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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 23- ver ahora
Transcripción completa

(Puerta abriéndose)

(HOMBRE) Cinco minutos, señora.

Fernando.

¡Alejandra!

Me he vuelto loca buscándote.

No querían decirme dónde estabas.

¿Estás bien?

¿Te han hecho daño? No, no, estoy bien.

Me han tenido incomunicado.

Un castigo añadido.

Siento mucho lo que ha pasado.

Ha sido horrible.

Si no hubiera desobedecido las órdenes, Isabel estaría viva.

Hiciste lo correcto negándote a matar a inocentes.

Ahora lo importante es sacarte de aquí.

No, Alejandra, no.

Está todo perdido.

Será mejor que me olvides.

¿Qué dices, Fernando?

Fernando, mírame, mírame.

Será mejor que te vayas.

¡No me voy a ningún sitio! ¡Mírame, Fernando!

¡Mírame! Vete.

Mírame. Vete.

Por favor, mírame.

(Puerta cerrándose)

¡Encarna! ¡Alejandra!

¡Por fin! ¡Qué alegría volver a verte!

¿Cómo estás? ¿Has podido ver a tu marido?

Hasta ayer, no me dejaron verlo.

Está mal.

Se siente culpable por la muerte de Isabel.

Es como si hubiera perdido las ganas de vivir.

No digas eso.

Conozco a Fernando desde hace años y es un luchador.

He intentado convencerlo de que no hizo nada, pero no me escucha.

¿Y Jesús?

Desde la boda, no lo veo. ¿Por qué?

Estuve con él en Asturias. ¿No lo sabías?

¿En Asturias, Jesús?

Estará de camino de vuelta.

Pero ¿y si le ha pasado algo? ¿Cómo sé que está bien?

Aparecerá, estoy segura.

Todo va a salir bien.

¿Un café? ¡Qué bonita es la finca!

Gracias.

No sé... No sé cuántas mujeres tenía detenidas el coronel Aranda.

Cientos, y todas hijas y esposas de mineros.

Y lo dejó bien claro: o se entregaba González Peña

o las entregaba a los moros.

Y por eso se han rendido, ¿eh?

Mirad.

"Al enterarse de esto, Peña

se presentó a los Guardias de Asalto en la aldea de Ablaña".

-"Llevaba luchando más...". -¡Compañeros!

Jesús ha vuelto.

¡Jesús!

¿Cómo has llegado a Madrid?

Bienvenido, compañero. Gracias.

He caminado durante días. Hay controles por todas partes.

Al final, conseguí esconderme en un vagón de tren...

a la altura de Palencia.

¿Es verdad que ha sido una masacre?

Se habla de miles de muertos.

Sí.

Sobrevivieron muy pocos.

La mayoría siguen arrestados.

Las cosas no pueden quedar así. Hay que vengarse.

Yo digo que vayamos a por Franco.

-¡Sí! -¡A por Franco!

-¿No creéis que ya se ha derramado suficiente sangre?

-No lo es. -Nieves tiene razón.

Muy bien, ¿y qué? ¿Qué hacemos, nos rendimos?

¿No veis lo que hacen con los que se rinden?

Jesús, tú has estado allí.

¿No quieres vengar a los que lucharon por la revolución?

Ahora, solo quiero descansar.

Voy a prepararte algo de comer.

-Hacedme caso. -Olvídate.

-Hacedme caso. No hay que rendirse. -¿Qué quieres?

Nos volverán a machacar. No hay que darles motivos.

-No es el momento de rendirse. -No podemos.

Señora, ¿le subo el desayuno a la señorita Beatriz?

Sí, por favor.

-Se quedará un rato en la cama. -Muy bien.

¿Qué es eso de que vas a participar en la comisión?

¿Qué comisión?

La que investigará la represión de la revuelta de Asturias.

Otro intento izquierdista de emponzoñar al Ejército.

Vamos a valorar si la respuesta fue proporcionada.

Por supuesto que lo fue.

Tú también vas a formar parte de la comisión.

Si alguno de los testigos miente...

o intenta tergiversar la investigación,

podrás refutar sus testimonios.

-¿Estás seguro de lo que haces?

Deja que otros peleen esa batalla por ti.

La comisión es independiente y plural.

O no habría aceptado ser el secretario.

Esta tarde comenzamos.

¿Desde cuándo defiendes la insurrección?

Los revolucionarios cometieron atropellos,

actos de una violencia que me repugna,

pero un Gobierno democrático no puede justificar los fusilamientos

ni los malos tratos que reciben los prisioneros.

Perdona. ¿Qué hubieses hecho tú?

¿Tirarles de las orejas?

Hugo, solo intentamos esclarecer lo ocurrido.

Esos rebeldes mataron a tiros a civiles inocentes.

Entre ellos, a Isabel.

Si por mí fuese, no quedaría ni uno vivo.

Quizá no sea el mejor momento.

Ponerse del lado de los revolucionarios...

será considerado traición.

Y los traidores van a pagar por ello.

Fernando Alcázar, el primero.

¿Dónde está ahora? Está en Madrid,

esperando el juicio...

por insubordinación y traición a la patria,

por ser una vergüenza para el Ejército.

¡Pobre Alejandra!

Si me lo permitís, tengo que prepararme.

Hugo, nos vemos en la comisión. Por supuesto.

