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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 24 - ver ahora
Transcripción completa

¿Por qué has dejado Moscú?

Tu madre ha muerto. -¿Por eso has venido?

¿No te parece raro que haya aparecido de repente?

Todo el mundo tiene derecho a volver a casa.

Su padre murió en Moscú. No tiene a nadie.

(PILAR) ¿Solo me quieres para alegrarte las noches?

(PACO) ¿Qué dices?

Si algún día estás preparado para un compromiso, me avisas.

(PACO) Mi mujer murió mientras yo huía.

Me acusaron de su muerte, no pude demostrar mi inocencia.

Desde entonces, no me había sentido tan enamorado.

No podemos llevar una vida normal.

Esta es la miseria de vida que te ofrezco.

Cuando cierres, ni bailes ni trastiendas.

Llévame a tu casa.

He venido a ver a Beatriz.

Me gustaría...

invitarte a dar un paseo un día.

Claro.

Me alegra que hayas vuelto sano y salvo.

Ojalá pudiera hablar con ellos como contigo.

Jesús...

¿Estás bien?

Nieves me cuida mucho.

Es muy guapa.

Solo es una amiga.

Nunca te he visto mirar a una mujer como a ella.

La despensa está vacía. Debemos cerrar el comedor.

¿Qué vamos a hacer?

Ya me encargo yo.

¿Tendrían legumbres o algo de arroz para salir del paso?

Será un placer hacer una donación mensual en nombre de la familia.

¿Te parece bien 500 pesetas?

Nieves.

¿De qué conoces a los De la Torre?

Soy monja.

Ahí está Jesús.

Vamos a saludarle. Dejémoslos.

No parece que quieran ser interrumpidos.

(HUGO) ¿Que vas a participar en la comisión?

¿Qué comisión?

La comisión que va a investigar la represión de Asturias.

Esos rebeldes mataron a tiros a civiles inocentes.

Entre ellos, Isabel.

Fernando firmó una declaración de culpabilidad.

Se ha condenado.

(ENCARNA) Debes contar la verdad.

Será la palabra de un héroe contra la de mercenarios.

Si no testificas, van a matarte.

¿Es eso lo que quieres?

Alcázar va a testificar.

Por culpa de Fernando y esa socialista amiga suya.

¿Qué puedo hacer?

Impedirlo, Agustín.

Los intereses personales del coronel Alcázar

ponen en duda la veracidad de su testimonio.

Por tanto,

la declaración del coronel no será tenida en cuenta

ni constará en el acta final.

¿Ya hay sentencia?

El juez ha dictado la pena capital.

Chist, chist...

Alejandra está fuera.

Han vuelto a prohibirle la entrada.

Sí. Esta vez, ha sido a petición mía.

Creo que es lo mejor para los dos.

Te han denegado el indulto.

La ejecución será en dos días.

Dos días...

Guau...

Al menos, la espera será corta.

Te vamos a sacar de aquí, te lo prometo.

No, no, no. Basta ya.

Desobedecí una orden y tengo lo que merezco.

Te negaste a disparar contra civiles.

Y hoy te volverías a negar,

porque esa no es la obligación de un soldado.

Sí.

Y otros pagaron las consecuencias.

Ahora me toca a mí.

Tú no mataste a Isabel. Deja ya de pensar en ella.

Ahora, te toca pensar en Alejandra.

Fernando, si dejas de luchar, vas a arrastrarla contigo.

Bueno...

Parece que, por fin, la República va a hacer justicia.

¿Más café? Sí.

¿No estás de acuerdo?

Puedo llegar a entender la condena.

Pero me entristece la vuelta de la pena de muerte.

Fernando Alcázar es un traidor.

Su rebeldía debe ser castigada.

A esta familia en particular,

le ha causado una desgracia irreparable.

Hombres como él justifican la triste necesidad

de reinstaurar la pena capital.

Pero no hay nada que podamos hacer, así que... dejémoslo estar.

¿Me disculpáis, por favor?

¿Ha llegado ya Leocadia a Filipinas?

Creo que desembarca hoy.

Mercedes.

Tienes que ayudar a tu marido. A nosotros no nos escucha.

Fernando hace lo que cree que es correcto.

Sí, como Alcázar.

Se está significando demasiado y eso es peligroso.

Especialmente, cuando se es un personaje público.

Las malas compañías definen a un político.

Enséñale a mirar para otro lado.

Imposible.

¿Es que no conoces a tu hijo?

Hazlo.

O un día será su foto la que aparezca en el periódico.

Agustín.

Isaías... -Te acordarás de nuestro amigo.

Por supuesto. Señor Strauss.

Mi socio, el señor Perlovich, no podrá acompañarnos, lo siento.

¿Nos sentamos o esperamos a tu hijo?

Mucho me temo que mi hijo no va a venir.

La fortuna viene a veros

y tu hijo le da con la puerta en las narices.

Es a su hijo a quien venimos a ver.

Usted nos aseguró que podría convencerle.

