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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1068 - ver ahora
Transcripción completa

Me da igual tu pasado.

-Solo pido tiempo, un poco más de tiempo.

-Todo el tiempo que necesites.

-He pensao que lo que le hace falta a Cinta

es llevarse un alegrón y salir al escenario.

Nos vamos a mudar a otra casa.

-Ahora me viene bien tener a Carmen cerca con la que se me viene encima.

-No nos vamos a ir a otro barrio, será por aquí cerca.

-¿Dices que hay verbena por ese santo?

-Eso me han contao en el altillo.

-Pues hay que intentar que la niña actúe pa los vecinos del barrio.

Dices que no me amabas, pero tu cuerpo no mentía.

Eso no es amor, el amor lo guardo para otra mujer.

-"¿Ha hablado con ella?".

-No sé qué decirle, Carmen.

Me da un encogimiento aquí...

Como si la buena de Agustina roncara a posta.

Ahora solo quiero recuperar a Felipe.

Creo que está con otra mujer.

¿Con otra?

Si consigo acabar con ella,...

Felipe volverá a mi cama.

-Es de María Luisa, espero que no sean malas noticias.

"Víctor y yo tenemos muchos compromisos,

pero haremos lo posible por asistir

y llevar a Milagros con nosotros".

Camino me lo ha contado. No debería haberte dicho nada.

Era la única forma de que yo lo comprendiera y lo aceptase.

Nunca dejaré de amarte.

Ni yo a ti.

En cuanto el concejal ha sabido que Cinta

es la hija de la gran Bella del Campo, se ha deshecho en elogios.

¿Y ahora qué hay que hacer? -Prepararlo todo.

Que no se entere la niña. Que sea sorpresa.

-Me han dao en el mercao una hierba pa evitar que Agustina ronque.

El problema es que es mu amarga y ella no la va a querer tomar.

-Eso es bien sencillo, señá Fabiana,

le echamos a la infusión cucharadas de azúcar,

que a nadie le amarga un dulce. -"¿Qué es esto?".

-Una cena de honor para mi futura esposa.

Usted no puede romper su compromiso con Angelines, ¿no?

-Pero nada impide que sea ella la que rompa el compromiso.

-¿Por qué habría de hacerlo?

-A lo mejor pueda ayudarle de alguna forma.

-Prepárese,

porque le espera una noche llena de sorpresas.

-¿Ah, sí? Me muero de ganas de descubrirlas.

Yo creo que estás enamorada de don Felipe

y él no lo está de ti.

-Él está enamorado de mí.

Pero eso es maravilloso, Marcia. -No, Casilda.

Tengo miedo.

No quiero que la gente lo sepa, no sé qué hacer.

Le he pedido tempo para pensar.

-Un poco altanera pa ser criada. -¿"Altanera"?

-Sí, como soberbia,

chula, vamos.

-No, chula es como creída, ¿verdad?

-Una pizca.

No, no chula. No es orgullo,

es que no sé qué responder.

-Sí, hija, si estás en tu derecho. No sé cómo se lo tomará Felipe,

que no está acostumbrao a que le den de lao.

-Yo no le doy de lado.

Tú lo sabes, yo le quiero.

-¿Y entonces?

-Tú dijiste que tuviera cuidado.

-Toma, porque creía que don Felipe

solo quería encandilarte, pa luego, si te he visto no me acuerdo.

Pero quiere que seas su novia formal.

Mira, Marcia,

si yo fuera tú,

me liaba la manta a la cabeza y le decía que sí,

aunque solo sea por ver cómo termina esto.

No, no puedo.

¡No puedo, no puedo!

-Mujer, no te pongas así, que no es pa tanto.

-No hablamos más de eso, ¿sí?

-Como quieras.

Pero, le has pedido tiempo pa pensar, algo tendrás que cavilar.

Hale, mañana será otro día.

No dejes de tomarte el caldo,

que no te va a sacar del apuro, pero te entonará la barriga.

Que descanses, rompecorazones. -Buenas noches.

¿Por qué me lo has ocultado?

¿El qué?

¡No te atrevas a jugar conmigo!

¡Has engatusado a don Felipe!

¡Te has liado con él! Yo no lo busqué.

¡Me importa un bledo quién lo buscará,

¿por qué no me tenías al tanto?!

No sabía que él...

Yo no sabía que él me pediría "relacionamento".

¿Sabías que ese picapleitos quería seducir a doña Genoveva

solo para humillarla?

¡No, no! ¡Juro que no!

Si me entero que estás engañando, lo pagarás.

¡No sabía, no sabía!

Lo averiguaré, puedes estar segura.

Ahora no tengo tiempo para ti.

He de atender a mi señora.

No vuelvas a hacer nada a mis espaldas.

O me conocerás,...

conocerás mi inclemencia.

(Sintonía de "Acacias 38")

Hacía siglos que no probaba una carne tan tierna.

-Como tu mirada en este momento.

-¡Zalamero!

El pescado también estaba delicioso.

-Me alegra que te haya gustado, pero el mérito es de Felicia.

-La felicitaré.

-Espérate al postre.

Creo que ha hecho uno especial para esta ocasión.

Ni lo tiene en la carta del restaurante.

-Ramón,... soy tan feliz.

-Y yo.

-Solo lamento mi facha.

