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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 14 - ver ahora
Transcripción completa

(Relincho)

No, por favor.

Haz presión.

Es solo un niño.

¿Qué haces?

¿Sabes quién soy, eh?

¡Fernando! ¿Sabes quién?

¡Soy Fernando de la Torre, el dueño de esta tierra!

¡Y tendrás que matarme a mí primero!

¿Y a mí qué cojones me importa, coño?

-¡Déjelo, mi sargento!

¡Vámonos!

¡Vámonos!

(LLORA DESCONSOLADAMENTE)

Por favor, sálvale. Sálvale.

Fernando, por favor, sálvale.

No sabía cómo ibas a recibirme.

Pero esto no me lo esperaba.

Eres tú el que está en peligro, Ventura.

¿Qué pensarías de un camarada al que dejan salir de la cárcel

mientras otros, por menos, se pudren en ella durante años?

Lo tenía todo preparado para ti: otra identidad, un plan de huida.

¿Me buscas la ruina y ahora quieres ayudarme?

¿Por qué?

Por Encarna.

Para que no sufra.

Y también para alejarte de ella

y que pueda olvidarte. -¡Cállate!

¡Cállate! -¿Qué haces?

¡Por lo que más quieras!

Te estaba besando.

Déjala ir, por favor. Por favor, déjala ir,

aunque no la creas.

Déjala ir.

Estabas besando...

a esa...

(Portazo)

¿Cómo eres capaz?

Papá.

Lo sé, lo sé, pero no podía esperar.

Es importante.

Necesito verte.

No, no es algo que pueda contarse por teléfono.

No puedo creer cómo me han podido hacer algo así.

Sí, sí, papá.

Estaré en casa esperándote.

Gracias.

Leocadia.

Ya no hay ninguna duda.

No van a expropiar la finca.

Aquí acabarían nuestros problemas

si no hubieses dicho nada a Alejandra.

Un secreto así no puede guardarse para siempre.

Conocer la verdad no sirve de nada

si no se puede demostrar ante la ley.

Y Alejandra no tiene pruebas,

ni un solo documento, nada.

Tú no vas a regalarle las tierras

que durante generaciones han pertenecido a tu familia.

¿Declararías ante un juez que Alejandra es hija de tu hermano?

No sería necesario.

¿Me estás ocultando algo, Leocadia?

No.

No, ya no.

Tengo un documento escrito del puño y letra de Fernando.

Un contrato entre hermanos.

Él me cedió la finca

a cambio de velar por Alejandra.

Pero me comprometí a entregarle la mitad

cuando alcanzase la mayoría de edad.

Al morir Fernando, pensé que, por el bien de esa familia,

nadie debía de conocer ese documento, ni siquiera tú.

Dámelo.

¿No te das cuenta?

Es como si le hubiese robado a la hija de mi hermano.

¿Qué piensas hacer?

Lo que he hecho los últimos 20 años: nada.

¡Si perdemos la finca, lo perdemos todo!

Beatriz, ¿qué pasa?

Han llamado de la finca.

Ha habido un tiroteo.

¡Dios mío, Fernando!

Fernando está bien.

Amparo es inocente.

Por tu culpa, la acusan de algo que ella no ha hecho.

¿Pero cómo... cómo es posible que estés tan ciega?

Esa mujer es muy peligrosa, muy peligrosa.

¿No me crees?

¿La crees a ella y no me crees a mí?

Ella ha estado a mi lado cuando más lo necesitaba,

cuando no tenía a nadie.

Siento que hayas tenido que vernos así,

pero te mentiría si te dijera que ella no me importa.

¿De verdad crees que es inocente?

Me haces daño. ¡Dime! ¿De verdad la crees inocente?

¿Qué sabes tú de sus negocios?

¿Quién crees que nos dio las armas para el atentado?

Nos delató.

¡Me metió en la cárcel!

Y me ha sacado cuando le ha convencido.

No es verdad. Yo se lo pedí.

Por lo que nos hemos querido...,

por todas las cosas que hemos vivido juntos, por favor,

escúchame.

Hazme caso, no te fíes de ella.

No puedes... -Basta, basta.

Basta.

Yo sé que no te merezco.

Pero ella no es mejor que yo.

(Portazo)

No hay tiempo de llevarle a un hospital.

Su única oportunidad es operarle aquí mismo.

Pero aquí... Cada minuto cuenta.

Haga lo que tenga que hacer.

Una Osuna.

Tienes que hacerlo bien, hermanita.

La tierra es tuya.

Lucha, Jesús.