Honestamente, creo que les hago mejor servicio

manteniendo a Fernando alejado de todo esto.

¿A qué se refiere?

Mi hijo es inteligente.

Tiene perspectiva y don de gentes.

Pero es demasiado cauto

para lo que ustedes proponen. No aceptará jamás.

Imagino, entonces, que podemos confiar en su discreción.

Eso está fuera de toda duda.

Más si me permiten unirme a ustedes en esta apasionante aventura.

¿Y qué puede hacer por nosotros, señor De la Torre?

Puedo indicarle las puertas correctas a las que llamar.

Puedo ponerles en contacto con personas que ya, en el pasado,

han aceptado negocios... arriesgados como el suyo.

Muy bien.

Le escucho.

Ya no sé dónde ir

ni a quién llamar.

Intento buscar una solución, pero...

ni siquiera quiere verme.

Encontraremos la manera, ya verás.

Alejandra tiene razón.

No podremos evitar la ejecución, al menos, no por la vía legal.

Si Fernando es el primer reo ejecutado de la República,

no será por traicionarla.

La corrupción convierte un ajuste de cuentas en un asunto de Estado.

Pero todos tenemos un precio.

Si pagamos a las personas adecuadas,

podremos tener una oportunidad.

¿Propones un plan para sacarlo de la cárcel?

¿Vais a arriesgaros para liberarlo?

No solo lo hago por ti, Alejandra,

o por él,

sino porque necesito creer en la justicia.

Prepara todo para la fuga.

Dinero, equipaje, lo que sea.

Tendréis que salir del país. Yo puedo ayudar en eso.

Pasarán muchos años hasta que podáis volver.

Haré lo que sea.

# Si los curas y frailes supieran

# la paliza que les vamos a dar,

# subirían al coro cantando: "Libertad, libertad, libertad".

# Si los reyes... #

Ludi, ¿tú te has oído?

¡Ay! Dios mío.

Perdóname, Virgencita de Covadonga.

Tú sabes que no lo digo en serio.

La culpa es de Mateo.

Se pasa el día canturreando la cancioncita y se me pega.

Tú mucho criticas a mi Paco,

pero ser católica y echarse un novio anarquista...

Él es anarquista y se ha echado una novia católica. En paz.

Supongo, si no quieres formalizar...

Oye...

Que nuestra relación es formal.

Muy formal. -¿Sí?

¿Y para cuándo es la boda?

Ah, que de eso no te habla.

Claro, Ludi, porque los anarquistas no se casan.

Ah, bueno. -Y menos, por la iglesia.

Algunos sí.

Vamos a ver, alma cándida, si son anticlericales

y creen en el amor libre, ¿para qué pasar por el altar?

Ay... -¡La chaqueta!

¡Oh, no!

¿Se darán cuenta?

¿Cómo no se van a dar cuenta? Está para el arrastre.

¡Y todo por la dichosa cancioncita!

¿Qué hacemos? -¿Qué vamos a hacer? Cambiar...

¿Qué pasa aquí?

Que, señora, hemos tenido un percance con la chaqueta,

pero le podemos cambiar el forro.

La chaqueta favorita de mi marido.

¿No sabéis hacer una a derechas?

Si se vuelve a repetir, me voy a encargar

de que os lo descuenten del sueldo, ¿me habéis entendido?

Sí, señora. -Sí.

Ponla con la ropa de los pobres para el convento de sor Nieves.

Que alguien saque algo bueno de este desastre.

He leído la noticia.

Lo siento.

Gracias.

¿Cómo está Alejandra?

Bien, bien...

He hablado con ella y...

Bueno...

Nada, está muy mal.

Se hace la fuerte, pero...

¿No irá s a verla?

Me ha pedido que no lo haga.

Igual piensa que puedo estropear más las cosas.

A veces, la mejor forma de ayudar a quien queremos es estar al margen.

Y, por desgracia, pronto va a necesitar que la consueles.

Aquí viene más gente cada día.

Sí, se está corriendo la voz.

He estado pensando...

No dejo de pensar en la propuesta de tu hermana.

¿De dar clase en la escuela?

Sí, bueno...

Dentro de un tiempo, cuando esto marche solo,

me encantaría, la verdad.

Voy a seguir. No tendría que haber dicho nada.

Yo me alegro.

Me alegro mucho.

# (AMPARO) Banderas que tú,

# amante olvidado,

# hiciste ondear

# desde mi balcón.

# Marchitas caerán

# las flores de abril,

# perfume que ya

# no puedo sentir.

# Marchitas caerán

# las flores de abril, conmigo...

Perdón, señorita, ¿le importa?

No, no, por supuesto.

Hugo de Viana, encantado.

Natalia.

Natalia, un nombre muy bonito.

Disculpe.

Mi descanso ha terminado. -# Son almas

# gemelas.

# No mires atrás. -Natalia.

Supongo que es la amiga de Amparo.

La amiga o comoquiera que se llame.

¿No te ha hablado de mí? Porque ella y yo también somos muy amigos.