Deberías habértelas ingeniado para dejarme tiempo antes de la cena.

Habría venido arreglada para la ocasión.

-Si supieras lo poco que me importa eso.

Además, estás perfecta, como el menú.

-Sí, claro. El amor es ciego, pero no tanto.

Tengo ojos en la cara. -Te quiero.

-Y yo a ti.

-Si te he sacado un beso ahora, espérate al final de la cena.

-¿Por qué? -Por nada.

-¡No seas bobo!

¿Por qué? -No puedo decir nada, es sorpresa.

-Dímela, dímela, por favor.

Por favor.

-Está bien, está bien.

¿Te acuerdas que una vez, en nuestro callejón, en el banco,

me contabas de un lugar al que llevabas a Raúl

cuando era todavía un crío?

-Sí, la laguna de las Aguas Claras.

Dios, hace una vida de eso.

Todavía poseía mis rentas. -Me decías que...

al pie de la colina,

con una fachada que daba a la laguna, había una casa solariega.

-A Raúl y a mí nos gustaba sentarnos en el porche

y esperar a que el sol se pusiera tras las montañas.

-He hablado con los propietarios.

-¿Para qué?

-Para celebrar allí nuestra boda.

El convite, vamos.

-¡No es posible! ¿De veras?

-Y alargaremos el almuerzo hasta el anochecer.

-¡Ramón!

-Y cuando los invitados se vayan...

nos quedaremos tú y yo a solas

mirando cómo la luna se refleja en la laguna.

-¿No resultará muy oneroso?

-¿No lo pagaremos con gusto?

Además, tampoco haremos una boda palaciega.

Solo seremos la familia y los amigos más íntimos,

si no te parece mal.

-Será más entrañable, pero... decepcionarás a tus clientes

y desatenderás compromisos.

-Eso poco me importa. Estaríamos más cohibidos.

Ese día quiero que hagamos lo que nos salga del corazón,

que nos sintamos libres los dos,

que sea nuestro día, y no el día de los demás.

-Sea.

Parece que Lolita vuelve a estar de mi parte.

No se fíe, ni siquiera ha venido a visitarla y darle el pésame.

Pero me manda ánimos.

Esa muchacha es todo corazón.

También es un animal.

Doméstico.

Por eso precisamente, si me la gano,

podría serme fiel como un perrillo de aguas.

Que también puede dar mordiscos.

Ya me cuidaré yo de no provocarla.

No sea usted tan descreída, tenga un poco más de fe en la gente.

Nadie me ha dado motivos para confiar a ciegas en ellos.

¿Ni siquiera los vecinos de Acacias y sus criadas?

Los que menos.

Pues ya tiene usted que ser intratable.

Son de lo más... inocente.

No esté tan segura de ello.

Sí, mujer, sí.

Incluso conmigo han sido incapaces de una ruptura absoluta.

Ya empiezo a notar síntomas de acercamiento.

¿Hacia usted?

Van suavizándose, hasta diría

que quieren perdonarme.

Mi segunda viudedad les ha conmovido.

Podría ser.

Los vicios de don Alfredo eran de clamar al cielo,

y ellos son muy beatos. Y yo una víctima más,

como ellos con la estafa,

o como los amantes de mi marido molidos a golpes.

De todos modos, no se relaje usted.

Son presos de las convenciones sociales,

no piensan por sí mismos.

Al igual que hoy se enternecen por su sufrimiento

bajo su perverso marido,

mañana pueden escandalizarse por la forma en que vive su vida.

Está bien que se preocupe usted, Úrsula,

eso hace que esté más atenta.

Pero que la prudencia no nos paralice.

Piensen lo que piensen,

hagan lo que hagan, nosotras lo veremos venir, ¿no es cierto?

Claro, señora.

Siempre sabremos con antelación lo que traman.

¿Y por qué está angustiada?

¿A mí? No, señora, no estoy angustiada.

Se equivoca usted.

¿Hay algo que no me haya contado o no me quiera contar?

Nada, señora,

no recele,

lo nuestro no funcionaría si no confiáramos la una en la otra.

Por eso sería mejor que me contara lo que le perturba.

No es nada, señora, tal vez cansancio,

los últimos acontecimientos han sido muy duros

y la tensión tiene que salir por algún sitio.

La creeré.

Al menos por ahora.

Huele muy bien ese café. -¿No has desayunado?

¿Quieres que te prepare uno? -No,

me bastará con un sorbito.

Gracias.

¿Quieres algo o es que no andas muy despierto?

-¿Tienes un momento?

-Ya sabes que a madre le gusta tener todo listo.

-No te retrasaré mucho.

Cinta me ha dicho que le contaste lo que ocurrió en Valdeza.

-Me daba mucha pena que creyera que estabas jugando con ella.

¿Estás enfadado?

-Sigue siendo muy peligroso.

Lo sabes, ¿verdad?

-Cinta te quiere, no contará nada, seguro.

Dime que no estás enfadado.

-No, no lo estoy.

Sé lo mucho que me quieres

y me alegra comprobar que quieres a Cinta.

-Claro.

-Muy buenas.

¿Quién me prepara mi café mañanero?

-Voy en seguida.

-¿Qué tal, Emilio?

¿Ha pensado en lo que hablamos ayer?