Me alegro de que hayas vuelto sano y salvo.

Tuve suerte.

¡He visto tanto odio!

El hombre es capaz de lo peor.

Son las buenas acciones las que pocas veces se recuerdan.

No ha servido para nada.

Miles de hombres, mujeres, niños...

masacrados para nada.

Es horrible que se haya llegado a eso.

Debería haber otras formas de cambiar las cosas

sin recurrir a la violencia.

Los compañeros no piensan así.

Ya les has oído.

Si se lo digo, me tomarán por cobarde.

Ellos no han visto lo que tú.

Y no dejes que te convenzan de lo contrario.

Ojalá pudiera hablar con ellos como contigo.

Ahora lo que tienes que hacer es cuidarte y recuperarte.

¿Dónde estabas? Te has perdido el desayuno.

Ya, lo siento, se me ha hecho tarde.

¿Has vuelto a pasar la noche con Paco?

Yo pensando que lo habíais dejado...

No, para eso hay que ser novios y nosotros nos vemos a veces.

Solo os veis por la noche.

¿Se avergüenza de ti?

No. Me gusta verlo a escondidas. Es más emocionante.

Buenos días. Buenos días.

Os he dejado abajo la lista de tareas.

Muy bien, gracias.

Fernando, ¿es seguro para ti que formes parte de esa comisión?

Siendo diputado y con todos esos extremistas sueltos por ahí...

Es mi deber, mamá.

¿No te perjudicará?

Ese es el menor de nuestros males.

Con lo que saquemos de la cosecha este año, si es buena,

no vamos a poder cubrir todo el crédito.

Nos vamos a retrasar otra vez.

¿Te ha dicho algo Mercedes? No.

Pero no quiero que tenga que hacerlo.

He estado pensando.

¿Qué te parece si dividimos la finca y vendemos una parte?

No, ni hablar.

Ya he vendido el olivar y no pienso ceder ni un metro más.

Sí, mamá, pero a este ritmo lo perderemos todo.

Esas tierras son el legado de mi familia.

Si es por mí, lo voy a entender.

Y mi hermana también lo hará llegado el momento.

Fernando, agradezco tu sacrificio,

pero esta familia ya ha perdido demasiado.

Tú céntrate en tu trabajo.

Yo ya buscaré una solución.

Este también es mi trabajo.

Estamos cerrados todavía y de coristas tenemos el cupo completo.

Hola, Sonia.

¿Natalia?

¡Oh, potaje!

Huele mejor que el de mi madre,

que en paz descanse. -¡Anda, zalamero!

¿Y las fabes que te hago yo qué?

Las mejores de España.

-Nieves, tengo que irme.

Me he escapado con la excusa de hacer la compra.

-No te preocupes, ya termino yo.

¿Dónde trabajas?

En casa de los De la Torre.

El señorito es diputado y siempre viene gente importante a comer.

Vamos, que si se enteran de que vengo aquí...

Oye, Jesús te mira mucho, ¿no?

Yo creo que le gustas.

Hasta luego.

¿Qué tal tus pies?

Ahí andan. Sigue con el ungüento.

Esas heridas tardarán en cicatrizar.

Tienes buena mano con la gente. Me recuerdas a mi hermana.

No sabía que tuvieras una hermana.

Vive en el campo, en una finca.

¿Y sabe que has vuelto?

Pues ya va siendo hora de que la visites.

Si me acompañas, voy.

¿Eso es un sí?

Sí.

¿Por qué has dejado Moscú?

¿Ya no te acuerdas de cómo son los inviernos allí?

Tenía ganas de volver a casa.

¿Y te vas a quedar?

Todavía no lo sé. Por ahora, estoy en un hostal en Malasaña.

Ni hablar, te quedas conmigo.

Gracias.

Siempre... preocupándote de mí, como cuando éramos unas crías.

De eso hace muchos años.

Demasiados.

¿Y tú cómo estás?

Tengo mi negocio, soy una mujer libre... No me puedo quejar.

Me refiero a lo de tu madre.

Hace dos años que no la veo.

Rompimos todo contacto.

¿No lo sabes?

Tu madre ha muerto.

Lo siento, pensé que te habías enterado.

¿Qué pasó?

Sufrió un accidente de coche.

No lo sabía. Nadie me dijo nada.

Lo siento mucho.

¿Cómo estás? ¿Has descansado?

Sí. Me siento mucho mejor,

feliz de estar en casa.

No dejo de dar gracias a Dios por tenerte con nosotros.

Quiero darte algo.

Era de mi bisabuela.

Ha pasado de generación en generación.

Tu anillo favorito.

Ahora quiero que lo tengas tú.

Prométeme que lo guardarás bien. Es muy valioso.

¿Qué te pasa, mamá?

¿Por qué me lo das ahora?

Quería hacerte un regalo.

No lo merezco después de lo que ha pasado.

Hija, tienes toda la vida por delante.

Tú te mereces lo mejor.

-No estás bien. -Claro que sí.

Tú no tienes de qué preocuparte.

-Señora.

Ha llegado la visita que esperaba.

Gracias.

Beatriz, ahora, por favor, déjanos solos.

Buenas tardes.

Señorita Alcántara.

Ha pasado mucho tiempo.

Para algunas cosas, sí.

Otras, por desgracia, no han cambiado.

