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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1005 - ver ahora
Transcripción completa

-Será exento el hijo único que mantenga a su padre pobre

siendo este impedido o sexagenario. -¿Qué quiere, que mintamos?

-La realidad es que a día de hoy yo no tengo ningún ingreso

y cuando entré en prisión te transmití mis bienes,

y desde entonces vosotros dos me habéis estado manteniendo.

-La desaparición de doña Genoveva de un día para otro no es normal,

sin ir más lejos. -¿Qué le habrá sucedido?

Yo no me termino de quitar la culpa por no haberles ayudado.

¿Qué quiere? Vengo a advertirla.

¿A mí?

Sé que tiene algún tipo de relación con ese tal Victoriano.

Les he visto hablando alguna vez. ¿Y?

Es un falsificador de dinero.

¿Ya no sabe qué inventarse para venir a visitarme?

¿Ha devuelto la libreta que...

que birló?

-Todavía... no.

-Un teniente me ha hecho pasar a su despacho para entrevistarme.

-Los papeles no han sido suficiente.

-Me ha informado de que todo lo que yo alegaba en ellos

tenía que demostrarlo. -¿Demostrarlo?

-Alguien del ejército va a venir

para comprobar que todo eso es cierto.

-¿Quién es ese?

-Ese es el hombre que intercedió en comisaría

para sacar a Cinta de prisión. -Apenas le he visto de refilón,

pero me ha recordado a alguien.

-¿A quién?

-A un representante de artistas que conocí antes de irnos a América.

-¿Representante de artistas?

-Tenía cierta fama de tener las manos muy largas con las artistas.

"Querida Genoveva".

"Estoy convencido de que encontraremos una solución

para nuestros... intereses".

"Alfredo Bryce".

Cuénteme más, por Dios. Conozco al dueño de un teatro.

¿Y? Y está interesado en conocerla.

¡Sí! He quedado con él

en que iríamos a visitarlo mañana. ¿A qué hora la recojo?

Gracias por este regalo.

Nunca nadie me ha regalado algo tan bonito.

-Será mejor que nos marchemos antes de que alguien nos descubra.

Se ha colado aquí, ¿verdad?

Pues se ha terminado su suerte.

Vosotros, sacadla de la casa. No, no, no.

Ya.

Conozco a esta mujer.

Doña Genoveva.

Así que conoces a esta mujer, querida.

¿Qué hace en tu casa?

Eso lo vamos a averiguar ahora mismo.

¿Quién le ha dejado entrar? Yo, desde luego, no he sido.

Le ruego que me disculpe.

No tenía dónde guarecerme y...

cogí la llave de la portería. Comprenderá

que podría llamar a la policía para que la detuvieran.

Mando a que den aviso.

No, por favor, se lo ruego.

Como todos en Acacias,...

pensé que no regresaría, que se había ido para siempre.

Como puede comprobar, estaban equivocados.

No pensé que perjudicaría a nadie refugiándome aquí,

tan solo era por unos días.

¿Sabe?

Hace tiempo

yo también viví en esta casa.

Estoy al tanto, Samuel me lo contó todo.

Yo de usted me marcharía de aquí de inmediato.

Nada me causaría más placer que verla salir de aquí esposada.

Parece haber optado por darte el gusto.

Llamaré a la policía. No, no, aguarde.

Antes de marcharme,...

me gustaría hablar con usted.

Tengo algo que decirle.

Hable, mi paciencia se agota.

Preferiría hacerlo a solas.

Como desees.

Recoged el equipaje.

Si me necesitas...

Gracias.

Guárdese su agradecimiento, tan solo ha conseguido

despertar mi curiosidad. Tiene un minuto.

Estaba pensando que, ahora que ha regresado,

necesitará ama de llaves.

¿Tiene la desfachatez de ofrecerse para el puesto

después de allanar mi casa?

Tras la muerte de doña Lucía y la marcha de don Telmo

me he quedado sin empleo.

¿Y qué le puede hacer pensar que eso a mí me importe?

Pues que conozco la casa a la perfección.

Ya le dije que fui propietaria durante un tiempo.

No encontrará a nadie mejor que yo para el puesto.

Úrsula, ya le he dicho que Samuel me lo contó todo.

Sé todas las cosas horribles que hizo.

Me advirtió de que es una embustera y una manipuladora,

jamás la tendría a mi servicio.

No debería remover el pasado, señora.

Todas tenemos cuitas... de las que arrepentirnos.

Sepa que yo también sé muchas cosas de usted.

He descubierto algo que...

creo que no sería de su agrado que se supiera.

Entre las cosas que dejó en esta casa

he encontrado una carta de lo más interesante.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Hijo, ¿qué haces por la calle paseando como un loco?

-Yo qué sé, no puedo estar quieto. -Anda, vamos a la mantequería.

Pasa tú primero.

-Bueno, bueno, bueno, bueno.

¡Uy!

Antoñito.

Tranquilízate un poco, que la escoba no tiene la culpa.

-No puedo. Mañana viene el inspector

y dudo mucho que se crea que mi padre es un anciano.

-Tendremos que convencerle,

porque es la única manera que tienes para librarte.

-Pierde "cuidao",... la Fabiana nos va a ayudar...

"pa" asegurarnos que tu padre parezca un pordiosero.

Con perdón. -Descuida, Lolita, si no me ofendes.

Lo que no sé es en qué nos puede ayudar Fabiana.

-Ahora lo verá.

-A las buenas. Aquí traigo el ropajes.

-¿Ropajes, qué ropajes?

-La Fabiana nos va a ayudar a vestirle de manera "adecuá".

-Estos atavíos los han "dejao" los clientes "abandonaos" en la pensión.

-No me extraña que los hayan dejado abandonados en la pensión,

lo que me asombra es que hayan llegado con ellos puestos.

-Pues con ellos puestos va a parecer usted un "necesitao".