-No he hecho otra cosa en toda la noche.

-¿Y?

-Sigo sin estar muy convencido.

-Al final, se hará lo que usted decida, pero permítame que insista.

Si hacemos lo que yo le dije,

será la propia Angelines la que rechace el compromiso.

-No estoy segura de que mi hermano pueda resultar creíble en esa farsa.

-Tendrá que hacer un esfuerzo.

-Es demasiado buena persona. -Estoy aquí.

-Sé que es buena persona, además de bien parecido.

-Por favor...

-Hay que ser todos conscientes de la situación

y llamar a las cosas por su nombre.

Es usted atractivo,

educado y, un buen partido para Angelines.

-Ella no está enamorada de mí. -Lo sé.

Para ella, la influencia de su padre, la coacción,

es algo muy difícil de eludir.

-Hasta imposible.

-Ya.

Pero al final, Angelines, enamorada o no,

no va a rechazar el compromiso.

Tampoco es que su padre le mande a galeras.

Hace que se case con un hombre noble, galante,

y que le asegure una buena vida. -Una vida sin amor.

-Pero una digna y segura,

y sin preocupaciones económicas, que es más de lo que pueden decir

las mozas de su condición. No se va a casar con un patán.

-Con el debido respeto, insisto:

dudo que Emilio pueda fingir

ser alguien tan distinto a su natural.

-Saldrá bien, Camino.

Solo tiene que ser egoísta, despectivo y grosero.

Ese patán del que hablamos. No le será muy difícil, ¿no?

-Hombre, gracias. -Emilio,

no le será difícil si le pone empeño,

y debe esforzarse si de verdad ama a Cinta.

-Quizá Angelines lo rechace, pero con Ledesma no será tan sencillo.

Quiere emparentar con nosotros.

-Ledesma es mucho Ledesma, pero pónganse en su lugar.

Por mucho dinero que le deban,...

no va a condenar a su hija a casarse con un zote

que no le da cariño.

-Inténtalo.

-Tú me conoces muy bien,

y dudas de mis posibilidades.

-Sí, dudo, no te voy a engañar,... pero no tienes nada que perder.

-No lo sé, no estoy convencido, no lo sé.

Se le habrán pegao las sábanas.

-No seas ansias,

que no es Agustina mujer de quedarse en cama si no es por necesidá.

-La gente cambia. -Agustina no.

Pues se está usté animando.

-Buenos días.

-Vaya, Agustina, no parece usté mu descansá.

-He pasado una noche regular, tirando a mal.

-Éramos pocos y parió... -(RÍE)

Agustina, pues mire,

estábamos hablando de qué regalarle a Carmen por su boda,

¿verdad?

-Sí. -¿Hay alguna idea?

-Pues todavía...

ninguna que valga la pena.

-Es mu difícil regalar a quien lo va a tener to.

-No ha de ser de valor, miquitusa.

Tie que ser algo que le recuerde a sus tiempos de chacha,

a sus tiempos, mismamente aquí, en el altillo.

-Una palangana descascarillá.

-Dejad que le dé yo un par de vueltas, algo se me ocurrirá.

¿Cómo van tus señores con su segunda luna de miel?

-Pues encandilaos.

Más dulces, y se podría hacer confitura

con las miradas que se echan.

Hmmm...

Señá Fabiana, qué sabor tiene esta infusión.

Ha dao en el clavo.

-Voy a preparar algo para desayunarme.

-Pruebe usté el cocimiento de la señá Fabiana, resucita a un muerto.

-Entonces, lo probaré cuando esté en el brete.

-Hace usté mal.

A lo primero, porque eso es un desprecio pa la señá Fabiana,

y a lo segundo, porque cuando lo pruebe, se lo agradecerá.

-Pa chasco que sí, Agustina.

Ande, cátela, cátela.

Además, la leche que nos venden está aguá,

está pócima tiene más consistencia.

Y dicen que da brío,

con una taza, te friegas la casa de arriba abajo.

-En eso no exagera ni una miaja esta miquitusa.

Llevo dos días pimplándomela y me hago las camas de dos en dos.

Hasta se me ha olvidao mi padecimiento por la reuma.

-¡Ay!

¡Ay, la virgen bendita,

esto es el amargor que le dieron a Cristo en el madero!

-¡Que no, mujer, que aquello era vinagre!

-Pues tuvo suerte. -Agustina, es usted una exagerá.

Es verdad que no sabe a tocino de cielo, pero se deja beber.

-Mire, mire...

El segundo buche sabe mejor. Tenga.

-¡Quite, quite, ni al segundo ni al quinto!

¡Cómo se va a acostumbrar una al agua del albañal!

Sí. Sí, lo que usted diga.

De acuerdo, gracias.

(SUSPIRA)

Buenas, doña Susana.

Deje que me siente con usted,

que si los hombres tienen derecho a fumar en el trabajo,

nosotras también podemos pegar la hebra un rato.

-Diga usted que sí.

-Necesito hablar de lo que sea, dejar de darle vueltas a las cosas.

-Pues no la defraudaré. -¿En una la charla? Usted nunca.

Y anda que no hay que contar.

¿Le han invitado al enlace de los Palacios?

-Sí. Y por todo lo alto. Con excursión incluida.

-A la laguna de Aguas Claras, nada menos.