A mí también me ha dedicado algunos números que hace para los íntimos.

¿Sabes a qué me refiero?

Me preguntaba si podíamos olvidarnos de Amparo.

# ...junto a mí. #

(Aplausos)

Qué contento te veo.

¿Ha vuelto el rey y yo no me he enterado?

Todo llegará.

Por cierto, esa canción no es un canto revolucionario.

La Falange es un movimiento revolucionario.

Lo es. Eso y mucho más.

Le estaba proponiendo a Natalia

una fiesta privada.

Solo los tres.

¿Qué te parece?

Acabaríamos fatal.

No eres hombre para esas cosas.

¿Y Natalia qué dice?

¿También me va a rechazar?

Si vienes a hacerte el machito delante de tus cachorros,

solo tenías que decírmelo.

No tengo inconveniente en darles todo tipo de detalles.

Entiendo.

Pero, como defensor de la propiedad privada,

¿por qué no os invito a una copa? -No.

Para ti, se ha cerrado el grifo.

Tomo nota.

Adiós, Natalia.

Buenas noches, caballeros.

Acabas de pisarle el callo al cojo.

Irene...

Prima.

Siento muchísimo llegar a estas horas.

No había forma de saber a qué hora atracaría el barco.

No te preocupes.

Espero que hayas tenido buen viaje. -Largo, muy largo.

¿Cuántos años han pasado?

Más de 20.

La última vez que nos vimos fue en mi pedida.

Me imagino que estarás agotada.

Descansa cuanto quieras y mañana nos pondremos al día.

¿Ignacio está de viaje?

No. Está al norte de la isla, pero no de viaje.

Lleva meses ingresado en una clínica.

No sabíamos nada. ¿Es grave?

Supongo que sí. Tiene sífilis.

Como te decía, mañana podremos hablar de todo.

Estamos sin luz.

(Aplausos)

(PACO) Este desplante nos va a salir caro.

Sé lo que hago. -Ya.

Tienes visita.

No esperaba volver a verte por aquí.

Necesito que me hagas un favor muy importante.

¿Dónde podemos hablar?

Sígueme.

Necesito dos pasaportes.

Y los necesito lo más rápido posible.

¿Tienes problemas?

Son para dos amigos.

Gente muy importante para mí.

Palabras mayores. -Lo sé.

¿Puede ser?

¿De qué país necesitas los pasaportes?

Estás aquí.

Yo sí.

¿Y tú?

Cariño...

Te quedará el consuelo de pensar que hiciste todo lo posible.

Pues no ha sido suficiente.

Tengo que hacer más.

Y para eso, necesito tu ayuda.

Voy a sacar a Alcázar de la prisión.

Hay un hombre...,

un oficial cercano a Alcázar,

que podría ayudarnos.

Es un favor muy caro.

Y necesitas dinero.

Es la única posibilidad que tenemos.

¿"Tenemos"?

¿Quiénes?

Así que lo arriesgas todo por un hombre al que apenas conoces.

Tu vida, tu carrera.

¿Qué será de nosotros si te descubren?

Si lo consigo,

Alejandra y su marido cruzarán la frontera

antes de que nadie pueda preguntar.

Desaparecerán para siempre.

Cariño, no quiero implicarte en esto.

Solo te pido dinero.

(NATALIA)¿Quiénes son?

Nadie.

Un muerto y su viuda.

Lo ejecutarán mañana.

¿Por qué?

Porque lo primero que se aprende en una academia

es que un soldado debe obedecer sin dudarlo.

¿No nos enseñaron lo mismo a nosotras?

Día tras día.

Mi madre decía que era privilegiada por vivir en esa escuela.

La vanguardia de la revolución.

A costa de renunciar a todo lo demás.

¿Ha merecido la pena?

Hace años, creía que sí.

Hace mucho.

No puedo quitarme de la cabeza lo que me has contado.

Qué revolución es esa que convierte a todos en traidores.

Que necesita que vivamos con miedo.

Nos enseñaron a mentir.

De eso sí que pueden dar lecciones.

Pero también nos enseñaron a desaparecer sin dejar rastro.

Y eso es lo que voy a hacer.

Adiós a El Alemán, a la revolución, al partido...

A todo.

¿Qué dices? No te dejarán.

No les pienso pedir permiso.

Si Moscú quiere una España soviética, que la hagan ellos.

A partir de ahora, solo voy a luchar por mí misma.

Y por ti, si vienes conmigo.

¿Me llevarías?

Eres lo único a lo que no podría renunciar.

(Llaman a la puerta)

Alejandra. Hola.

Hola.

¿Puedo pasar? Claro.

Perdona, tengo un poco de prisa. Sí, lo sé.

Fernando me lo ha contado.

No te entretendré mucho.

He venido porque prefería hablar esto en persona.

¿Qué es?

Un acuerdo que nos beneficiaría a ambas.

Sé que necesitas dinero con urgencia.

Quiero recuperar para la familia de mi marido lo que fue suyo.

¿Por esta miseria?