Me alegro de verla...

de nuevo.

-Señor presidente. -Encantado.

Señores,

se abre la primera sesión de esta comisión,

cuyo fin es investigar

la revuelta obrera sucedida en Asturias,

así como valorar las acciones aplacadoras

del Gobierno y de las fuerzas del orden.

A continuación, tiene la palabra...

la portavoz del Partido Socialista, la señorita Alcántara.

El Gobierno pretende silenciar

los abusos cometidos por las fuerzas del orden,

cuando no negarlos,

sin tener en cuenta que, con su actitud,

compromete gravemente

el prestigio moral y el sentido humano de la República.

Las dos partes en conflicto cometieron errores imperdonables,

pero a unos se les considera culpables, mientras otros

celebran con total impunidad el aplastamiento de la rebelión.

Señorita, siendo socialista, ¿qué va a decir usted?

Coronel, yo misma fui testigo de cómo las tropas

cometieron atropellos incalificables.

Y le aseguro que estoy, como deberíamos estar todos,

en contra de la violencia, venga de donde venga.

-Su testimonio no parece muy objetivo.

¿Estaba usted allí colaborando con los rebeldes asturianos?

Mis manos no tienen sangre.

-Gracias por su intervención.

Damos paso al testimonio de los testigos.

Los sublevados atacaron como salvajes.

Yo vi morir con mis propios ojos a sacerdotes,

religiosas, familias enteras.

Había que parar la masacre. Había que intervenir.

-¿Y las muertes innecesarias?

¿Y los atropellos cometidos?

Era nuestro deber defender España y a aquellos que corrían peligro.

Los atropellos se los imaginaron los malintencionados.

No hubo nada fuera de lo normal en una guerra.

Porque eso es lo que fue, una acción de guerra.

Tiene la palabra, señor secretario.

Gracias.

Señores,

la autoridad pierde legitimidad cuando se sale de los cauces

de la ley y de la justicia.

Las cifras hablan por sí solas.

Más de mil obreros muertos, decenas de detenciones,

torturas indiscriminadas... Ciudadanos ejemplares

como Pichilatu.

Los presidios están siendo teatro de horribles palizas y vejaciones.

Por imponer el orden, se olvidan los derechos de esas gentes.

Y tal cosa en un régimen democrático debe perseguirse

como cualquier revuelta popular... -Gracias, señor secretario.

Damos por cerrada la sesión. Me temo que no he terminado.

Es que no tenemos más tiempo.

Retomaremos mañana.

Queda levantada la sesión.

Ahora tienes que ser fuerte por él, bueno, por los dos.

¿Qué va a pasarle?

Le juzgarán.

Y, si le declaran culpable, probablemente le condenen

a la pena capital.

Eso no puede ser.

No puede ser.

Fernando, ayúdame.

Encarna y yo creemos que puede haber una posibilidad.

¿Cuál? En la comisión,

testifican varios militares.

Todos cuentan lo mismo. Son títeres de Hugo.

Fernando sería el único que podría contar la verdad.

Estáis locos.

No voy a permitir que Fernando se arriesgue más.

No tiene nada que perder.

Esta puede ser la única oportunidad de salvarse.

No dejaré que hagáis política con él.

Nosotros estamos de su lado.

Hay que demostrar que no ha hecho nada para merecer tal castigo.

Alejandra,

Fernando ha firmado una declaración de culpabilidad.

Se ha condenado.

Su testimonio puede convertirle en alguien importante,

un héroe de Jaca contando la verdad que nadie quiere oír.

No se atreverán a ejecutarle.

Eso no lo sabes.

Su ejecución levantaría demasiado revuelo.

Eso no le interesa a nadie con dos dedos de frente.

Conmutarían la pena para que no parezca un chivo expiatorio.

De lo contrario,

puede acabar delante del pelotón de fusilamiento.

Por fin se han ido todos.

¿Me has echado de menos?

¿Tú qué crees? ¿Eh?

¡Eh!

Ten cuidado, es de la jefa.

Ah, ¿sí?

¿Y tú has tenido algo con la jefa? Porque es muy guapa.

-¿Yo? -Sí.

¿Je, je, je, qué?

A ver...

Es que Amparo es...

Digamos que no soy su tipo.

Ah.

O sea, que solo es tu jefa.

-¿Nada más? -Nada más.

Ajá.

-Me ayudó en un momento difícil... -Ya.

...y le estaré agradecido siempre.

Pero ya sabes el refrán: "Donde tienes la olla...".

¿Eh? Hablando de ollas...

(SISEA)

¿Me lo puedo probar?

Solo si luego te lo quitas.

No sé.

Puedes quedarte cuanto quieras.

No quiero molestar.

No sería la primera vez que compartiésemos cama.

¿Te acuerdas en el colegio?

Te he traído una cosa.

¡Mayakovski!

El poeta de la revolución.

Nos lo aprendimos de memoria.

-¿Qué teníamos, 14 años? -Yo, 17.

Era toda una mujer soviética.

(HABLA EN RUSO)

(HABLAN EN RUSO)

"Me siento atraído...

y amado".

¡Cómo me enredaba con este verso!

-¿Te acuerdas? -"Da, da, da".

Y todas esas idiotas se reían de ti.

Estuviste tres días castigada por defenderme.