-Debe ser un paraje espectacular.

-Y más si lo conoces de gratis, que diría Rosina.

-Me muero de ganas de ir. -Es todo un señor don Ramón.

Y sin cicaterías.

Le va a salir por un riñón el convite.

Bueno, mujer, normal, no se casa uno todos los días.

¡Ay, calla, que el Palacios ya lleva tres!

-(RÍE) Qué ocurrencias tiene usted, doña Susana.

-Qué distraídas que se las ve.

-Doña Susana, que es la monda.

-Aquí tie los ramos que me pidió.

-¿Son para la boda?

-No, para adornar el salón.

Aurelio, por favor, mete estas flores en el restaurante.

-Hablando de bodas,

a nosotros nos ha invitao la Carmen.

Bueno, la señá Carmen dentro de poco.

-¿A todos?

-A los más allegaos.

¿Y a que no saben lo mejor? ¡Iremos tos en el mismo ómnibus.

¡Con ustedes!

-Madre del amor hermoso.

¡Va a ser un jolgorio el viaje!

Allí, tos cantando...

-¿Vais a cantar?

-Desde que pongamos un pie en el estribo.

-Es lo que se hace en las excursiones.

Cantar y comer. -¿Vais a comer?

-A dos carrillos.

Jacinto está preparando unos quesos, que no van a caber en el macuto.

-¿Vais a llevar macuto?

-Pos claro. ¿Ande si no vamos a llevar los petardos?

-¿Vais a llevar...? Déjalo.

-Me marcho, que tengo una reunión.

Ya verán lo bien que lo pasamos. Eso sí,

no viajen con el mismo vestido del convite,

que el olor a queso se pega a la ropa que da gusto.

Con Dios. -Con Dios.

-Doña Susana, siga hablando, que ya rezaremos luego en la novena.

-Le estaba pidiendo al Señor paciencia

y un ingreso inesperado para coger un coche

hasta la laguna de Aguas Claras.

Espero que no tengan alguna costumbre popular que las enturbie.

-No sea usted cicatera, que un día es un día.

Se me va a hacer eterno.

-¿Ya lo que va a ponerse?

¿Para la boda o para ese viaje infernal?

(RÍEN)

Gracias por alegrarme el día, doña Susana.

Me ha aliviado de mis preocupaciones.

-A mí no.

-De verdad...

Hace un día precioso, ¿verdad? -Muy bonito, sí.

-¿Y lo dices así,

sin mirarme siquiera?

-Lo siento, estaba trabajando y no me he dado cuenta.

-Yo tampoco te había escuchado.

-He tenido cuidado para no incomodarte.

-Marcia,...

tú nunca me molestas, ¿me oyes?

Nunca.

Saberte cerca me alegra.

¿Has pensado en lo que te dije?

-(ASIENTE) -¿Y?

-Felipe, no quiero hacerte daño, que te sientas rechazado.

-No intento apremiarte,

te prometí tiempo y lo tienes.

-Lo siento mucho.

-No tienes por qué sentirlo.

Lo que sí me gustaría saber es,...

¿por qué tienes tanto miedo e indecisión?

-No puedo.

-Marcia,

te quiero.

Te quiero mucho.

Yo mismo estoy sorprendido de lo mucho que te quiero,

y solo quiero ayudarte.

¿Qué te atormenta?

Quizás, hablar conmigo te pueda aliviar.

-Felipe,

no "posso", no puedo, créeme, no puedo.

-Está bien, está bien, sosiégate.

¿De acuerdo?

Yo puedo esperar el tiempo que haga falta.

Pero por favor,

no te distancies.

No te alejes.

Te necesito.

¿Sabes lo que daría por una sonrisa tuya?

Mejor no contestes.

Sería eterno este momento de indecisión,

de miedo,...

pero también de esperanza.

Sería eterna la esperanza.

Son como canapés.

Las de pimiento morrón con caballa son los mejores.

-Los de anchoa con pepinillo tampoco se quedan atrás.

-Sí, sí,

tu empapúzate bien, y luego, te quejarás de mi cena.

-Nunca me quejo de tus cenas.

-Mira, Bellita, en eso es como yo.

-Tú no te quejas porque aquí cocina Arantxa.

-Bueno, si nos ponemos a matizar...

-Perdonen por llegar tarde.

Doña Susana no tenía ni idea de cómo se celebra una boda.

¿Me he perdío algo?

Sí, prima,

doña Bella nos ha explicao que vamos a montar una feria en el barrio.

-Ay... -Eso es.

Y para que todo salga a pedir de boca, necesito vuestra colaboración.

-Y la tiene, ya lo creo que la tiene.

-Yo no tengo faena todavía,

puedo dedicarme en cuerpo y alma.

-Se agradece.

-Yo estoy más ocupá,

pero como mis señores andan como dos palomas en marzo,

sacaré tiempo, descuiden.

-Lo del condumio parece que está arreglao.

Contamos con el patrocinio de Lolita y su mantequería.

-Y lo de los músicos va por buen camino.

Don Ramón se ha comprometido a apoquinar

a los músicos. Yo me encargaré de contratarlos.

Se van a oír las alegrías hasta en el palacio del obispo.

-(RÍEN)

-Yo pondré las flores pa hacer guirnaldas.