Sé que no es lo que vale.

Pero garantizo el pago inmediato en cualquier banco del mundo.

Sin preguntas.

Me...

gustaría pensarlo bien.

Ahora, tengo mucho que hacer. Sí, claro.

Por cierto,

Fernando queda al margen de todo esto.

Si decidieras aceptar la oferta,

me gustaría ser yo quien le diera la noticia.

Claro.

Buena suerte, Alejandra.

Te la deseo de corazón.

Gracias.

Ahora vuelvo.

¿Pasa algo?

Dime una cosa.

¿Los anarquistas se casan?

Acabáramos... -Explícamelo.

A mí, el amor libre me parece una excusa para ir de flor en flor.

Mujer, no es ir de flor en flor. -¿No?

No. -¿Qué es?

¿No será mejor

que dos personas estén juntas solo el tiempo que les parezca?

Y cuando sea vieja y fea, si te he visto, no me acuerdo.

Que no, mujer, que no es eso. Las relaciones de las personas...

¡Mira, me estás liando!

Esto es muy sencillo.

La ilusión de mi vida es casarme,

de blanco, para eso soy la novia.

En Asturias y en la iglesia donde hice la comunión.

¿Tú puedes darme eso, sí o no?

Ludi, por favor... -¿Sí o no?

No.

Por la iglesia, no.

Muy bien, ya está.

Buenos días.

¿Qué pasa?

¿Capitán Ruiz Quesada?

Soy Fernando de la Torre. Sé quién es usted.

Acompáñeme.

De Acción Popular, ¿no? Así es.

Pero no estoy aquí en calidad de político,

sino como amigo del coronel Alcázar.

¡Qué vergüenza!

Un hombre de principios, republicano hasta la médula,

ajusticiado para que lo tengan en cuenta los díscolos.

Cuánta cobardía... Sí.

Por eso mismo, estoy dispuesto a hacer lo que se necesario

para evitar esa ejecución.

Y en eso, usted puede ayudarme.

Entiendo, pero...

mi posición no es la suya, señor De la Torre.

Yo estoy a las puertas

de terminar mi servicio.

Tengo una familia... Por supuesto.

No le pediría que arriesgase tanto

sin una compensación justa.

Aquí está la mitad.

El resto, al terminar la operación.

Entonces, todo se hará según usted desee.

(Música de suspense)

(Música melancólica)

Alfonso.

Va a ser verdad que el mundo es un pañuelo.

Bueno, hoy me ha tocado a mí elegir el lugar donde colocar la mesa,

así que he hecho trampa.

Y ha merecido la pena.

Tome, o mis compañeros descubrirán que les traje aquí por interés.

(IMITA UN BALIDO)

Sé que quiere decir algo, pero no entiendo el lenguaje de la CNT.

¿Van para casa? -Sí.

¿Vienes a comer cuando termines?

¡Únanse a la Falange, el único partido liderado por un primo!

Ya ven, ni Dios ni amo ni gracia.

Así les va...

Oye, muchacha, la pelirroja.

¡Eh, eh, chitón!

Vente con nosotros.

A estos solo se les pone tieso el brazo.

Se acabó.

Alfonso... ¡Alfonso, no!

Eso que le has dicho a la señorita me lo vas a repetir, venga.

¡Eh, eh! ¿Qué haces?

¿Dónde crees que vas?

¿Qué pasa, eh?

¡Corre, corre!

¡Dejadle!

Dejadle. Ahora, ya no es tan valiente.

Ya no es tan valiente.

Miserables...

¿Y esta chaqueta?

Esta chaqueta es de Fernando.

"Salamat".

Sabía que teníais problemas,

pero no imaginaba que la situación fuera tan desesperada.

Si no pagamos el crédito, la finca se la quedará el banco.

Perderemos un legado centenario.

Sois los únicos a los que pedir un préstamo para cubrir las deudas.

Es mucho dinero, lo sé.

Pero haremos lo que esté en nuestras manos

para devolvéroslo cuanto antes.

A Ignacio le encantaría oír esto.

La de veces que me ha repetido

que Agustín solo te traería desgracias.

No te haces idea.

Eso, y que deberías haberte casado con él.

Miles de veces.

Luego, cuando llegaban noticias de tus embarazos,

me echaba en cara que no me quedara encinta.

Daba igual lo que hiciera.

Siempre sería más vieja que tú,

menos educada,

menos elegante.

Irene, yo no sabía todo esto.

Este anillo

podría pagar tu préstamo.

Es lo más caro que Ignacio me ha regalado nunca.

Lo compró para ti, como bien sabes.

¿Por qué iba a cambiarlo? Total, yo era la sustituta.

Aquello pasó hace tantos años.

Yo jamás hubiera venido de haber sabido todo esto.

Tú rechazaste el anillo.

Y yo pagué las consecuencias con mi vida.

Siempre a tu sombra.

A la sombra de tu recuerdo.

Así que no siento pena por ti, Leocadia.

No soy capaz.

(NIEVES) Gracias.