Fuiste la hermana que nunca tuve.

Hasta que te fuiste.

Fue por mi madre.

Me obligó a dejar Moscú y a abandonarlo todo.

Yo también he perdido a mi padre.

Lo siento. ¿Cuándo fue?

Murió de tuberculosis hace unos meses.

¿Por eso has venido?

Por eso y para verte a ti.

Estaba muy sola.

Ya no lo estás.

(HABLA EN RUSO)

"Da?".

"Da".

(Piano)

# Dice la Tarara que no tiene novio

# y debajo de la cama tiene un san Antonio.

# La Tarara, sí, la Tarara, no.

# La Tarara, niña, que la bailo yo.

# Tiene la Tarara un pañoleta

# que por los boquetes se le ven las...

# La Tarara, sí,

# la Tarara, no.

# La Tarara, niña, que la bailo yo.

# Tiene la Tarara unas pantorrillas

# que parecen palos de colgar morcillas.

# La Tarara, sí,

# la Tarara, no,

# La Tarara, niña de mi corazón. #

¡Ay! ¡Ay!

La verdad es que lo mío no son las variedades.

A ti se te da bien todo, cariño mío.

Nunca me lo había pasado tan bien.

¿Sabes que yo, de pequeña,

quería ser titiritera?

Y me encantaba disfrazarme y...

y ponerme... Vamos, disfrazarme de princesa.

Ya ves para lo que me he quedado.

Sigues pareciendo una princesa.

Y tú, un sapo.

(CROA)

(GRITA)

(GRITA)

¿Qué ha pasado?

-Tira. -¡Imbécil!

(Puerta abriéndose)

Tarde otra vez.

-Buenos días. -¡Quién te ha visto y quién te ve!

Chica, pareces mi madre.

¿Por qué no hacéis como las parejas normales?

Pasear, ir al cine, como yo con Mateo.

Mi Paco no es como tu Mateo. Tiene una vida complicada...

y, bueno,

no le puedo pedir más.

Pues deberías, porque, trabajando en ese antro,

seguro que se acuesta con todas.

Y tú eres una mujer decente.

Cuidado, no se te pegue algo.

A tu novio lo conociste en El Alemán.

Y venga, que me tengo que arreglar.

Sí.

Pues espabila.

Y péinate, bonita.

Tu hijo debe de estar contentísimo teniéndote cerca otra vez.

Está feliz. Está tan mayor...

¿Sí?

Ahora le ha dado por los pájaros. Está obsesionado

y se pasa horas mirando a los pájaros así.

Pero ¿le gusta ir a colegio?

Regular.

Ahí me tengo que poner seria. Pues sí.

Sí.

¡Jesús!

No sabía que fuiste a Asturias.

No te lo dije para no preocuparte.

Lo importante es que estás aquí.

Os presento a Nieves, una amiga.

Tu hermano me ha hablado de ti. Bienvenida.

Gracias.

¿Y es seguro que Fernando testifique?

Es la única posibilidad que tenemos de salvar su vida.

¿Estás bien?

Sí, bueno...

Nieves me cuida mucho.

Es muy guapa.

Solo es una amiga.

Ah, ¿sí? Sí.

Pues nunca te he visto mirar a una mujer como la miras a ella.

¿Tanto se me nota?

Nunca había conocido a nadie así.

Es noble, buena, generosa.

Todo el mundo la quiere.

Me pasaría horas hablando con ella.

¿Y ella qué opina?

No lo sé.

Pues tendrás que decírselo, ¿no?

Es la única manera de saber si te corresponde.

Te he echado de menos.

Y yo a ti.

Padre estaría muy orgulloso.

Fueron los jornaleros.

-Es preciosa. -¿La has montado tú?

Sí, para los hijos de los trabajadores.

Mi padre no sabía leer y quería que ellos aprendieran.

Yo fui maestra durante una época.

¿Sí? Sí.

Pues yo necesito a alguien que me eche una mano.

¿Te interesa?

¿Os gusta?

Es muy bonita.

Esta se carga todos los vasos del local, ya verás.

No debiste contratarla, Amparo.

-Ten paciencia, Paco.

Acaba de empezar.

¿Y no te parece raro que haya aparecido de repente?

Todo el mundo tiene derecho a volver a su casa.

Su padre murió en Moscú. No tiene a nadie.

-Ya sois dos. -¿Qué?

Si la han educado como a ti, le habrán inculcado lo mismo, ¿no?

Natalia no es como yo.

Por cierto, ya que insistes en cerrar tú por las noches,

dile a tu amiga que, si usa los vestidos,

los vuelva a colgar en su sitio,

Paco el Rubio enamorado.

Me gusta verte contenta.

Me gusta.

¿Le has regalado tu anillo a Beatriz?

Sí. Quería que lo tuviese ella.

Es lo único que me queda.

Agustín, he venido todas mis joyas.

¿Te has vuelto loca?

Necesitaba el dinero para comprar el pasaje.

Me marcho a Filipinas.

Voy a pedirle dinero a mi familia.

Reza para que me lo den.

Hemos pasado por todo...

y nunca has querido recurrir a ellos.

Si no pagamos ese crédito, esta familia se hunde para siempre.

No lo hagas.

Si me hubieras escuchado, no estaríamos así.

Ya es demasiado tarde.