Lucha y te prometo que haremos realidad nuestros sueños.

Te necesito a mi lado.

Entonces tendré que salir adelante.

Te lo prometo.

Por ti y por esta tierra

que ahora es nuestra, te lo prometo.

Lucha.

Es mejor que salgan.

(Mechero abriéndose y cerrándose)

(Mechero abriéndose y cerrándose)

(Mechero abriéndose y cerrándose)

(Mechero abriéndose y cerrándose)

(Mechero abriéndose y cerrándose)

(Mechero abriéndose y cerrándose)

(Mechero abriéndose y cerrándose)

Y yo que pensaba que nadie me buscaría aquí.

Está precintado, no volverán.

Pero yo sé cómo funciona tu cabeza.

Estoy impresionada.

Riutin, Kámenev, Zinóviev...,

han sido expulsados del partido.

En Moscú todos sospechan de todos.

Y tú estás llamando la atención.

Te han cerrado el local. Tienes a la Policía detrás.

Aún no conocen los detalles, pero saben que les has fallado.

Y han empezado a desconfiar de ti.

Tengo la situación controlada.

Díselo.

¿Y jugarme el cuello por una sentimental?

¿Tan poco confías en mí?

Esa mujer será tu perdición.

Uso a las personas para conseguir mis objetivos.

¿No es eso lo que me enseñaste?

Tienes el tiempo en contra.

Tienes que darte prisa.

Tienes que demostrarles que aún sigues siendo útil.

Lo haré.

No les voy a defraudar ni a ellos ni a ti.

Está bien.

Por Paco y por las sulfamidas no te preocupes.

Yo pondré un poco de orden.

El Alemán cerrado no sirve de nada.

Tienes que escoger, Amparo.

O ella

o nosotros.

Lo sé.

Y ya lo he hecho.

¿Que se quiere divorciar?

¿Y sus padres qué dicen?

No lo sé, papá, yo ya no sé nada.

Ya te lo dije, te casaste con un tarambana

cuando podías haber tenido al mejor hombre del mundo.

¿Qué va a ser de mi hijo?

Si Fernando me deja, será un bastardo.

¿Te das cuenta, papá?

¡Tu nieto un bastardo!

Y yo peor que una cualquiera.

Escúchame.

Tu marido no se va a salir con la suya.

No habrá divorcio.

Antes lo mato.

Esto está que arde, Ludi.

La señora Mercedes está con su padre en el salón.

Para mí que lo del divorcio va en serio.

Si está embarazada. -No hay hombres bueno, Ludi,

ni ricos ni pobres. Son unos egoístas.

Niña, que estás en Babia.

Hombre, espabila, que hay que poner la cena.

Lo que ha hecho la señorita Alejandra no está bien.

Lo mismo que tú con Rafael.

No, de eso nada.

Yo no sabía que su mujer estaba embarazada.

Pero él, sí. Y tampoco parece que le importara mucho.

No digas eso.

Bueno, tú verás lo que haces.

Ahora, ya me dirás tú a mí en qué casa te van a contratar

si te arrejuntas con un divorciado.

Como no sea en una casa de mala fama...

Y tú ya me entiendes.

Bueno,

no te pongas mohína.

¿Es que no lo ves?

Que lo del divorcio es para señoritos.

¿Y el amor?

¿El amor?

El amor también es cosa de señoritos.

Francisco, nadie nos había avisado.

La culpa es vuestra.

Teníais que haber cortado esto de raíz.

Todos estamos en el mismo lado. -¿Seguro?

Porque yo sí sé en qué lado estoy,

en el de la gente decente, del que está mi hija y mi nieto.

Fernando entrará en razón.

¡Más le vale!

A él y a todos.

Porque te aseguro que si le hacéis esto a mi hija,

nadie os va a salvar de la ruina.

Y sabéis que no hablo por hablar.

Si me disculpáis...

Francisco...

Si Alejandra no existiera,

nada de esto estaría ocurriendo.

(FRANCISCO) Mi sombrero.

Francisco, con amenazas no vamos a solucionar el problema.

¿Por qué no te quedas a cenar y hablamos con tranquilidad?

Puedo pedirte disculpas por el tono,

pero no por el sentido de mis palabras.

Haremos todo lo que esté en nuestras manos

por impedir ese divorcio.

Ojalá. Siempre he confiado en ti.

Mi familia no va a tolerar semejante insensatez.

También es nuestro nieto.

Igual que te aseguro que me tendréis de frente

si esto sigue adelante,

seré generoso si eres capaz de meter a tu hijo en cintura.

Buenas noches.