Hermana.

Me alegra ver que está bien.

He oído que sufrieron un robo.

¿Un robo? No.

Creía que los anarquistas se habían hecho

con parte de los donativos de su parroquia.

No, no ha sucedido nada, gracias a Dios.

No sabe el peso que me quita de encima.

Siéntese, por favor.

Gracias.

Por supuesto, no la he hecho venir solo por un rumor.

He pensado que podría ponerla en contacto con clientes de mi banco.

Buenos católicos dispuestos a colaborar con la Iglesia.

Eso sería una bendición. Sí.

Pero al oír lo del robo, me pregunté

cómo saben que los donativos van a parar siempre a gente de orden.

Puede estar tranquila. Cada céntimo se destina a ayudar al necesitado.

Pero en Madrid hay más necesitados de los que podemos alimentar.

Y es importante ayudar a los nuestros primero.

La Iglesia no hace distinciones.

¿La Iglesia o usted?

El otro día, la vi hablando con un hombre.

Iba vestida de seglar y estaban en un parque.

Seguramente no lo sabe, pero ese hombre está acusado de un crimen.

Señora De la Torre,

si a veces voy vestida de calle,

es porque en estos tiempos es más seguro ir sin hábito, se lo dije.

Y en cuanto al hombre con el que me vio,

tengo la conciencia tranquila.

¿Incluso ahora, que sabe que es un criminal?

Si lo es, necesita más ayuda y misericordia divina

que usted y yo juntas.

Y recuerde que ayudar al necesitado,

además de mi trabajo, es deber de todo buen cristiano.

Entiendo.

Entonces, me temo que yo también debo ser consecuente

y dar por concluidas las donaciones.

Si me acompaña...

Es imposible dialogar con esa gente.

Buenos días. -Buenos días.

Beatriz.

Te presento a la hermana Nieves.

Alfonso Garea...

Buenos días. -Buenos días.

Y el coronel De Viana.

Encantada. -Encantado.

Disculpen.

¿Es la monja a la que robaron los anarquistas?

Más o menos. Perdonad.

¿Qué robo es ese?

Esta mañana, Alfonso se peleó con dos anarquistas

porque me dijeron una grosería.

Uno llevaba una chaqueta de Fernando que llevamos al convento.

Así que... han debido robar.

No eran más que unos alborotadores. -Bien hecho.

Es increíble que exista gente capaz de hacer daño a una monja.

Si no fuera por ellas...

(ALFONSO) Es inaceptable.

Yo pensaba pasarme por el convento para preguntar si necesitan ayuda.

Quizá podamos evitar más saqueos.

¿Qué le parece, coronel?

Bien, bien.

Siempre está bien ayudar a la Iglesia.

Si me permitís... -Claro.

¿Qué sabemos?

El capitán es alguien respetado

y conoce bien a Fernando, está dispuesto a colaborar.

Ah, por Dios, una buena noticia al fin.

Va a salir bien, Alejandra, ya lo verás.

Verás...

He estado pensando mucho sobre la finca

y te parecerá una locura lo que te voy a proponer.

Pero mientras estás fuera,

Jesús y yo podemos encargarnos de la cooperativa.

Jesús no podrá volver.

¿Por qué?

He vendido la finca.

¿Cómo?

¿Le has vendido la finca a Mercedes?

Vino esta mañana, me hizo una oferta y la he aceptado.

¿Eso es lo que te ha ofrecido? Déjalo estar.

Es un insulto, Alejandra. Un abuso.

¿Crees que no lo sé?

Pero con ese dinero,

tendré para salir del país con mi marido y vivir un tiempo.

Y eso es lo único que me importa.

Alejandra, yo... Lo único que me importa.

Así que dale ese contrato a tu mujer

y sigamos según lo previsto.

Como quieras.

Adiós.

Adiós.

(Música suave)

Qué sorpresa. (PILAR RÍE)

Hoy tenía excusa y me he escapado un rato.

Si llegas a venir un poco antes, te invito a chocolate,

pero ya la hora que es...

El chocolate te lo preparo yo en casa.

Es la primera vez que lo dices. -¿El qué, que te haré chocolate?

No. "En casa".

Normalmente, dices "tu casa".

¿Qué?

¿Empiezo a temer por mi independencia?

Eh...

Aún no ha nacido un hombre independiente.

¿Vas a venir esta noche a casa?

No puedo. -Sí puedes.

Mañana por la noche descanso. ¿Podrás esperar?

No. -¿No, independiente? (RÍE)

(Jadeos)

(Jadeos)

(Jadeos)

(Pasos)

(Música de suspense)

A ver, todos en una sola fila.

Sin discusiones, que hay de sobra.

# (CHICAS) Me pica de "madrugá".

# Pero por más que me rasco, no me deja de picar. #

Están bien.

Pero cambia de pegamento, este canta mucho.

(HOMBRE) ¡Quieto todo el mundo, esto es una redada!

Me cago en la leche...

Venga por aquí.

Mañana se lo pago.