-Sí, o un vagabundo. No sé, Lolita, no...

no sé si quiero que mi padre se ponga esos ropajes.

-Tiene razón mi hijo,

una cosa es alegar que no tengo ingresos,

cosa que es bien cierta, y otra es que me disfracen de lo que no soy.

-Pues no nos queda otra.

Mi idea es que usted está tan ido, "pos"...

que no le importe vestirse tan "desarreglao".

Pruébese esta chaqueta. -No, no, esta no.

Mejor esta primero. -Fabiana,

espero que al menos las haya lavado.

-Nanay, don Ramón, no era conveniente quitarle ninguna verdad

al asunto. -Toma, hijo.

Esta no me entra.

-Bueno, a ver la otra, a ver la otra.

-Mire. Qué desastre. -Bueno, bueno,

a ver la otra, a ver la otra.

Toma, Lolita. Verá.

Verá esta qué bien.

Una mano...

Un brazo, venga. Otro.

Así.

Muy bien.

Y ahora, escúcheme.

Yo tuve un tío que se le fue la mollera,

así que ahora le daré instrucciones de cómo tiene usted que comportarse.

-Ah, que también pretendéis hacerle pasar por loco.

-¿Prefieres estar tres años en la mili?

-Sabes que si no voy es por principios, no por cobardía.

-Loco no, así como que se le van un poco las ideas.

Mira,

por principios o por finales no voy a permitir que me dejes sola,

así que le vamos a hacer caso a la Fabiana en "to".

-Habrá que hacer algo con el olor, ¿no?

-¿Le pica? -No, picar no, es que huele mal.

¿Querían verme?

Siéntate, canelita, queremos hablar contigo.

¿Aún les quedan ánimos para seguir regañándome?

¿O es que acaso no hemos tenido disgustos estos días?

-Jose, mira la niña. Cualquiera diría

que las discusiones que hemos tenido han sido por nuestra culpa.

-Templa, mujer.

Y tú siéntate, sin temores, que no va a haber más regañinas.

-Al menos, de momento.

Ustedes dirán.

Queremos que sepas que te vamos a poner una profesora particular

en casa, para que te cultive.

-Jose, que la niña no es ningún geranio,

de cultivarse nada.

Lo que tiene que hacer es aprender todo lo preciso

para ser una verdadera señorita.

¿Y a quién han contratado?

¿Otra tirana como madame Olenka o esta vez es una monja ursulina?

-No, ni una cosa ni la otra.

Es una persona que tiene toda nuestra confianza

y a quien conoces requetebién. Porque no es otra que Arantxa.

¿Nuestra Arantxa?

-¿Acaso conoces otra?

No sabía que aparte de chacha era institutriz.

-Aunque un poco ruda, es una mujer instruida.

¿Eh?

Cubrirá holgadamente todos tus estudios,

al menos los más elementales. -Más adelante

buscaremos otra profesora de más renombre.

-Por el momento ella se va a encargar de tu educación.

-Y también de atarte corto.

No te quitará ojo.

Sí, ya veo que a usted eso es lo único que le preocupa, madre.

Arantxa no me pasa ni una.

Pues vete acostumbrando porque eso es lo que hay y sanseacabó.

Mañana mismo empezarás las clases.

Anda, que vayas horas nos han "dao" hoy faenando.

Esto no es vida ni es "na". -No te quejes, Casilda,

y que no nos falte.

El trabajo es una bendición. -¿Ah, sí?

¿Y cómo consideran en su pueblo a una maldición, "señá" Agustina?

-Mira si no a Fabiana.

¿Crees que se queja por tener la pensión llena

gracias a todos esos sabios?

-Ya,... eso es verdad,

pero ganar el jornal "pa" una misma es harina de otro costal.

Mientras ella está trabajando "pa" ganar sus duros,

yo estoy... ahí, vigilando el principal

por capricho de mi señora. -¿Y qué se os había perdido ahí?

-Mire, es que...

oímos ruidos, y "pa" mí que en esa casa había alguien.

-¿Y era así?

-A saber.

Antes de que lo descubriéramos, llegó don Liberto abroncándonos

por andar escudriñando. -El señor hizo bien.

No es correcto andar... husmeando en casa ajena.

(Llaman a la puerta)

¿Se puede pasar? Úrsula, pase.

¿Cómo es que viene a estas horas por el altillo?

-¿Por qué no se ha "quedao" en casa de sus señores, los ingleses?

No existen tales ingleses.

Les he estado mintiendo,...

es falso que hubiera encontrado un trabajo.

¿Y por qué nos engañó?

Porque me da mucha vergüenza reconocer...

que nadie quería darme una ocupación.

Pero, y entonces, todo este tiempo

¿"ande" ha "estao" usted?

Pasé una noche al raso,...

Luego... se me ocurrió colarme en el principal

aprovechando que estaba vacío. Lo sabía.

Si es que lo sabía, por eso oí un ruido, porque había alguien.

Por desgracia, doña Genoveva...

ha regresado a su casa acompañada de un caballero

y me han echado con cajas destempladas.

¿Cómo dice?

¿Ha vuelto a Acacias, doña Genoveva?

Sí, y por el equipaje que han traído,

yo juraría que vienen para quedarse.

Y ese caballero que la acompañaba, ¿quién es?

Eso no lo sé.

Los mozos me han echado a patadas.

Lamento mucho haberles mentido, Dios mío, qué vergüenza.

Entre amigas no hacen falta tantas disculpas.

Descuide,... que nosotras le ayudaremos.

-"Pa" chasco que sí, y "pa" empezar, siéntese.

Yo lo voy a poner un caldito que le va a templar el cuerpo.

-No permitiremos que vuelva a pasar usted una noche al raso.

Gracias.

No se preocupe.

Entre todas la ayudaremos cuando haya un hueco en el altillo.

Gracias. Pase.

Siéntese.