Jesús va a ponerse bien.

Es fuerte.

¿Y si todo esto es un castigo?

Amor mío...,

¿acaso nos merecemos un castigo por querer ser felices?

¿Y tu hijo?

¿Y Mercedes?

A mi hijo no le voy a querer menos porque yo viva alejado de su madre.

Y a Mercedes nunca podré perdonarle que te dijera que éramos hermanos.

¿Y si era lo que creía?

Puede que no quisiera mentirme, que de verdad...

Aún así, Alejandra.

Eso no cambia lo que yo siento por ti.

Te quiero.

Ya le hemos llevado a la cama.

Ahora hay que esperar.

Si consigue pasar la noche...

Hija, espera.

No...

no deberías prometer algo que no vas a poder cumplir.

Los señores serán siempre los señores.

No van a soltar la tierra así como así.

Son mis derechos.

Alejandra tiene razón.

Y yo te doy mi palabra de que... Tu palabra, señorito...

¿La misma que le dio a la señorita delante del altar?

¿La de alguien que abandona a su mujer cuando espera un hijo?

No, no me pregunte el valor que le doy a esa palabra.

Padre...

Yo solo quiero la felicidad de Alejandra.

Y por ello soy capaz de todo.

¿Uno puede ser feliz...

a costa de la desgracia de los demás?

Pobre Leocadia.

Entre lo de la finca y lo de Fernando está en vilo.

Hugo.

¿Te pasa algo?

No puedo soportarlo.

De verdad que lo he intentado, pero no puedo más.

A veces, parece que el dolor remite.

Pero solo para volver con más fuerza.

Voy a por los calmantes.

No sirven de nada.

Solo hay una cosa que puede ayudarme.

No, Hugo, morfina no.

No puedes volver a caer en eso.

No me dejes.

No me separaré de tu lado.

Ludi, por Dios, deja de temblar. Vas a acabar derramándolo todo.

Lo siento, señora.

De verdad que lo siento.

¿Qué le pasa esta chica?

Un familiar del norte que está en la cama.

Y esta Ludi es tan sensible...

Discúlpenla los señores.

Parece que en esta casa no hay nadie en sus cabales.

¿Por qué quiere quitarnos todo Alejandra?

¿Qué le hemos hecho?

No puede robarte a Fernando.

Y no lo hará.

¿Qué será de nosotros sin la finca? -¡Basta de disparates!

No tienes de qué preocuparte.

Todo volverá a su cauce.

Ya has oído a tu madre.

Si me disculpáis, por favor...

Nadie debe saber que estoy aquí.

Una precaución que debo a vuestro camarada.

¿Qué nos cuentas de Ventura?

¿Ha contactado con vosotros desde que salió?

Está escondido. -¿Por qué?

Las autoridades le han liberado sin cargo alguno.

Al único superviviente del atentado.

¿Adónde quieres llegar?

Vosotros mejor que nadie sabéis que la libertad tiene un precio.

"Detención de tres peligrosos anarquistas en Almazán".

¿Qué tiene que ver Ventura?

Cuántos arrestos en los últimos días, ¿no os parece?

Más de lo normal.

¿A ti qué te va en todo esto?

Ese chivato ha puesto a la Policía tras de mí.

Que yo sepa, Ventura no andaba en líos con drogas y putas.

¿De quién salieron las armas y la munición para el atentado?

Yo no quiero acabar como vuestros compañeros.

Ventura es peligroso. Está sobre aviso.

No va a dejar que os acerquéis así como así.

Tú a lo tuyo.

Sabemos lo que tenemos que hacer.

(ISABEL) ¿Aún no duermes?

No creo que pueda pegar ojo en toda la noche.

Antes estaba tan ilusionada...

Y ahora, de repente...

Si es por el hombre de la biblioteca...,

no quiso hacerte sufrir.

Pronto encontrarás al joven que te mereces.

El cielo siempre nos tiene destinada a una persona.

Eso espero.

Yo no pienso quitarle el marido a otra.

Pobre Mercedes.

No seré yo quien bendiga lo que hay entre tu hermano y Alejandra.

Pero no hay mayores tonterías que las hechas por amor.

A veces, sin ni siquiera darnos cuenta.

¿A ti te ha pasado?

Yo también he sido joven, como tú.

Pero cuando te haces mayor...,

descubres lo que de verdad importa...

y lo que no.

(Pasos acercándose)

¿Cómo está?

Sigue durmiendo.

¿Y si mi padre tiene razón?

¿También tú dudas de mi palabra?

No, no es eso, Fernando.

No me importa lo que la gente diga de mí.