Gracias por acompañarme.

Ha sido un día perfecto.

Tu hermana es encantadora.

Tú lo eres más.

Perdona, perdona.

Pensé que tú también querías. No, lo siento.

Es mejor que volvamos.

Se está haciendo tarde.

Hugo tiene a los militares aleccionados.

Sabes mejor que nadie que no hicieron distinciones.

Dispararon indiscriminadamente.

Los muertos están muertos.

Ya no sirve de nada.

Pero tú sigues vivo,

como tantos que corren el riesgo de ser juzgados sin garantías.

Aquí tienes los expedientes de cientos de personas arrestadas,

torturadas y ejecutadas.

No podemos quedarnos de brazos cruzados.

Tienes que contar la verdad.

Será la palabra de un héroe contra la de unos mercenarios.

Los dos fallamos, cada uno en un bando,

pero podemos tener la conciencia tranquila.

Nuestra intención era evitar esta masacre.

Si no testificas, van a matarte.

¿Es eso lo que quieres?

(Rumor de conversaciones)

¿No hay más?

Creí que aquí ayudabais a la gente necesitada.

¿Cómo están todos?

No sé nada de ellos desde antes de la revuelta.

Están bien, por suerte. Tranquila.

Tengo algo para ti, ahora que ya sabes leer.

De Vicenta, junto con las casadielles.

Gracias.

Mi prima va a tener un hijo.

Madre del Amor Hermoso...

Ya, ya. ¿Qué ha pasado?

La hija de Angelines,

una vecina, que...

Que la han pillado en el granero con el hijo del notario.

Se ha tenido que ir del pueblo. -Pobre chica...

La echaron sus propios padres.

Porque se avergonzaban de ella.

En el pueblo, no se habla de otra cosa.

¿Qué será de ella?

Quién sabe...

Pues esta muchacha parecía decente.

Las mujeres siempre tenemos las de perder.

Igual en Madrid las cosas han cambiado, pero...

en los pueblos, todo sigue igual.

Buenas tardes. Buenas tardes.

¿Has firmado la documentación para que Alcázar testifique?

Sí. No eres el único que tiene derecho a presentar testigos.

No dejaré que un traidor ensucie la memoria de los caídos por España.

Todos lamentamos mucho la muerte de Isabel.

Pero no podemos permitir que el rencor forme parte de la comisión.

Lo único que vais a conseguir es empeorar las cosas.

Piénsalo.

¿A qué viene tanto interés por Alcázar

Es para ayudar a Alejandra, claro.

Son mis amigos, Mercedes.

Voy a hacer lo que esté en mi mano para salvarle la vida.

Pero ¿a qué estás jugando, con lo que te ha costado ganarte

el respeto de todos y ahora que la CEDA está en el Gobierno?

Parece que siempre que sale Alejandra te pones a la contra.

Estás tan equivocado...

Les he ayudado incluso más que tú.

¿Cómo?

Yo le conseguí a Alcázar el destino en Madrid.

Convencí a Hugo.

Para no separarlo de Alejandra.

Para que se casaran y tuvieran un futuro juntos.

¿Hola?

Hola, Amparo.

Te hacía en Asturias.

¿A qué has venido?

A que me digas la verdad.

¿Por qué me abandonaste?

Me gustaría saberlo, nada más.

La mujer que intentó envenenarte era mi madre.

Ventura tenía razón. Es muy peligroso vivir conmigo.

Y yo no podía permitir que te pasara nada más.

¿Tu madre?

Ella tenía planes para mí.

Irme contigo no entraba dentro de sus planes.

Pero ¿por qué? -Ya no importa.

Mi madre ha muerto.

(ENCARNA) Lo siento.

Debo darte las gracias, supongo.

Siento mucho que las cosas no hayan sido de otra manera.

Yo también.

Me voy.

Te deseo mucha suerte.

Sé feliz.

Te lo mereces.

Llevas todo el día en las nubes.

Tenías razón, Ludi. -¿En qué?

Lo que estoy haciendo con Paco no está bien.

Por fin.

Se lo puse muy fácil desde el principio.

Yo siempre he querido algo más, pero no me atrevía a pedírselo.

Habla con él.

Y si te dice que no, pues a otra cosa.

Es que, a lo mejor, yo no soy tan decente como tú crees.

(Bach "Concierto para piano")

¿Quién era la de antes?

Encarna, una amiga a la que tuve que renunciar por mi madre.

Es horrible, pero es un alivio que se haya muerto.

No digas eso.

Ella te quería.

Si quieres a alguien, no le impides que sea feliz.

Me ha estado vigilando desde niña.

Aún temo que entre por la puerta para gobernar mi vida.

Sabes que eso no va a pasar.

Por eso he pedido informes a Moscú de su muerte.

Necesito pasar página.

¿Estás segura?

Puede ser doloroso.

Es la única forma que tengo de deshacerme de su fantasma.

Menos mal que estás aquí.

(Puerta abriéndose)

Imagino que no es una visita de cortesía.

Me gustaría verte muerto.

Pero hay cosas más importantes que el odio que siento.

¿A qué has venido?

A ofrecerte un trato.

Si no testificas, te conseguiré el indulto.

¿Eso es un trato... o una amenaza?

Aún tienes una mujer en la que pensar.

No os conviene que yo declare.