-Lamento haberle molestado a una hora tan temprana.

-No, descuide, don Ramón, ya sabe que aquí su visita

es siempre bien recibida.

Siéntese, siéntese. -Gracias.

-Eso sí, le... veo algo preocupado.

Dígame, ¿qué quería contarme? -Venía a decirle

que mi familia va a recibir hoy la visita de un inspector militar...

para comprobar que soy un anciano

incapaz de valerse por sí mismo,

necesitado de los cuidados y de la manutención que me presta mi hijo.

Ya sé que no es un plato de buen gusto, pero es la única manera

que hemos encontrado para que mi hijo se libre del servicio militar.

-Comprendo.

-También quería pedirle que estuviese prevenido

por si acaso le precisamos para confirmar esta farsa.

Además de advertirle...

que no se extrañe usted si ve que me comporto

de una forma un tanto... extraña.

-No, descuide, amigo, ya sabe que a mí no me gusta nada

faltar a la verdad, y menos ante un inspector militar,

pero por encima de todo está la amistad.

-Se lo agradezco,

le confieso que me causa una honda vergüenza

actuar de esta manera,

pero no puedo consentir que mi hijo

se ausente durante tres largos años de su hogar

sin haberle podido ayudar.

-Don Ramón, no sabía que se encontraba en casa.

-Descuide, doña Rosina, solo he venido a contarle unas cuitas

a su esposo, ya me marchaba.

-No tenga urgencia, usted no se va sin antes contestarme.

¿Sabe algo del regreso de Genoveva?

Es que Casilda me ha contado que llegó anoche con un acompañante.

-Lo lamento, pero no sé qué decirle.

Antes de subir a verles, Jacinto me dijo que la viuda de Samuel

había regresado, pero no sé nada más.

-Lástima, tendré que informarme por otro lado.

Es que he andado muy inquieta por ella estos últimos días.

Bueno, quizás Susana o Felicia tengan alguna novedad al respecto.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Le apetece tomar un café? -Sí, gracias.

-Genoveva regresó ayer por la noche.

-¿Y no ha oído también que al parecer venía acompañada

de un misterioso caballero?

-No haga caso a todas las habladurías que escuche.

-Lo sé, cariño. Ve a recoger.

-Supongo que están hablando del regreso de Genoveva, ¿no?

-Nosotros y todo Acacias.

-Bueno, ¿y qué novedades tienen al respecto?

-Nada que usted no sepa. Que regresó por la noche.

-Y acompañada. -¿Ya está?

Eso no puede ser, alguien tiene que saber más.

¡Jacinto, Marcelina, venid!

-Jesús.

-¿Qué sabéis de lo que pasa en el principal?

Jacinto, por favor. Eres el portero del edificio,

tu deber es estar informado, tener contentos a tus vecinos.

-No creo que sea esa su obligación.

-Anoche vi entrar a unos mozos con unos baúles grandes.

-Mucho equipaje "pa" venir de visita, sí.

Habrá "venío" "pa" quedarse. -Bueno, ¿y eso qué?

¿Qué sabéis del caballero que venía con ella?

-Sí, me pareció ver a un hombre acompañarla,

pero les vi de lejos.

-Estamos buenos.

Anda que tú, Jacinto, llevas una rachita, ni siquiera se enteró

de que Úrsula birló las llaves.

-No me lo recuerde, que lo tengo "clavao" en el alma.

La Úrsula lo hizo fetén,

que me puso una llave muy parecida en el manojo.

-Bueno, por tu bien espero que no vuelva a pasar.

-Con Dios.

-con Dios. -A los buenos días.

¿Qué pasa hoy que anda el barrio revolucionado?

-¿Es que no lo sabe?

Genoveva ha regresado al barrio

y al parecer no lo ha hecho sola. -Pues muchas gracias, caballeros,

y que tengan ustedes buen viaje.

Pues sí,...

al parecer, Úrsula estaba guarecida en el principal,

cuando doña Genoveva y un misterioso acompañante

llegaron y la descubrieron.

-Quién la ha visto y quién la ve a Úrsula.

Qué desesperada tenía que estar para colarse en casa ajena.

-Al parecer, nunca trabajó "pa" ninguna familia inglesa.

Fue la vergüenza la que le hizo mentirnos.

-Fabiana, con respecto a doña Genoveva,

¿qué cree que debería hacer? ¿Opina usted que debo ir a verla?

-No tenga usted prisa por eso, mujer.

Hágase la no "enterá" y ya la saludará

cuando se la encuentre por la calle.

Además, usted ahora está en una posición bien distinta.

En cuanto se solucione el problema de don Antoñito,

ya verá como don Ramón formaliza su relación.

-Dios quiera que la treta que han preparado funcione,

y que el inspector se crea que Antoñito

tiene que cuidar a su desvalido padre.

-Más vale que así sea, que han puesto todas sus esperanzas en eso.

Servando, ¿qué hace usted con eso? Parece una bruja,

le falta la escoba.

-Calle, calle, que aquí llevo mi fortuna.

-¿No me diga que todavía sigue con la "tontá" esa de la alquimia

y cree poder convertirlo en oro? -No, esto es mucho mejor que el oro,

esto es guiso de castañas de Naveros del Río.

-Ha preparado usted una cantidad como para alimentar a un regimiento.

-Sí, pero de sabios, que se lo voy a poner de menú.

Mis buenas horas me ha "costao" de trabajo y de parné,

pero me lo van a quitar de las manos como los sabios que son.

-Por Dios,

¿no se ha "dao" cuenta que llevan toda la mañana dejando la pensión?

-Llegarán tarde al Congreso. -¿Qué congreso ni qué ocho cuartos?

Que ya ha "terminao", que todos están volviendo a sus casas.

-¡Maldita sea! No me diga que eso es verdad.

-"Pa" chasco que sí, y casi "tos" han "dejao" ya sus llaves.