-Y cuenten con mis riñones pa montar las casetas,

el decorado, escenario, lo que haga falta.

Agustina y yo

podemos amasar algunos mantecaos y magdalenas.

-¿Les gustan los roscos de anís?

-A mi José, to lo que venga de Cazalla le priva.

-Pues no hay más que hablar.

Roscos y mantecaos.

-Y cualquier otra cosa que se pueda mojar.

-Empezaremos esta tarde, que vienen los municipales.

-Eso, los guindillas que no falten.

-Ahora, antes de arremangarnos quiero deciros algo.

Cinta, nuestra hija, no debe enterarse del evento.

-Es una sorpresa.

-Queremos que suba al escenario.

-Que sea el plato fuerte de la fiesta.

-¡Eso sí que será un acontecimiento!

Pierdan cuidao, que el lleno se garantiza.

-Y no le pongan hora a la chiquilla,

que cante hasta la madrugá.

-Con moderación, también tendremos que descansar.

-Claro, eso las que puedan.

-¿Por qué dices eso?

-Ya te contaré.

(Puerta)

-La niña!

¡A mover muebles! -Venga, venga.

¿Y esto?

Primero, buenos días, ¿no, Cinta?

Buenos días. ¿Y todo esto qué es?

-Nada, que he echao la imaginación a volar

y vamos a cambiar la decoración.

-O no. -Eso, o no.

El caso es que aquí,

nuestros amigos nos están ayudando. -Y de balde.

-De balde no tanto, que se ha puesto morao a caballa.

Espero que quede bien. Me voy a mi cuarto.

Si no mandan ustedes más, nosotros nos marchamos.

-Agradecío.

-Yo también salgo.

-¿Adónde?

-Ya lo verás, no seas preguntón, que la curiosidad mató al gato.

Pito doble.

-Pito cinco de rebote.

-(SUSPIRA) ¿Qué hora es?

-Mediodía y sereno.

-La reunión de los Domínguez ya debe haber terminao.

-No se altere usted, que faltará poco para que Casilda dé el parte.

-Se va a hacer de rogar, que doña Rosina tenía visita

y se iba a pasar por allí.

-Tampoco hay tanto que pensar, que parece usted Sócrates.

-Dominé.

-¡No me hable usted mientras juego, porque que me hace perder!

Qué cotorra es esta señora.

-¿Quiere usted la revancha?

-Este juego entre dos, ni es juego ni es nada.

Cuando jugaba yo con don José y don Liberto,

eso sí que era un juego con interés era un juego pasional.

-Don José aún es recuperable, pero don Liberto...

-A ese no lo sacan de su casa ni los bomberos.

-Ni con una bomba debajo de la cama. -(RÍE)

La bomba la tiene él encima.

-(RÍEN) -¡Ya está bien de marranadas!

-Ni que fuera usted de las descalzas.

-¡Cochinos,

que tos ustedes son iguales!

Voy a seguir con las habitaciones. -Hala.

-¿Quiere usted un chato? Yo invito.

-Invita usted porque ha perdido.

-Ya estamos con explicaciones que no ha pedido nadie.

-¡Agua, agua!

-Eso, dígalo usted más alto, mujer.

Es que le echo dos deditos,

por cada litro de tinto. -¡Cállese!

¡El pasillo, que está inundao!

-¿El pasillo? ¿Inundao el pasillo?

¿De dónde ha salido tanta agua? -¡Virgen santa, qué desastre!

-Pero si esto parece una cascá. ¿De dónde sale esto?

-Vamos a ver las tuberías.

Ay...

Tampoco es para llevarse ese disgusto.

-No veo yo lo del transporte público.

-Por dios, Susana, que los pobres otra cosa no tendrán,

pero alegría en las excursiones, les sobra.

-Llevan queso. -Me relamo.

-De cabra.

-Si hubieras visto las salidas que hacía yo de joven con mis primos...

Iba a decir que lo mejor era el viaje en carro, pero no, lo mejor,

lo mejor era bañarse en el río.

-Conociéndote, en porretas.

-No siempre.

-En fin, todo sacrificio es bueno si se trata de acompañar a Ramón

en su enlace matrimonial.

-Ay, hija, cómo lo dices, pareces un notario.

Al menos, don Ramón no habrá invitado a la estafadora.

-Desde que su esposo pasó a mejor vida, no se le ha visto la cresta.

-¿Crees que el Señor la iluminará con la idea de marcharse del barrio?

-Sería lo suyo, pero no te hagas ilusiones.

-Perdone, que no ha sío mi culpa. La reunión, que se ha alargao.

-¿Qué querían los faranduleros? -Pues...

eso es lo mejor.

Vamos a montar una feria popular por to lo alto.

Han pedío permiso al ayuntamiento.

-¿A que va a haber queso y cohetes?

-(RÍE)

-Sí, y al aire de alegrías y fandangos que paga don Ramón.

Y rosco de anís.

-Yo también estaba pensando en dar una merienda.

Tengo felicidad para dar y regalar.

Será por todo lo alto.

-Ah.

Alto to lo que usté quiera,

pero si también va a ser un convite mu ancho,

quiero decir, con muchos invitaos,

una va a necesitar ayuda.

-Que te ayude alguna de las muchachas.

-Sí que lo voy a hacer.

Se lo diré a Marcia.