Serás ejecutado,

aunque tenga que reunir yo el pelotón de fusilamiento.

Piénsalo.

No hay nada que pensar.

Voy a testificar.

Pero ¿dónde está tu honor?

¿Cómo quieres que te recuerden los tuyos?

¿Por tu cobardía?

¿Dónde está, coronel?

¿Dónde está Fernando Alcázar?

Ya que voy a morir,

ya que no pude evitar la muerte de Isabel,

por lo menos, voy a contar la verdad, por patriotismo.

¡Soldado!

(Puerta abriéndose)

Traigo buenas noticias.

Fernando ha decidido testificar. ¿Cómo le has convencido?

Ha sido gracias a ti. No, yo no puedo hablar con él.

Me han dicho que está incomunicado.

Eso no lo pueden hacer.

Encarna, es una represalia.

No debimos decirle que testificara.

Nos quieren amedrentar, saben lo que se les viene encima.

Tengo miedo.

Necesito saber que está bien, hablar con él.

Llamaré a Fernando de la Torre. Quizá él pueda conseguir algo.

Por fin, cariño.

¿Qué baile me vas a hacer hoy? -Hoy no hay baile, Paco.

¿No, por qué?

Porque quiero que empecemos a hacer otras cosas juntos.

Ir al cine.

Pasear.

Perdón.

Tomar chocolate con churros. -Ajá.

Ir al teatro.

Vamos a ver, tú trabajas de día.

¿Quieres ir a las 4 de la mañana al Retiro a echar pan a los patos?

Eso son excusas.

¿Solo me quieres para alegrarte las noches?

Yo creía que te gustaba.

¿Es malo hacer cosas de novios? -Ya estamos...

No, si al final, vas a salir como todas.

Ah, ¿sí?

¿Cuántas novias has tenido tú?

Pilar, así estamos bien.

¿Por qué pensar en el mañana? Vivamos el día a día.

Mira...

Si lo que quieres decir es que lo nuestro no tiene futuro,

mejor lo dejamos. -Pero ¿qué dices?

Pues mira, digo...

que si algún día estás preparado para un compromiso, que me avises.

Podemos ir más despacio.

No es eso.

¿Qué pasa, Natalia? Me puedes contar lo que sea.

Pensé que podía olvidarlo todo.

Si vamos a estar juntas, tienes que saberlo.

Estuve presa en un campo de trabajo, con mi padre.

Dos años.

Allí me violaron un grupo de soldados.

Mi padre murió, pero no de tuberculosis.

Estaba enfermo y los trabajos forzados acabaron matándole.

Después, me soltaron y me vine aquí.

No voy a poder olvidar el horror que viví.

Chist, chist...

Eh...

Lo siento.

La despensa está vacía. Tenemos que cerrar el comedor.

¿Qué vamos a hacer? Cada día viene más gente.

Ya me encargo yo, no te preocupes.

¿Te ayudo? No.

No, es asunto mío.

Nieves.

¿Pasa algo?

Llevas evitándome desde la otra noche.

Creo que es mejor que mantengamos las distancias.

Tu hijo empieza a ser un poco incordio.

Desde niño es así de testarudo.

Supongo que es en lo único que nos parecemos.

Alcázar va a testificar,

por culpa de Fernando y esa socialista amiga suya.

¿Por qué no hablas con él?

¿Qué puedo hacer?

Impedirlo, Agustín.

(Puerta abriéndose)

Buenos días.

Hugo.

¿Por qué el coronel Alcázar no puede ver a su mujer?

Porque... es un prisionero militar.

No está en el salón de su casa para recibir visitas.

Por mucho que trates de hacerle la vida imposible,

mañana va a testificar.

Y nadie lo va a impedir.

Os veo en el desayuno.

(AGUSTÍN) ¿En qué podemos ayudarles?

-Supongo que no conocen las ruletas de estraperlo.

¿Ruletas de casino? Sí, pero no una ruleta cualquiera.

Son ruletas eléctricas.

Queremos introducirlas en locales de Europa,

como en San Sebastián.

Sabrán que el juego está prohibido.

Justo eso queremos cambiar.

Digamos que gente con reputación e influencia como ustedes

pueden ayudarnos con el trámite de las licencias de explotación.

(AGUSTÍN) Un negocio interesante. -Y muy lucrativo.

Como compensación, les garantizamos una parte de los beneficios.

Aun así, me temo que no es una cuestión administrativa,

sino legal.

Y es un asunto a debatir en el Parlamento.

Varios diputados del partido radical ya están a bordo.

Pero no queremos que se nos adelanten,

no vayan a robarnos la idea. (AGUSTÍN) Hacen bien.

Les deseo mucha suerte.

Pero lo siento, no estamos interesados.

Dense unos días.

Les hemos traído unos puros, de La Habana.

Muy amables.

Pero, de verdad, no estamos interesados.

Sor Nieves, es extraño ver a una monja sin el hábito.

En estos tiempos, es mejor no llamar la atención.

-Claro, lo entiendo.

Es una pena lo que está ocurriendo con la Iglesia en España.

Pero, dígame, ¿en qué puedo ayudarla?

Estoy haciendo una colecta entre familias cristianas, como la suya,

para ayudar a los necesitados que acuden al convento.