-¿Y ahora qué vamos a hacer con tanto guiso?

-Vamos no, va.

Usted se ha "metío" en esto y va a salir solito,

que ya le advertí que se estuviera quieto.

Si es que no sé "pa" qué nos esforzamos.

Usted siempre encuentra la manera de derrochar el parné

que con tantos sudores nos cuesta ganar.

-No puedo evitarlo, que uno es emprendedor y no piensa en el parné,

piensa en el proyecto.

-Dejémoslo simplemente en que usted no piensa.

-Qué lástima que se vaya a desperdiciar tanta comida.

-No, que... lo mismo no se desperdicia.

¿Sigue aquí el científico que perdió la libreta?

No me diga que se ha "marchao".

-Mire...

-Déjense de elucubraciones,

¿no creen que el motivo por el que ha regresado Genoveva,

sea cual sea su acompañante, no nos concierne?

-Qué aburridos son los hombres.

Viene Susana, seguro que sabe algo.

-Se habrán enterado del regreso de Genoveva.

-Sí, doña Susana, sí. Con Dios, señoras.

-Al parecer, Genoveva aún no sale de su casa.

-Calla, que su vuelta no es la única novedad

que ha sucedido.

He descubierto un asunto sobre su antigua criada.

-¿Carmen?

¿Y qué puede haber curioso en esa persona?

Vamos, que no me lo imagino. -La vi acaramelada con don Ramón.

-Pero, Susana, por favor, ¿qué dices?

¿Cómo va a haber algo entre don Ramón y esa?

-Ya lo veremos. Te aseguro que voy a descubrir la verdad.

-Miren, hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

-Ese debe ser el misterioso caballero.

Buenos días, queridas vecinas. Buenas.

Buenos días. Qué alegría volver a verlas.

-Alegría... y sorpresa.

Quería aprovechar para agradecerles el interés

que mostraron por mí antes de partir.

Fue tan repentino que no pude ni despedirme.

Pues yo me alegro mucho de volver a verla, Genoveva.

Que sepa que hemos estado muy preocupados por usted.

-Va usted muy bien acompañada. En fin,

tengo que dejarlas, pero ya hablaremos en otra ocasión.

-¿Quién será ese caballero tan elegante?

-Me temo que no nos va a poner fácil descubrirlo.

(Llaman a la puerta)

Mira quién está aquí.

Si parece haberle cogido el gusto a venir a visitarme.

Se equivoca, no venía a verla a usted, sino a su padre.

¿Acaso le va a pedir mi mano? ¿No es un poco precipitado?

Descuide, por mi parte puede seguir conservando ambas manos

y el resto de su cuerpo.

Venía porque... (CARRASPEA)

ha llegado a mi restaurante un pedido de botellas de manzanilla

y quería la opinión de su padre.

Me consta que es un entendido.

¿Y no podría haberle esperado al verle pasar?

Algo me dice... que no es ese el verdadero motivo de su visita.

Bueno, también quería aclarar nuestro último malentendido.

No es necesario, me ha quedado todo muy claro.

Es usted un entrometido. No era ese mi deseo.

Lo único que quería era ponerla sobre aviso sobre lo que se comenta

de ese tal Victoriano.

Agradezco su interés, pero pierda cuidado, no hay nada que temer.

Don Victoriano, a parte de ser un caballero, es un profesional

en el mundo del espectáculo y nada tiene que ver

en asuntos turbios. De hecho,...

hoy mismo me va a presentar al dueño de un teatro

en el que probablemente actúe.

Bueno,... supongo que en ese caso...

debo felicitarla,...

y disculparme, pensaba que mis sospechas eran fundadas.

Pero, dígame,

¿qué teatro es ese? ¿Cómo se llama el dueño?

Me temo que no puedo satisfacer su curiosidad.

Don Victoriano aún no me ha dicho nada.

Ya veo.

¿Y qué ves, si puede saberse?

¿Por qué no se lo ha dicho?

¿Está segura de que ese teatro existe?

No sea tan suspicaz,...

seguro que tan solo quiere sorprenderme

y es un local de primer nivel. Ojalá sea así.

Tan solo le pido que tenga mucho cuidado.

Siempre lo tengo,

aunque estoy segura que en esta ocasión no hay motivo.

Ya. Con Dios.

-Pero ¿cómo puede tener ese hombre unas ideas tan absurdas, Carmen?

A la ruina me va a llevar con sus "tontás".

-Temple, Fabiana, que ya ha escuchado a Servando,

ha dicho que sabía cómo solucionarlo.

-Partiendo de él, peor puede ser el remedio que la enfermedad.

Caro me va a salir a mí ese guiso de Naveros, si no, al tiempo.

-Fabiana.

Carmen.

¿Os habéis enterado ya de las nuevas?

Acabamos de ver a Genoveva del brazo de un misterioso acompañante.

-Sí, algo habíamos oído, doña Susana.

-Sí, pero no sabemos nada más. -¿Y tú qué vas a hacer, Carmen?

¿Vas a volver a trabajar en el principal?

-Pues así de primeras no lo tenía previsto.

-¿Por qué no?

¿Acaso tienes otros planes?

-Ninguno concreto, seguir faenando aquí, en la pensión.

-Ya veo. Eres una caja de sorpresas, Carmen.

Un día trabajando en una casa, otro, en la pensión,

relacionándote, con unos y con otros,

hasta con los que no son de tu clase, como el señor Palacios.

-¿Por qué dice usted tal cosa, doña Susana?

-¿O vas a negarme... que no cuentas con su estima?

-Por supuesto que no. Es más, me agrada que así sea.

Siempre he estado convencida de que no tenía relación

con la muerte de doña Celia.

Y él... me ha agradecido esa confianza.

-En fin, no os entretengo más, ya seguiremos conversando

en otra ocasión.

-¿A santo de qué ha "venío" ahora tamaño interés?