No es porque sea mi amiga, es que cocina como los ángeles.

-Los ángeles no cocinan, Casilda,

anuncian, aletean,

viven a la vera de Dios, pero no cocinan.

-¡Hoy estás insoportable!

A ver, tendré que invitar a Carmen, aunque sea antes de la boda.

-Cualquier cosa, en los tiempos que corren, cualquier cosa.

-La que queda descartada, corran los tiempos que corran,

es Genoveva.

-Invitarla sería una orgía.

Liberto, ella y tú,

un pandemónium. Y hablando de escándalos,

Casilda, ¿qué sabes tú

del enredo entre tu amiguita, la marroncita, y su señor?

-¿Marcia y don Felipe?

No diga enormidades, doña Susana.

¿De dónde se ha sacao usté ese comadreo?

¿Eh? -Ah.

¿Sabes de lo que me acabo de enterar?

Los Domínguez van a organizar con la ayuda de los vecinos

una feria en la calle.

-Será bueno para el negocio.

Siempre es buena una calle llena de gente.

Sí, y hay más.

Cinta va a actuar.

-¿Aquí? -Es el plato fuerte del festejo.

Pero no digas nada, que ella no lo sabe.

-Quieren darle ánimos.

Eso es que está muy mal.

-Tenemos que ir a aplaudirle. -No,

de poco servirán mis aplausos, al contrario.

¡Maldita sea mi estampa!

-Buenos días.

Voy a sentarme en la terraza.

-¿Qué quieres tomar? Ahora te lo llevo.

-No, no, no te preocupes por mí, no quiero molestarte en la faena.

Espero a que puedas salir.

¿Qué?

-Nada, nada.

-Espera,

que sí que voy a tener un rato para ti.

¿Te encargas tú, Camino?

-Sí.

Lo pasaremos bien, ya verás.

Pero no en la terraza, sino aquí. Siéntate.

Eh...

Tráenos un poco de la tarta que tenemos en el postre.

-¿Con nata por encima?

-Sí, sí, que casi no se vea el bizcocho.

No has probado tú una tarta mejor en tu vida.

-Sé amasar bizcocho.

-No como esta, esta es muslo de monja.

-No hables así, por favor.

-Bueno, ¡pues teta de novicia entonces!

(RÍE)

Eh...

Ahora lo pruebas, cuando yo me harte.

Con los dulces, no tengo paciencia ninguna.

-Ni cortesía. -¡Ni cortesía!

Vamos a ver, un hombre debe zampar, ¿no?

¿No? Cuando seas padre, comerás huevos.

Si algo me gusta de ti,

es que me puedo comportar como me da la real gana.

No sabes lo que es

tener que fingir todo el día con los clientes.

Siempre con remilgos.

Con finuras, ni la comida sabe igual.

Toma.

Ya puedes probarla. Está rica, ¿eh?

Te lo dice el chache.

Pruébala.

(Suenan las campanas)

Genoveva.

Hace usted bien en venir a recibir el consuelo del Señor.

Sin Él estaría más sola si cabe.

Sepa que usted que desde el óbito de su esposo,

le nombro siempre en mis oraciones.

Se lo agradezco, doña Susana.

Y alabo el recogimiento con el que está llevando el luto.

Soy viuda desde hace años

y no me gusta ver a algunas que siguen el dicho

del muerto al hoyo y el vivo al bollo.

No es mi natural. Lo sé.

Por eso he recomendado que no la inviten a usted

a la merienda que va a dar Rosina.

No querría que la pusieran en el compromiso de tener que negarse.

Dígale a doña Rosina que agradezco su consideración.

No estoy para eventos sociales.

Muy recoleta su actitud.

No sé si su esposo lo merecería o no,

no soy quién para juzgarle, pero las formas son las formas.

Es usted un faro para las atribuladas.

Perdóneme la confianza,

como se dice que ha florecido una amistad entre don Felipe y usted,...

¿sabe usted si está liado con su muchacha?

Primera noticia.

¿Qué le hace pensar tamaña barbaridad?

La intuición.

Y la experiencia.

He visto de todo, y hay detalles que no se me pasan por alto.

Pero ¿a qué abundar?

Si usted es confidente y no sabe nada...

Si me entero de algo, será usted la primera en saberlo.

-¿Se ha enterao de la catástrofe de la pensión?

-¿Eh?

-El pasillo y las habitaciones son un río, qué un río, un pantano.

Como cuando llueve en Cabrahígo pero sin ranas de a kilo.

-Ya ves, como las plagas de Egipto,

una de ellas, vamos, la de las ranas.

-No está en su ser, ¿verdá?

-Le estoy dando vueltas al luto de Genoveva.

Si la hubieras visto ahora mismo...

¿Tanto quería al depravado de su marido?

No termina de cuadrarme.

-Sufre mucho, eso puedo asegurárselo.

Tendrá sus defectos, pero está pasando las de Caín.

Hay habitaciones en las que el agua llega hasta los tobillos.

Las del fondo, que parece que la casa está construida en cuesta.

-¿Se ha roto una tubería?

-No hemos encontrao la fuente.

Cesáreo y el zascandil de Servando siguen buscando.

-¿Y cómo se van a apañar esta noche?

-Ahí está la cosa.

Mi habitación es una de las más encharcás.