Admiro mucho su labor y desearía poder ayudarla, pero...,

lamentablemente, son muchas las donaciones que hacemos al año

y me temo que hemos llegado al límite.

Lo siento de veras. -Entiendo. Quizá por Navidad.

Pero ya que estoy aquí,

¿tendrían legumbres o arroz para salir del paso?

Claro.

Ludi la acompañará a la despensa.

Hermana, no puede irse solo con un paquete de arroz en las manos.

Será un placer hacer una donación mensual en nombre de la familia.

¿Te parece bien 500 pesetas?

Que Dios se lo pague, señora.

Su labor merece todo y más.

Nieves.

¿Qué hacías en esa casa?

¿Me has estado siguiendo?

¿Por qué has venido?

A llenar la despensa.

No tengo que darte explicaciones.

¿De qué conoces a los De la Torre?

No te vas hasta que me lo expliques.

Soy monja.

Ingresé en el convento hace cinco años.

¿Y qué hace una monja en un centro anarquista?

Los caminos del Señor son muchos y yo hago lo que sea por ayudar.

Yo no he engañado a nadie, Jesús.

Necesitaba un lugar para montar el comedor.

Os puse como condición que no fuera solo para la CNT y aceptasteis.

Y ahora, gracias a las donaciones,

lo hemos salvado.

No sabes dónde te metes, Nieves.

No conoces a los De la Torre.

Ni se imaginan que sus obras piadosas van a parar al Ateneo.

Ellos dan dinero para los pobres y nosotros es en lo que lo gastamos.

Eres muy valiente, no te lo niego.

No te lo hubiera contado si...

si no supiera que tienes sentimientos hacia mí.

¿Entiendes ahora por qué te rechazaba?

Sí.

Sí, claro.

Pero es una putada.

Señorita, tiene una visita.

Beatriz, ¿cómo estás?

Mucho mejor, gracias.

Tenía ganas de verte.

Perdona que no haya venido antes, no quería molestar.

No es molestia.

Ahora que estoy en casa, las visitas son bienvenidas.

Siéntate.

¿Y ese anillo tan bonito?

Es... un regalo.

De mi madre.

Por un momento, pensé que te habías prometido.

¿Te gusta?

Sí, mucho.

Pero no te hace justicia.

(Pasos acercándose)

Alfonso, qué sorpresa. -Señora...

He venido a ver a Beatriz.

¿Puedo volver a visitarte?

Me gustaría...

invitarte a dar un paseo un día de estos.

Si usted no tiene inconveniente.

Claro.

A continuación, el coronel Alcázar declarará como testigo.

Tiene la palabra.

Señores.

Las Fuerzas Armadas de la República

tienen la obligación de defenderla de sus enemigos,

tanto los del exterior como los del interior.

Pero la defensa de la patria no justifica un escarmiento.

Y menos, cuando se basa en acciones contra la población civil.

¿Considera "población civil" a una multitud armada?

Por favor, coronel... -No pensaba que era tan ingenuo.

-Coronel De Viana, no vuelva a interrumpir, por favor.

Yo estuve en Asturias.

He sido testigo de matanzas,

de horribles matanzas cometidas por los sublevados,

con una violencia y crueldad que ningún ideal puede justificar.

Pero también fui testigo de nuestras represalias,

sin distinción entre quienes portaban armas o no.

Coronel Alcázar,

¿considera usted desproporcionados los medios de las fuerzas armadas

para aplacar la revuelta?

No solo los medios, señor diputado,

sino también la táctica

y las órdenes cursadas,

más propias de una operación de castigo

que de una intervención para restaurar el orden.

¿Desde cuándo un soldado cuestiona las órdenes?

¡El primer deber de un militar es obedecer!

-El primer deber de un militar es amar y defender a su patria.

Y no hay patria sin ciudadanos.

Y si para defenderlo se ve forzado a desobedecer órdenes,

debe actuar en conciencia,

por dolorosas que sean las consecuencias.

Muy bonito.

Señor presidente, si esta comisión es un instrumento

para que el coronel se defienda de las acusaciones que pesan sobre él,

no formaré parte como representante del Ejército.

¿Me disculpan, por favor? El testimonio del coronel Alcázar

es fundamental para evaluar la represión de la revuelta.

El testigo tiene derecho a expresar su punto de vista

y nosotros tenemos la obligación de escucharle.

No, no la tenemos, señor diputado.

Los intereses personales del coronel Alcázar

ponen en duda la veracidad de su testimonio.

Por tanto, la declaración del coronel

no será tenida en cuenta ni constará en el acta final.

(ENCARNA) Eso es injusto. Si hablamos de intereses personales

hablemos de los del coronel De Viana.

Encarna, no es el momento. Es injusto.

Por favor, orden. Señor presidente, pido permiso...

Los testimonios pertinentes se han escuchado.

Su juicio se celebrará dentro de tres días.

Devuelvan al prisionero al lugar de donde no debió salir.

La señora se marcha hoy.

Ya.

¿Has preparado el equipaje?

Sí.

Está en el vestíbulo.

¿Has terminado? -Sí.

(Llaman a la puerta)

¿Abres tú?

María del Pilar...

¿Ajá?

(Pasos)

No te pueden ver aquí. -Debo hablar contigo.

No tardes.

Serán cinco minutos, por favor.

Tú dirás.

Hace siete años que vivo en la clandestinidad.