-¿Pues no la conoce?

-¿Quién podrá ser ese hombre que le acompañaba?

-Es bastante más mayor que ella.

-Y dudo mucho que un hombre tan elegante y refinado

sea pariente de Genoveva. -¿Por qué no?

A mí me parece que la viuda es una mujer de bandera.

-No lo discuto, pero lo que se dice elegancia,

Genoveva no sabe ni lo que significa.

Bellita, usted y Genoveva son vecinas de rellano.

-Ya lo sabe, puerta con puerta.

-¿Por qué no va con su esposo a presentarse?

Así podrá indagar sobre la identidad de ese desconocido.

-Uy, quite, quite, no conoce usted a mi Jose.

No es nada amigo de esas cuitas. -¿Qué me va a contar?

Mi esposo es igual. Los hombres no saben divertirse,

-Uy, pues mire, precisamente aquí tiene al suyo,

puede reprochárselo en persona.

-¿Qué tienes que reprocharme?

-Nada que tú no sepas, querido, que eres un poco aburrido.

-Da gusto el recibimiento, ¿y eso por qué?

-Por no querer saber más de nuestros vecinos.

Yo estaba preocupada por Genoveva, me prohibió indagar.

Y ha llegado con un hombre que nadie sabe darnos razones de él.

-Sin ir más lejos, ese hombre.

-Ay, Liberto, ¿por qué no vas y te presentas?

-¿Yo? ¿Y por qué debería hacerlo? -¿Ves como eres un aburrido?

-No hace falta que vaya a presentarse,

ya lo están haciendo por él.

-¿El señor Palacios conoce al caballero misterioso?

-Eso parece. -Don Ramón,...

¿puede venir un segundo?

-¿Ocurre algo?

-Sí, ¿nos puede decir quién es ese hombre al que acaba de saludar?

-Contésteles, o no le dejarán tranquilo hasta que no lo haga.

-Ese hombre es ni más ni menos que don Alfredo Bryce.

-¡Alfredo Bryce!

Uno de los socios del Banco Americano.

-Pero ¿tú sabes quién es? -No, solo de oídas, Rosina.

Es uno de los empresarios más reputados de este país.

-Un hombre muy brillante, además de rico.

Tuve el honor de conocerle hace ya algunos años.

Se ha instalado en el principal.

-¿Qué relación puede tener con Genoveva?

-A eso no puedo contestarles, pero pronto podrán satisfacer

su curiosidad, porque a partir de ahora le podrán ver mucho por aquí.

-Padre, está a punto de llegar la visita que esperamos

y tenemos que prepararlo.

-Tienes razón, si me disculpan.

-Liberto,... ¿qué visita? -Cuente.

-Desde luego, las ocurrencias de tus padres me van a quitar la vida.

No tenía ya suficiente tarea, como para entretenerme dándote clase.

Si no te viene bien, podemos dejar las lecciones para otro día.

Sí, vas tú lista, guapita.

Lo que digan tus padres va a misa,...

porque yo tengo muy claros cuáles son mis deberes.

Y tú vas a tener también claros los tuyos.

Por ejemplo: Matemáticas. Venga, saca papel y lápiz.

Apunta.

¿Cuántos bueyes hacen falta para transportar 15 000 tejas

desde Santurtzi a Bilbao, si cada teja pesa medio kilo

y cada buey es capaz de transportar el doble de su peso,

que es de 483 kilos?

Ay, arrea, tata, ¡yo qué sé! Ni que yo fuera un bicho de esos.

-Oye, tú a resolver y punto pelota, venga.

¿No me podrías poner uno menos rebuscado?

Tenía pensado ir a dar un paseo.

-Ah, bueno, pues ya sabes, si quieres ir a pasear,

primero tendrás que resolver todos los problemas.

Problemas, ¿es que hay más? Hombre, tenlo por seguro.

Mira, ahora te voy a poner uno de esos que tanto te gustan de:

Sale un tren de San Sebastián y otro de Burgos, ¿cuándo se encuentran?

La respuesta es fácil, porque con los retrasos

que tienen nuestros trenes, bien tarde.

Menos chanzas y a resolver el problema, venga.

Señora, ¿sucede algo?

-Nada, Arantxa, sigue así, sigue así.

Me he encontrado en el portal con don Ramón Palacios.

¿Ya le conocías?

Sí.

Tuve el placer hace tiempo.

Es... un hombre...

extremadamente lúcido para los negocios.

Para su desgracia, no tiene las mismas habilidades

en otros aspectos de su vida.

No sé si estás al corriente de que estuvo años en prisión,

encarcelado injustamente.

Lamento escucharlo. ¿Por qué brindamos?

Por ti.

Te estoy muy agradecida por haber venido conmigo a Acacias.

No hay de qué.

Creo... que aquí estaré bien.

El piso es bueno.

Y el vecindario...

aceptable.

Mis vecinas deben estar rabiando, intrigadísimas,...

preguntándose quién eres y qué haces conmigo.

(RÍE) No te quepa duda.

al pasar frente a ellas,

he sentido como me escrutaban con la mirada.

Ya nos hemos divertido suficiente,

quizás sea el momento de hablar con ellas,

dejarles clara la situación.

Como creas conveniente. Sin duda, vas a sorprenderlas.

Hay algo que aún... no he tenido ocasión de preguntarte.

¿El qué?

¿Cómo te encuentras?

¿Te ha resultado... muy duro el regreso?

Menos de lo que esperaba, no temas.

Me alegra saberlo.

Voy a cambiarme.

Sé feliz.

No dejes que nadie te diga cómo debes vivir.

No permitas que te pisoteen.

Amor, no, por favor. Este mundo es despiadado,

más te vale que quedes por encima de él.

Y si tienes dudas,...

acuérdate de mí,...

porque ahí estaré,...

amándote, como te he amado en vida,...

amándote

más allá de la muerte,...

amándote hasta la eternidad.