Servando se ha pegao a Cesáreo y dormirá con él.

Pero los huéspedes...

Ay, no quiero ni parar mientes en ello.

Los repartiremos como podamos por los cuartos más secos.

Cuando termine de organizarlo todo, se viene y se queda aquí a dormir.

-Lagarto, lagarto.

Tendrá usté que dormir en el cuarto de Agustina.

Es el único en el que entra un colchón en el suelo.

Qué se le va a hacer. -No será pa tanto.

-Que no, mujer,

para nada. Casilda es un poco exagerada.

-Lo que ustedes quieran,

que yo le voy a hacer a la señá Fabiana

unos tapones pa las orejas con el corcho de una botella.

¡¿Sabía usted algo de Felipe y la chacha?!

¿Cómo? ¿Qué chacha?

¡La negra, ¿cuál va a ser?!

¿Están amancebados? No, señora, al menos no lo he oído.

¡No trate usted de engañarme!

¡Estaba rara, se lo dije, era por eso!

Llevan un tiempo. ¿Cuánto?

Unos días,

tal vez semanas, no lo sé.

Dígame que es mentira.

Es verdad.

Se lo he dicho muchas veces.

No puede usted dejarse abatir, no puede permitirse ese lujo.

Cualquier debilidad es mala,

pero la que nos produce la traición de un hombre es la peor.

Ármese de valor, señora. ¡Cállese!

Me duele mucho, de verdad.

Si pasa otra vez por la ciudad, venga, que tendrá una noche gratis.

-Eh... Pues nada, definitivamente, el agua no sale de las tuberías.

-Ni de las de entrada, ni de las de salida.

-Qué astuto.

Si el agua fuera de las de salida,

aquí no habría quién aguantara el pestucio.

-Entonces, ¿qué?

Si no son las tuberías, ¿qué es? ¿El diluvio universal?

Pa mí, que van a ser las bajantes.

-Será usted gafe, que monta una pensión

y los bajantes desaguan hacia dentro, no afuera.

-¡Eso, a hacer sangre!

Pues que sepa usted, que a mi mente científica también le ha extrañao.

-En lugar de discutir, podrían ustedes hacer algo útil.

-Mira tú el genio. ¿Ve?

Si le digo yo que se parece a Sócrates.

A ver, ¿útil como qué?

-¿Cerrar la llave de paso?

-¡Coñe!

-Y los clientes que nos quedan se marcharán si no hay agua.

-¿Y qué podemos hacer entonces? -¿Llamar a un fontanero?

-¡Coñe!!

-Me voy, que es capaz de olvidar el mandao.

-Lo sé, lo sé, se marcha usté.

Enseguida le hago la cuenta.

Ya verás como te viene bien el paseo, canelita.

-No puedes quedarte en casa todo el santo día.

-Y menos en tu cuarto, sin el cariño y la gracia de tu familia.

-A ti te parece que no, pero entre cuatro paredes,

una se marchita antes de darse cuenta.

-Oye, ¿has visto cómo ha cambiado Rosina?

Es otra.

-Como que la he visto en el rellano, y no la conocía.

-Eso, así se habla, por exagerar que no quede.

-No exagero. Si le ha cambiado hasta el cutis.

-Eso es el amor. El amor hace brillar a las mujeres.

Qué tarde hace, ¿eh?

Esta tarde me recuerda a la orilla del Guadalquivir,

y las charlas en los cenadores...

-Los cenadores llenos de botellas de fino,

jamón del de veta y cigarros puros.

Doña Rosina es una mujer muy afortunada.

-¡Mira, niña,

un tablao! -Digo.

Y parece de los buenos.

Digo.

Sólido... y sonoro.

Y sin una grieta.

Aquí baila hasta el cojo de Lepanto.

El manco, es el manco de Lepanto. -¿Ah, sí?

Pues aún bailará mejor.

-¡Qué recuerdos! -Imborrables.

Es, sobre todo, la sensación.

Una se sube a un escenario y se olvida del mundo.

Solo las tablas y tú.

-Y los palillos.

-Hasta la eternidad.

No sabía que hubiera una fiesta. ¿Quién va a actuar?

Tú.

-Ole.

Mi niña flamenca.

Ven aquí.

¡La mejor artista!

-De su generación.

-¿Eh?

Y toda la velada pa ti.

-Hasta el amanecer si quieres. -Con el público entregao.

-Y el cielo escuchándote.

No actuaré.

¿Qué haces aquí? No estabas citada.

Solo quiero hablar. Yo no.

Felipe, por favor.

Te lo reconozco,

tratar de jugar limpio contigo es inútil.

Hemos roto. No hay vuelta atrás.

Necesito saber la verdad. La conoces,

no te quiero, nunca te he querido.

¿Y a ella?

No pienso seguirte el juego.

Hay desesperación en tu voz.

No estás del todo lúcida.

Vete a casa y sosiégate.

¿Es cierto que tienes algo con Marcia?

Me has estado engañando. ¡Me habéis engañado los dos!

¿Desde cuándo? ¿Estabas todavía conmigo?

¡¿Desde cuándo?!

¿Engañar?

¿Te había prometido fidelidad?

Tú sí que has engañado a todo el mundo, a tus vecinos, a tus amigos,

a mí. ¡Estaba cambiando!