¡A ver, todo el mundo con las manos en la pared y los papeles listos!

Señor comisario, ¿otra vez aquí? Le voy poniendo lo de siempre, ¿no?

Aquí tiene, los papeles, en regla, como siempre.

Estos señores no vienen buscando licencias ni a hurgar en retretes.

Así que te sugiero que te quedes detrás de la barra bien calladito.

¿Cómo has podido?

No te pienso consentir que me trates así.

Te creía capaz de muchas cosas, Mercedes, de muchas.

Pero de esto, de esto, utilizar la desgracia de una mujer,

el miedo a perder a su marido...

Lo hice por tu familia, por nuestra familia.

¿Esa es tu excusa?

¿Solo querías ayudar?

No te consiento que nos utilices como coartada para algo tan...

vergonzoso, tan miserable, tan ruin.

Si es por dinero, lo puedo arreglar.

Por supuesto, Mercedes. Tu dinero lo arregla todo, ¿verdad?

Pero la culpa es mía, por acudir a ti y a tu dinero.

Prepara un contrato, uno exactamente igual que ese,

salvo por el precio, y fírmalo.

O lo siguiente que firmarás será el divorcio.

Ni drogas ni armas.

¿Han mirado bien? -Sí.

Dobles fondos en los cajones, bajo los armarios y el escenario.

Todo. -Entonces, lo haré yo.

(COMISARIO) Coronel, esto no es de su incumbencia.

¡Aquí ya hemos terminado! ¡Venga, vámonos!

Buenas noches, señorita.

Buenas noches.

(Música de suspense)

Sigo con el sueño cambiado.

Ya he hecho el equipaje.

En cuanto amanezca, me marcho.

Voy a darte el dinero.

Irene...

Gracias.

No puedo ni imaginar lo que debiste pasar.

Sé que la distancia enfría las relaciones, pero...

debiste hablarme antes.

No te equivoques, Leocadia.

Si te doy el dinero, no es porque quiera que seamos amigas.

Y digo que te lo doy, no que te lo presto.

Así que no me lo devuelvas si te va bien

ni vengas a por más si te va mal.

Esto es todo lo que sacarás de mí.

Entonces, ¿por qué lo haces?

Considéralo...

un intercambio.

¿Intercambio, de qué?

Tú pagas tu crédito

y yo gano la satisfacción de verte humillada,

de saber que viniste a mí sin nada

y yo te salvé.

Ojalá Ignacio sanara para contárselo.

Su pobre Leocadia

suplicando...

(Música de piano)

Tenías razón con Hugo.

No imaginé que fuera a mover pieza tan pronto.

Tendremos que estar listos, porque va a volver.

Vamos a enfriarlo.

Ya se cansará de buscar sin encontrar nada.

Claro, no nos queda otra.

¿Qué te pasa últimamente, Amparo?

Tú me enseñaste a pensar antes de actuar.

Y tú me enseñaste que hay errores que te marcan de por vida.

Ya te he dicho que tenías razón. ¿Qué más quieres?

Esto es lo que me habías pedido, ¿no?

¿Esto es una boa? -Ah, sí.

Dicen que el lujo es poder viajar

con criados que te lleven cientos de maletas.

Pero no es verdad.

Ah, ¿no?

El auténtico lujo es poder viajar sin maletas.

Y eso vamos a hacer nosotras.

Esta noche, nos vamos directas a la estación.

¿Esta noche?

¿No volvemos a casa?

Nos vamos con lo puesto.

"Dasvidania".

(NIEVES) De harina vamos bien. El problema es el aceite.

Y no creo que los comerciantes de la zona nos den.

Almendras... -Nieves.

Que no salga nadie.

¿Qué pasa aquí, qué hacéis?

Lo nunca visto.

Una monja anarquista.

Así que no lo sabían.

Esto se pone mejor por momentos.

Es cierto.

Soy monja, pero antes de eso, soy cristiana como tú.

Yo ayudo a quien lo necesita, aquí o donde sea, ¿tú qué haces?

Evito que esta gentuza siga matando sacerdotes

y violando monjas mejores que usted.

Ninguno de los que está aquí ha hecho nada parecido.

Por eso les oculta que es monja,

porque son unos angelitos.

Tú no tienes autoridad para juzgarme.

Solo Dios tiene ese poder.

Para usted, hoy no hay Dios que valga.

¿Esto es todo?

¿Se lo has dicho a Jesús?

No.

No he podido decírselo.

Le llamaré cuando todo haya pasado.

Como quieras. Te espero en el coche.

Antes de lo que crees, volverás a ver a tu hermano.

Muy pronto volverás.

Pero esto ya no será mío.

Pero serás dueña de tu destino, que es mucho mejor.

¿Qué vas a hacer?

Vuelvo a Asturias hoy mismo.

Mejor que estés lejos cuando todo esto se descubra.

La última vez que nos despedimos

yo empezaba una nueva vida.

Sí.

Me sentía sola, pero no era verdad.

Muchos amigos os preocupabais por mí.