¿Cómo?

Mi mujer murió mientras yo huía de la Guardia Civil.

Me acusaron de su muerte. Nunca pude probar mi inocencia.

Así que tuve que huir.

Hice cosas que...

Bueno...

Hasta que Amparo me ayudó y me dio trabajo.

Desde entonces, no me había sentido tan enamorado.

Hasta que te conocí.

¿Mataste a tu mujer?

No.

Pero bueno, piensa lo que quieras. Estás en tu derecho.

Mira, Pilar...

Hace mucho que no sentía lo que siento,

pero no podremos llevar una vida normal.

Y ya no es que tú trabajes de día o...

o yo trabaje de noche.

Es que...

nunca podremos casarnos

o yo tendré que huir en cualquier momento.

Esta es la miseria de vida que te puedo ofrecer.

Si ni siquiera me llamo Paco.

Tengo que trabajar. Lo siento.

(Puerta cerrándose)

¿Por qué no me avisaste, mujer?

No sabes lo mal que me lo hiciste pasar.

Yo que tú no me arriesgaba más.

En algún momento, nos volveremos a quedar sin comida.

¿Piensas seguir con el paripé?

Ludi, mereces saber la verdad.

Soy monja.

¿Monja monja?

A mí me va a dar algo.

Por favor, no puedes decir nada, a nadie, ni aquí ni fuera de aquí.

¿Entiendes por qué?

¿Damos un paseo?

Claro, encantada.

Vamos con vosotros, tortolitos.

Jesús, ¿invitas a unos cafés?

Sí. (LUDI) No.

¿No? -Tú me tienes que llevar al cinema,

a ver la última de Clark Gable, me lo prometiste.

Al cinema.

Mira, ahí está Jesús.

Ven, vamos a acercarnos.

No le veo desde el funeral de su padre.

Dejémosles.

No parece que quieran ser interrumpidos.

Además, se está haciendo tarde.

No hace falta que me lleves a la estación, iré con el chófer.

¿Estás segura de lo que vas a hacer?

No me queda más remedio, Agustín.

Que tengas buen viaje, Leocadia.

A mi vuelta, pondremos las cuentas en orden.

Descuida.

Me gustaría ir contigo.

Lo sé. Lo sé, cariño.

Pero ahora, tienes que recuperarte.

Tu padre y tu hermano cuidarán de ti.

Dame un abrazo.

Y mientras, ¿quién va a cuidar de ti?

Esto es algo que debo hacer sola.

¿Me invitas a un jerez?

Creí que no querrías volver a verme.

Yo no soy quién para juzgarte.

Todos tenemos secretos que nos gustaría olvidar.

Hace unos años, en el pueblo,

tuve relaciones con un mozo en la romería.

Y se lo contó a todo el mundo.

Me tacharon de fácil.

Me tuve que marchar para siempre.

Temo que me esté pasando eso contigo.

¿Qué va a pasar cuando te canses de mí?

¿No te das cuenta de que eso no ocurrirá?

Cuando cierres, ni bailes ni trastiendas.

Llévame a tu casa.

Vale.

¿Cómo te llamas de verdad,

Paco?

"Los implicados en la sublevación de Asturias

atentaron contra el ordenamiento legal vigente

e hicieron uso de una violencia sanguinaria

para acabar con la vida de civiles inocentes,

miembros de las fuerzas de seguridad

y hombres y mujeres de la Iglesia".

"Por tanto, la represión fue mesurada,

justa y necesaria".

"Queda así finalizada la labor de esta comisión".

Siento mucho lo ocurrido.

¿Qué va a pasar con Alcázar?

Será un milagro si se libra del pelotón de fusilamiento.

Cariño...

Has hecho todo lo que estaba en tus manos, todo.

No ha sido suficiente.

(Puerta abriéndose)

¿Ya hay sentencia?

Recurriremos.

¿Cuál es la condena?

El juez ha dictado la pena capital.

(Objeto cayendo)

Prima.

¡Irene!

Sois los únicos a quien puedo pedir un préstamo para cubrir las deudas.

Este anillo podría pagar tu préstamo.

Es lo más caro que Ignacio me ha regalado nunca.

Lo compró para ti, como bien sabes.

Tú rechazaste el anillo.

Así que no siento pena por ti, Leocadia.

Te vamos a sacar de aquí.

Te lo prometo.

Prepara todo para la fuga.

Dinero, equipaje, lo que sea.

Tendréis que salir del país.

Necesito dos pasaportes.

(AMPARO) Palabras mayores. -Lo sé.

¿Qué será de nosotros si te descubren?

Si lo consigo,

Alejandra y su marido desaparecerán para siempre.

Te presento a la hermana Nieves.

Alfonso Garea.

Una monja anarquista.

Para usted, hoy no hay Dios que valga.

¡No!

Esta noche, nos vamos directas a la estación.

Adiós a El Alemán, a la revolución, al partido,

a todo.

Adiós,

Rubio.

De esta vida, solo se sale con los pies por delante.

Madre...

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14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 23

22 dic 2018

Jesús vuelve de Asturias tocado por las atrocidades de las que fue testigo durante la revolución.Poco a poco se irá acercando a Nieves, la única que le comprende, pero la revelación de un secreto que la joven ha guardado hasta ahora causará una fractura en su amistad.

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