Vete, no quiero tener que echarte yo.

Por favor. ¡No me toques!

¡Vete!

Felipe, no.

¡Felipe, por favor!

¡Felipe, abre la puerta!

¡Felipe, por favor, te lo ruego, abre la puerta

y déjame que te abrace!

¡Felipe, yo te quiero!

(LLORANDO) No puedo vivir sin ti,

¡no quiero vivir sin ti! ¡Felipe, Abre!

(LLORA)

(LLORANDO) ¡No voy a permitir que vivas con esa mujer,

con esa furcia!

(LLORA)

Felipe, por favor.

Déjate de simplezas y sube al piso de don Felipe a escape.

Doña Genoveva está montando una escena de órdago a la grande.

-¿Y quiere que yo la pare?

Mire que la señora tiene muy mal pronto.

-¡No seas cobarde, se está poniendo en evidencia!

-¿Qué le pasa? Viene descompuesta.

-No es pa menos, la fuga de agua cada vez va a más.

Hemos cerrado la llave general de paso y el agua sigue saliendo.

-Eso pinta muy mal.

No se me ocurre nada pa animarla.

-Algo tenemos que hacer.

No podemos dejar que nuestra flor se marchite de esta forma.

Entre la preocupación por la pensión

y los ronquidos de Agustina,

he dormido peor que un reo esperando el garrote.

-Hay que ver, yo tengo miedo que con uno de esos ronquidos

salga volando el techo. Es una cosa tremenda.

Haznos caso y prepara tu actuación.

Miren,...

hace meses me hubiese vuelto loca por una oportunidad así,

pero ahora mismo no tengo fuerzas, estoy vacía.

-"Se me ocurre una cosa".

Podemos turnarnos.

Lo de dormir con ella.

Así nos repartimos las malas noches.

Y la que se quede en su cuarto, tiene que hacer así...

(CHISTA)

-A ver quién se lo dice y a ver cómo le sienta.

-"¿Qué le pasa a mi hijo?".

Parece que le ha poseído el espíritu de un gañán.

Madre mía, qué picores.

Parece que en este barrio hay más chinches que personas.

-No hay bicho más molesto que ese.

-Bueno, ese y los piojos, que también abundan.

Tiene que rehacer su vida. ¡¿Es que no entiende nada?!

Estoy enamorada de Felipe, y eso no lo puede curar ningún remedio.

Lo sé. Pero debe recuperar la compostura.

¿Cree que no lo intento?

Trato por todos los medios de ahogar este sentimiento,

pero nada de lo que hago me hace conseguirlo.

Pues déjese ayudar.

¿Qué puedo hacer por usted?

Tráigame a Marcia.

Quiero verla.

¿Para qué?

Acabo de cruzarme con el fontanero. ¿Cómo ha ido?

-Supongo que se estará frotándose las manos.

Tiene trabajo pa varios meses.

-A ver, ¿por cuánto nos va a salir la broma?

-Será mejor que se siente.

Este cansancio que tengo no es normal.

Y temo volver a enfermar.

-Pues eso va a ser porque no duerme bien.

Así que,... nosotras nos iremos turnando pa dormir con usted.

-¿Hay algún problema conmigo?

-A decir verdad,

me pareciste un poco finolis de más cuando te conocí.

Pero ahora que he cogido confianza,

pues veo que eres más de campo que una mata de amapolas.

-Sí, bueno, me gusta ser espontáneo.

-A mí me gustas así.

Ten, con esto tienes para comprar un billete de tren y marchar.

Sal de la ciudad y no vuelvas.

Pero... ¡Chist!

Ya me has oído.

Vete.

A su hijo le falta un poco de sangre, le veo un poco atolondrao.

-Mi Emilio es como es, un gran muchacho.

-Usted tranquila, ya me encargaré yo de espabilarle.

-Si me disculpa, tengo mucha tarea.

-Ese hombre no era un cliente, era un inspector del ayuntamiento.

-¿Qué quería? -Meternos prisa.

Al parecer, uno de nuestro clientes nos ha denunciao

por haberle estropeao la ropa.

Tenemos que meterle mano a la obra rápidamente

y asegurar los cimientos de la casa a escape.

-¿Y si no lo hacemos?

-Nos ponen una multa de las gordas

y nos cierran la pensión.

Le ruego que se tome el preparado que le he traído.

Está bien.

Debe calmarse y descansar.

Precisa recuperar fuerzas para conseguir todo lo que se propone.

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Acacias 38 - Capítulo 1068

02 ago 2019

Servando y Fabiana encuentran la pensión inundada. La avería parece ser grande.
Ramón en una cena romántica con Carmen le desvela que ha preparado un banquete de bodas muy especial.
Los Domínguez con ayuda de los criados ultiman los preparativos de la verbena, e ilusionados dan la sorpresa a Cinta que, contra todo pronóstico, se niega a actuar. Emilio pone en marcha su plan y comienza a comportarse de forma grosera con Angelines, a ver si así la muchacha le rechaza.
Úrsula, tras descubrir la relación de Felipe y Marcia, amenaza a la criada.
Genoveva por los comentarios de las señoras comienza a sospechar de Marcia, que, tras la confirmación de la criada, monta una escena en el rellano de la casa de Felipe delante de todos los vecinos.

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