No nos olvides.

Nunca.

Gracias.

Suerte.

¿Estás herido?

Yo no.

Otra pelea.

Alguien necesitaba un escarmiento y se lo dimos.

Pero ¿tú estás bien?

Me gusta que te preocupes por mí.

Ven.

No puedes ir así por la calle.

(Música dramática)

Nieves...

Nieves, tranquila, soy Jesús.

Soy Jesús, tranquila.

Ya está, Nieves, ya pasó. Tranquila.

Nieves... Nieves, ¿quién ha sido?

¿Quién te ha hecho esto?

Nieves, ¿quién ha sido? Nieves, no...

Perdón.

Perdón, por favor.

Señorita... -Ludi.

Perdona que te llame a estas horas.

Necesito que limpies esto.

Y nadie puede saberlo.

Ni siquiera María del Pilar.

¿Es sangre?

¿Es del señorito Alfonso?

¿Le ha pasado algo? -No.

Es sangre de anarquista.

No te preocupes, él está bien.

Sangre de anarquista...

Lávala y plánchala.

Quiero dársela mañana como nueva.

Nos hacemos viejos para esto.

Yo por lo menos. -¿Sí?

Si pudieras, ¿lo dejarías? -No.

Pero... -¿Pero...?

Me arriesgaría menos.

El dinero no sirve de nada en la cárcel.

¿Y qué sería de María del Pilar? -¿Y qué sería de María del Pilar?

La pobre ya tiene bastante.

No la dejo dormir con mis horarios.

No te imagino trabajando de día.

Ni yo me imagino ya sin ella.

Me encanta verte enamorado.

Ya me lo has dicho antes, Amparo.

¿Qué hacéis aquí a estas horas?

¿Te lo cuento con detalles?

No, no. No.

Tengo que irme.

Adiós...,

Rubio.

Hasta mañana...,

Amparo.

(Música suave)

(Música de suspense)

(AMPARO) Una hora más y salimos.

No sé cómo puedes estar tan tranquila.

Yo me estoy agobiando aquí. -Espera en el cabaré.

No, prefiero...

Prefiero salir a tomar el aire.

¡Suéltame, hijo de puta, suéltame!

(Puerta abriéndose)

Pase lo que pase, tú solo me has visto a mí.

¿Estamos?

Puede marcharse, soldado.

¿Ya es la hora?

Estoy dispuesto.

Eso espero, porque te vamos a sacar de aquí.

¿Cómo?

Vamos, tienes que cambiarte. ¿Estás loco?

Si se enteran, os fusilarán también.

No quiero más muertes sobre mi conciencia, vete.

Dile a Alejandra que... ¡Chist! Díselo tú mismo.

¿Está aquí?

¿Está aquí?

La has puesto en peligro. ¡Marchaos!

Mira, o sales tú o viene ella a buscarte.

¿Sabrá salir?

Si el plano está bien, sí. Lo está.

¿Quién va a hacer los honores?

Lo siento, amigo.

Lo siento. -Natalia...

Lo siento muchísimo, Sonia.

Mi padre sigue vivo. Me dijeron que si les ayudaba, le dejarían ir.

Si no sale pronto, morirá. Sonia, es mi padre...

Lo siento. Lo siento, de verdad.

Les has contado que quería dejarlo, ¿verdad?

(MUJER) ¿Cuántas veces te lo dije?

De esta vida, solo se sale con los pies por delante.

Madre...

(Música de suspense)

¿Nos hemos perdido? Dame un segundo.

No, es por aquí.

Hay que girar dos a la izquierda y ahí tenemos el coche.

Está cerca.

¿Y si nos cogen antes?

Alejandra sabe que no debe esperar.

(Alarma)

Se han dado prisa. ¡Corre!

(Alarma)

¡Por aquí!

¿Qué haces?

Vamos a ponérselo difícil. Sujeta.

Vamos.

(Alarma)

No deberías estar aquí. Calla.

Sonia Ivanovna, tú naciste para servir al partido.

Fuiste educada para servir al partido.

Y lo hiciste bien...,

por un tiempo.

Fingiste tu muerte para ponerme a prueba.

Moscú ni olvida

ni perdona.

Tu debilidad nos ha llevado a las dos a una situación...

difícil.

Me he visto obligada a comprobar

si eres leal a los principios de la revolución.

Utilizar a Natalia para eso es miserable y repugnante,

incluso para ti.

Has fallado, Sonia Ivanovna.

Otra vez.

La última.

Madre, por favor.

Haga lo que deba hacer de una vez, pero déjese de ceremonias.

¿Algo que alegar en tu defensa?

No.

Un momento.

En la cabeza no.

Si es mi última función en este escenario,

no quiero que se me recuerde con...

Fuego.

(Disparo)

(Disparo)

¡Paco!

(Disparo)

Para. Fernando, para.

Este iba a ser tu último amanecer.

Y ahora, es el primero.

El primero de una vida juntos.

Haces que todo parezca tan fácil...

Lo es.