Te quiero, mi amor.

Y yo.

Adiós,... No.

...Genoveva.

Samuel.

Samuel.

Samuel, no, despierta. Samuel, no te mueras.

¡Samuel! Samuel, no.

No, por favor. Samuel, no.

Por favor.

No.

-¿Y el Servando, "señá" Fabiana, "ande" está?

-Ni idea, Jacinto, pero por mi bien espero que esté bastante lejos.

-¿Se ha "enterao" de lo de doña Genoveva?

Anda "to" el barrio revuelto.

-Sí, sí que es bien raro que haya "aparecío" así de repente.

-Y tan bien "acompañá", por uno que dicen que es banquero.

-Yo de eso no sé "na", que una servidora se ha "pasao"

"to" el santo día faenando aquí en la pensión,

despidiendo científicos y arreglando cuartos.

-Pues se ha "perdío" "to" el chisme. -Ni ganas me quedan

de escuchar ni uno.

Tarde o temprano se sabrá por qué ha vuelto doña Genoveva.

En "to" caso, está en "to" su derecho de hacerlo.

El principal es su casa. -Ah, pues sí.

-Caballero. Caballero, que yo lo ayudo.

Traiga.

Gracias por todo.

-Pensaba que ya se habían ido "tos" los sabios.

-A mí lo que me extraña es por qué ese se lleva ese caldero consigo.

-Oiga, Servando. -¿Eh?

-¿Usted ha visto cómo ese caballero se llevaba su caldero?

-Sí, que ha pagado bien, por él y por el contenido.

Me ha "comprao" "to" el guiso de castañas

para llevárselo a su casa.

-¿Qué ha "comprao", "to" el guiso? -Sí que tenía apetito, sí.

-¿Ve, mujer de poca fe?

¿No le decía yo que iba a ser un éxito?

-Mire,...

no sé cómo lo ha "lograo" ni quiero saberlo, pero "tie" razón,

al final ha resuelto el embrollo. Traiga.

Lo mejor será que yo guarde el dinero, no sea que se le ocurra

otra forma de volver a derrocharlo. Coloque la llave y haga algo.

-Pues servidor sí que quiere saber cómo diantre le ha "convencío"

"pa" que se lleve "to" el guiso. -Pues eso es sencillo, Jacinto.

Vamos a ver. ¿No es sabio?

Pues sabe apreciar las cosas buenas.

-Sí, pero a mí no me la da con queso, Servando.

Que eso era mucho guiso "pa" llevárselo de viaje.

-Está bien, se lo diré, pero que no salga de aquí.

Le dije al hombre que he "encontrao" su cuaderno.

El hombre estaba "preocupao" porque había "perdío" su libreta.

-Normal, con las "cochinás" que hay "dibujás" en él.

-Claro, y me quiso comprar, pero yo le dije que prefería

venderle el guiso, así que "tos" tan contentos.

-Tenemos que darnos prisa, que el inspector está a puntito de llegar.

-Está usted perfecto, suegro.

¿Se quiere mirar en el espejo?

-Te aseguro que en este momento es lo que menos deseo.

-¿Qué, te parece que está suficientemente desvalido?

-Está "desbaratao", como si ya no mirara por su aspecto.

-Hijos, ¿no os estáis excediendo un poco?

Porque se trata de demostrar que dependo de mi hijo,

no que soy idiota. -Ablandar a un militar

es difícil.

Recuerde que tiene que parecer que está usted ido.

-Sí, lo recuerdo, pero ojalá se me hubiese olvidado.

-Pierda "cuidao",

bastará con que se exprese con dificultad,

y con que tenga la mirada... "perdía",...

ausente.

-Eso me saldrá bien, porque ojalá no estuviera aquí.

-Ya verá como todo sale bien. Tranquilícese.

-Hijo, ya sé que fue idea mía,

pero ahora me están entrando las dudas,

porque yo, además de mentir, se me da fatal, nos van a descubrir.

-Que no, que no, yo confío en usted.

Piense que es... un actor interpretando un papel.

-Pero eso es muy difícil. -Sin presiones.

Pero... nuestro futuro está en sus manos.

-Menos mal que era sin presiones.

(Campanadas)

-Es la hora. Va, va.

-Buenas. -Buenas.

-¿Ustedes también han recibido la nota de nuestra vecina?

-Sí, de hecho la estábamos esperando.

-¿Qué querrá decirnos citándonos con tamaña urgencia?

-Ni idea, pero me muero de ganas por saberlo.

-Usted y todas, que el asunto no puede ser más misterioso.

-Por fortuna, pronto saldremos de dudas.

-Genoveva ha dado aviso a todo el barrio.

-Su acompañante es un afamado banquero.

-No se habla de otra cosa.

La noticia ha corrido como la pólvora.

-Lo que nadie sabe es qué relación le une con Genoveva.

-Esperemos que sea una clase de parentesco,

si no, sería más que inapropiado que la viuda de Alday

estuviese con un hombre bajo el mismo techo.

-Por muy banquero que sea.

-Ahí vienen.

-Doña Genoveva, es un gusto verla. Es muy amable, don Liberto.

La verdad es que echaba de menos estas calles.

Les agradezco mucho que hayan acudido a mi cita.

-Nos lo agradece contándonos por qué nos ha citado.

-Ha sido a petición mía.

No quería pasar ni un segundo más sin conocer a los vecinos

y amigos de mi esposa.

-¿He oído bien, ha dicho... "mi esposa"?

Así es, les presento a Alfredo Bryce,

mi marido.

-¿Está más tranquilo, suegro? -No, hija,

¿para qué voy a engañarte?

-Intente serenarse, ya verá como todo esto acaba en un santiamén.

-Un santiamén que se me va a hacer muy largo.

-Lolita, igual estamos...

a tiempo de echar marcha atrás, no sé si quiero que mi padre

pase por todo esto.

