaduro, lo manden bien lejos, por mal aprendido, egoísta, desagradecido. etc. y lamento la situación de Carmen a quien don Ramón le debe una FIRME y definitiva decisión y declaración PUBLICA

    09 may 2019
  10. Marta Correa

    Para nosotros la novela perdió todo interés con la muerte de Lucía y la partida de Telmo con el niño. Nos deberían haber dejado, después del paso de los 10 años, disfrutar un poco de su amor.

    09 may 2019