Hace unas horas, pensé que te perdería para siempre

y todos mis problemas me parecían ridículos.

La casa, la finca, el trabajo...

Nada me importa si estás a mi lado.

Perdón.

No quiero interrumpir, pero...

sobre la finca,

hablé con Mercedes.

Este es un nuevo contrato de compraventa,

pero con un precio justo.

Solo tienes que firmarlo.

Gracias.

Alejandra, no firmes.

¿Por qué?

No dejaré que renuncies a toda tu vida por un arrebato.

No es un arrebato, es nuestra vida. Sé lo que hago.

No, no es verdad.

Tú crees marchar al exilio con el hombre del que te enamoraste.

Pero ese hombre ya no existe.

Claro que sí.

Claro que sí. Todo está muy reciente, pero pasará.

No, Alejandra, no.

No pasará.

Lo sacrificarás todo por mí.

Y descubrirás demasiado tarde que fue un error.

Yo no quiero vivir con esa carga.

No es tu decisión.

Sí lo es.

Fernando, no me digas qué es lo mejor para mí.

Dime qué quieres tú.

¿Me quieres a tu lado?

Llévala a casa.

Os debo la vida.

No lo olvidaré nunca.

Suerte.

(Música dramática)

(Motor en marcha)

No, no digas nada, no hagas esfuerzos.

Escúchame.

¿Por qué has vuelto, por qué?

Porque quería... quería despedirme, Amparo.

Qué frío...

Frío...

Dile... Dile...

Dile a María del Pilar que me olvide.

Que me olvide.

Que no...

Que me olvide.

Te lo prometo, te lo prometo, te lo prometo.

Gracias, Rubio, gracias.

A ver, Ludi, y si preguntan, ¿qué les digo?

Que me he quedado dormida.

O cualquier cosa, la verdad, me da igual.

Necesito saber si Mateo está bien. -Pero que es peligroso.

Habrá gente allí viendo quién ayuda a quién.

No me importa, María del Pilar. Déjame, por favor.

(Llaman a la puerta)

Pasa.

¡Ludi!

¡Mi amor!

Mi amor...

¿Estás bien?

¿Ya os habéis enterado?

¿Qué ha pasado, estabas allí?

No.

Yo no estaba.

Pero Nieves sí.

¿Estás segura de que quieres quedarte sola?

Será mejor que me vaya acostumbrando.

Alejandra... Fernando.

Las cosas no has salido como habíamos planeado, pero...

gracias.

De verdad.

(ACENTO INGLÉS) Perdón. ¿Española? -Ajá.

Sé que a los españoles no les gusta compartir mesa con desconocidos.

Pero no va a encontrar una libre.

El restaurante se llena siempre antes del embarque.

¿Me haría el honor?

Si está al corriente de nuestras manías,

seguro que sabrá ponerle remedio.

Charles Benjamin Foster, a sus pies.

Encantada.

Por favor...

Gracias.

¿También va a embarcar?

Por supuesto.

Pero no sin haber almorzado.

¿Con una desconocida? Discúlpeme, todavía no me he presentado.

El viaje es largo. Ya tendremos tiempo de conocernos.

¡Fernando!

¿De dónde vienes?

¡Yo sé de dónde vienes! -¡Hugo!

¡Eres un traidor! -¡Basta ya!

¡Esta es mi casa, quietos!

Si tuviese la certeza, te mataría.

Ah, ¿sí? ¿No enviarías a un juez a que te hiciese el trabajo sucio?

¡Eso es una confesión! -¡Quietos!

Haya pasado lo que haya pasado, sois familia.

Y no voy a consentir que os comportéis como animales.

¡Menos, bajo mi techo!

Un día,

entrará por esa puerta una horda de rojos.

Vendrán a saquear tu casa,

a matarte a ti y a toda tu familia.

Ese día sabrás que los traidores no somos nosotros,

que somos los únicos con cojones para defender lo que es nuestro.

Y ese día, lamentarás el error que has cometido.

(Música de suspense)

(Puerta abriéndose)

(Llama a la puerta)

Señorita Amparo, ¿está bien?

Pase, pero...

¿por qué no entra por la puerta principal?

¿Ha venido a ver al señor De Viana? -No.

He venido a verte a ti.

¿A mí?

María del Pilar, no sé qué ha pasado, pero el señorito...

Unos pistoleros comunistas han entrado en el local.

Paco estaba dentro y...

ha muerto.

He venido porque me ha pedido que te dijera...

que te dijera que te quiere.

Y que nadie le ha hecho tan feliz en su vida.

Eso me ha pedido que te dijera.

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14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 24

29 dic 2018

Alejandra está desesperada, el juicio a Alcázar ha resultado un completo fraude y la ejecución del militar es inminente. Por suerte ni Fernando ni Encarna se resignan a que Hugo se salga con la suya. Los tres amigos comprenden que tendrán que salirse del marco de la legalidad si quieren tener alguna posibilidad de sacar a Alcázar de su encierro antes de que sea demasiado tarde.

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