-El inspector está a punto de llegar.

-Pero podemos quitárnoslo de encima con cualquier excusa.

-No, no, no, hijo, no me perdonaría en la vida no haberte podido ayudar.

Yo por ti sería capaz de cualquier cosa, hasta de mentir.

-Así se habla, suegro.

(Golpean la puerta)

Ya está aquí el inspector.

-Dadme un segundo. Todo va a salir bien.

(Golpean la puerta)

-Ya va, ya va. Ya va.

Adelante.

-¿Es usted Antonio Palacios? -El mismo, señor.

-Ha alegado ser el sustento de su padre para no cumplir

con la patria. -Afirmativo.

-¿Es este su padre? -Mi padre, señor.

-Es que el pobrecito no... no se entera de "na".

-Dejen que sea él quien responda a las preguntas.

-Dudo que pueda responder, porque como bien dice mi esposa

el pobre apenas dice nada con sentido.

-No le podemos dejar solo ni un suspiro,

por eso le traemos a la mantequería.

Él no tiene ningún tipo de recurso, por eso nosotros tenemos

que cuidarle como buenamente podemos.

-¿Puede entenderme? Soy teniente del Ejército.

Quisiera hacerle unas preguntas.

Aguarden un momento.

¿Pretenden hacerme creer que este hombre no tiene dónde caerse muerto

y lleva consigo un anillo que vale un dineral? ¿Qué está pasando aquí?

Hablen.

-Pero ¿cómo ha podido casarse tan rápido

estando aún templado el cuerpo de su esposo?

-A mí me gustaría proponer un brindis por los recién casados.

-¿No me ha escuchado, señor Palacios?

¿Por qué ha alegado que su padre es una persona insolvente

cuando he visto una sortija que cuesta más que mi sueldo?

-Pues... porque jamás

permitiría que mi padre, y aunque él mismo lo pretendiera,

pusiera ese anillo a la venta.

Perteneció a mi abuelo, y posee un gran valor sentimental.

-Cuando vienen mal dadas, no se puede andar uno con remilgos.

-¿Usted no tiene recuerdos de sus ancestros?

Precisamente cuando vienen mal dadas es...

cuando esos recuerdos, ese orgullo familiar,

nos hace mantenernos a flote.

Discúlpeme por haberme retrasado, don Victoriano,

pero no me ha sido fácil salir de casa.

Descuida, lo importante es que has venido.

Puedo tutearte ya, ¿no?

Perdone que le pregunte otra vez, pero no me ha dicho

el nombre del teatro.

Bueno, enseguida lo descubrirás, no quiero estropear la sorpresa.

Pero ¿por qué muestras ahora tales reparos?

¿No desconfiarás de mí?

No, no, no es eso.

No, no es eso, pero sigues sin subir al coche.

No esperaba tal trato de ti, Cinta.

¿No te he dado suficientes pruebas de ser paciente y gentil contigo?

¿O es que acaso no quieres hacer la prueba?

No, no, claro que quiero hacerla. Pues sube al coche,

dentro ya te contaré adónde vamos, no temas.

Por un momento, creí que te echabas atrás.

Menos mal que no lo has hecho porque eres una gran artista,

y muy bella.

Ya estoy dentro, ya me puede decir cómo se llama el teatro, ¿no?

Volvemos a las mismas.

No seas impaciente, ahora lo sabrás,

pero primero deberías darme algo a cambio.

Es lo justo.

¿Y qué quiere?

Templa, mujer, nada de enjundia,...

tan solo una pequeña prueba de tu amistad.

Yo he hecho mucho por ti,

qué menos que agradecérmelo con un beso.

Pero ¿cómo se atreve? Pero ¿por quién me ha tomado?

Ábrame la puerta de inmediato.

Se lo ruego, por favor, ábrame la puerta.

Sí, claro, en un ratito, cuando terminemos.

Es que...

eres tan bonita.

-Le presento a doña Felicia, dueña del restaurante y anfitriona nuestra

esta tarde, y su hija Camino. -Un placer conocerla, señora.

Eres preciosa, jovencita.

-Un placer, don Alfredo.

-Doña Rosina, mi amada esposa.

-Es usted un hombre con suerte.

A sus pies, señora.

-Encantada de conocerle.

-Doña Bella del Campo, ilustre artista, y su marido,

don José Domínguez, también un reconocido guitarrista.

-Jose. -Perdón, perdón, Jose.

-Doña Bella no necesita presentación, la he admirado

desde que tengo uso de razón.

Encantado de conocerla. -Encantada.

-Mucho gusto, don...

Jose.

-Un gozo, caballero.

-Acompáñeme, don Alfredo.

Permítame presentarle a mi tía, doña Susana,

viuda de Séler. -Ah. Viuda de Séler.

¿No tendrá usted que ver con el afamado sastre?

-En efecto.

Era mi adorado esposo,...

que Dios lo tenga en su gloria.

-¿Quién me iba a decir que en esta pequeña reunión

agruparía personas tan insignes? -Y ya solo me queda presentarle

a nuestro ilustre abogado, don Felipe Álvarez-Hermoso.

-Lleva usted razón, don Liberto. He oído hablar mucho

y bien en los pasillos de los juzgados.

-A mí también me ha llegado su fama en las finanzas.

-Y esto es todo.

Creo que hablo en nombre de los caballeros

y le invito a que participe en nuestras tertulias.

-No faltaré, ténganlo por seguro.

-Y si un día se aburre de la política, se sienta con nosotras.

(RÍEN)

-Siempre está bien tener un puerto seguro

y cálido donde reposar. Muchas gracias, señoras.

Al final,...

me tendrán que devolver

a la tertulia de lo mucho que las frecuentaré.

(RÍEN)

Gracias, Camino.

Sí, mucho,

mi esposo es un gran hombre. Tengo que volver con el grupo.

Alfredo, cariño,

lamento separarte de nuestros vecinos,

pero se hace tarde. Qué pronto se acaba lo bueno.

Señoras,... debo prescindir de su presencia.

-Vaya, que ya tendremos tiempo de conocernos mejor.

-No lo dude. Para demostrar que mis palabras no son mera cortesía,

les convoco a una tertulia en mi casa.

Ya les diré el día y la hora. -Será un placer, don Alfredo.

-Dígaselo también al señor Palacios. Bueno, a los dos señores

Palacios: padre e hijo.

Doña Felicia,... ábrame una cuenta

en su establecimiento y haga el primer apunte

con este gasto.

-Agradecidos. -Gracias.

-Muchísimas gracias.

Un placer.

-Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

Venga, vamos a ese teatro y pelillos a la mar.

¡Que me abra la puerta, que yo no me voy con usted!

Yo no estaría tan segura.

Algún día me lo agradecerás.

¡Auxilio! ¡Socorro!

-Voy a hacerle algunas preguntas para el peritaje.

Responda con sinceridad.

-Había pensado que Genoveva haya buscado protección

contra los asesinos de don Samuel. -Pues no está mal visto eso.

A ver, ¿quién se atrevería a lastimar a la mujer

del reputado banquero don Alfredo Bryce?

¿Cuánto tiempo me van a tener aquí?

No mucho, no desesperes.

Luego hablaré con el comisario y le intentaré explicar

la injusticia que se está cometiendo.

¿Le han dicho cuándo volvería?

No. Ya sabe cómo son los guardias:

tienen a gala ser de barbilla alzada.

-¿Significa que ya ha terminado? -Me temo que sí.

-¿Y qué va a decir?

-¿Dónde se habrá metido Cinta?

-He venido a proponerte que, cuando acabemos el almuerzo,

me acompañes para...

hacer la presentación oficial como mi prometida.

¿Qué te parece?

-¿Que qué me parece? Que me priva.

-Emilio, hijo, pero ¿qué ha ocurrido?

-Cosas de poca monta, madre, no lo hinche usted.

-¿Hincharlo?

Dicen que le has dado una somanta a ese caballero.

-¿Caballero?

El único caballo que ha montado ese es el del tiovivo.

-Te ha denunciado y está en su derecho.

¿Por qué le pegaste? -Deberías contratar servicio.

Por el momento prefiero encargarme yo de la casa,

no quiero a nadie metiendo la nariz en nuestros asuntos.

Me parece una buena idea.

¿Qué te pasa, mi niña?

Tengo que hablarles. -Ni que te lo hubiéramos vedado.

De Emilio.

-¿De Emilio?

¿Qué tienes que ver con el del restaurante?

-Ahí va.

-Pero ¿cómo...? -"Cuidao".

Dios mío. Que...

que la he "desgraciao".

-¿Entonces ha decidido ya el juez? -Todavía no,...

pero parece que pintan bastos y que irás a juicio.

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Acacias 38 - Capítulo 1005

06 may 2019

Genoveva sorprende a Úrsula en su casa y la expulsa. Úrsula agacha la cabeza y reconoce ante las criadas que les mintió, no tiene trabajo ni alojamiento. Agustina la acoge en el altillo.
Antoñito y Lolita planifican cómo engañar al inspector militar. Pero un error les delata y el inspector sospecha que la situación de Ramón no es tan mala como le quieren hacer creer.
Emilio visita a Cinta para pedirle perdón por entrometerse en su vida, aunque le recuerda sus sospechas respecto de Victoriano. Sospechas que ser confirman cuando este la encierra en el coche que los llevará al teatro y le exige un beso a la muchacha.
Susana sospecha de la relación entre Ramón y Carmen. Pero la criada lo niega todo.
Buena relación entre Ramón y el nuevo vecino: Alfredo Bryce, un importante banquero. Aunque la gran sorpresa llega cuando Genoveva lo presenta como su marido.

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  1. Mabi

    Susana....in so por ta ble!!!!!!Rosina... In so por ta ble!!!! Felicia.... In so por ta ble!!! Que trío tan insufrible, metidas hasta en la sopa de señores y ex criadas... Ya Carmen le podría haber puesto los puntos, ella no le debe explicaciones a nadie y menos a la falsa beata!!!! Albricias por tener a Arantxa de " institutriz" de Cinta, los problemas que le ha puesto a resolver me encantaron!!! No se si aprenderá matemáticas pero aseguró que sí, las localidades Vascas!!!! Enhorabuena por tener y darnos ese aire de respiro con la familia Domínguez!!!!

    08 may 2019
  2. Susana

    Felicia, que pavisosa, que beatilla, que marujona y cotilla. Caldo de cultivo junto con doña Susana, petarda total y doña Rosina gritona insoportable. Bella del Campo y familia, son la alegría de la huerta.

    07 may 2019
  3. Felisa

    Viendo el capítulo de hoy no sabía si escuchar los diálogos, leer debajo de la pantalla. (y que aparecen y desaparecen ) diálogos que son de otro capítulo al igual que la " transcripción completa " que aparece al costado de la pantalla y que tampoco corresponde a este capítulo, el 1005,. Por otro lado que mala persona me parece Genoveva, con aires de señora,de superioridad, cuando...................... en fin !!!!

    07 may 2019
  4. Marilu

    Que insoportable es Rosina, con su insistencia enfermiza sobre la vida y obra de Genoveva, y ni hablar de su " curiosidad " exacerbada por saber quien es el acompañante , y que no argumente que es por remordimiento, eso no se lo cree ni el Papa de Roma;y su esposo un mequetrefe que no se anima a ponerla en cajas de una vez por todas; entre ella, Susana y Felisa no se quien es peor, son las METOMEENTODOSINQUEMELLAMEN ,las que en mi país llamamos las " CHUSMAS DEL BARRIO "

    07 may 2019