Y si Jesús se pone bien,

le daré una nueva vida a mi familia.

(SUSPIRA) ¿Pero y tú?

¿Vas a poder con todo esto?

Con un hijo en camino,

no sé si podrías. Y si no estás seguro, mejor...

Eres mi vida, Alejandra.

Y no te voy a fallar.

Amor mío...,

me siento más fuerte

y más seguro de lo que me he sentido nunca.

Me alegro.

Porque esa seguridad es la mía.

¿Solos contra el mundo?

¿Estás dispuesta?

Contigo siempre.

La vuelta del hijo pródigo.

¿Cómo están Jesús y los demás heridos?

Como si te importase.

No es culpa mía si uno dispara a la Guardia Civil.

Tienen derecho a defenderse.

Siempre al lado de la ley.

¿Tú no?

Entonces no te opondrás

a que Alejandra reciba lo que le corresponde.

Dicen que Jesús le salvó la vida. Sí.

Paró la bala que iba a acabar con ella.

¿Piensas seguir adelante con esa insensatez del divorcio?

Puedes estar seguro.

Si es así,

sabes que no contarás con el respaldo de la familia,

ni moral ni económico.

Lo daba por sentado.

¿Te das cuenta de las consecuencias?

Será el fin de tu carrera política. No pienso renunciar a Alejandra.

Y estoy dispuesto a asumir

las consecuencias. (LEOCADIA) ¿Y tu hijo?

¿Has pensado al futuro al que le condenas?

Date un tiempo, Fernando.

Espera a que nazca el niño.

Veamos cómo va todo.

Si sus sentimientos son tan fuertes, nada va a cambiar.

No. No, mamá.

No vamos a esperar.

Y no te preocupes, no pienso descuidar a mi hijo.

¿Es tu última palabra?

Te educamos para que supieses cumplir con tus responsabilidades.

Yo, desde luego, no pienso descuidar las mías.

Seguiré velando por esta familia,

por su bienestar y por los intereses económicos.

La finca no es tuya, padre.

Es un asunto entre mi madre y Alejandra.

Yo solo estoy a su lado.

Y espero que también al tuyo.

Se hará lo que se tenga que hacer.

Tengo que irme.

Padre...

¿Has estado con Jesús?

Ajá.

Dime cómo se encuentra.

Aún no se sabe qué va a pasar.

Tú sabías que Alejandra no era mi hermana.

¿Eso dice ella?

Se lo conté porque pensaba que era verdad. Te lo juro.

Alejandra me está esperando.

Adiós, Mercedes.

Le he perdido.

¿Hasta dónde estarías dispuesta a llegar para recuperarlo?

(Puerta)

No sabía si venir.

Me alegro de que lo hayas hecho.

Estaba preocupada.

¿Por mí?

No sabía dónde estabas ni cuándo volveríamos a veros.

Esperaba que Ventura te hubiese puesto en mi contra.

Es verdad que hay muchas cosas de ti que desconozco.

Dice que eres una mujer peligrosa,

que participaste en el atentado al presidente,

que has delatado a compañeros suyos.

Esperaba que te dijese eso y más.

He hecho cosas de las que me arrepiento,

por dinero, por ambición...,

por sobrevivir.

Estoy dispuesta a dejarlo todo por ti.

Déjame ir contigo.

Démonos la oportunidad de saber qué es lo que hay entre nosotras.

A mí también me gustaría saberlo.

Todo esto...

Ni siquiera sé cómo llamarlo.

Pero no puedo irme mientras Ventura esté en peligro.

Tengo que ayudarle.

He reunido algún dinero para que pueda marcharse.

Tú podrás convencerle.

(Teléfono)

¿Dígame?

Ventura.

Sí, sí, yo también necesito verte.

Lo conozco. ¿En la terraza?

Te estaré esperando.

Aún no me has dicho dónde estás.

No te fías de mí.

En El Alemán, hasta que todo se arregle.

Ahora estoy en tus manos.

Nunca haría nada para hacerte daño.

(Campana de puerta)

Ludi.

Esto ha terminado, Rafael.

¿Pero por qué?

Si solo tenemos...

que esperar al divorcio. No es la mejor situación, pero...

Yo no puedo hacer una cosa así.

¿Por qué no me lo dijiste?

He pensado mucho en lo que dijiste.

Si ese disparo hubiese alcanzado a Alejandra,

todos estaríamos en otra situación.

Ni la finca ni tu matrimonio...

estarían amenazados.

No sé adónde quieres llegar, Agustín.

Parece que me esté proponiendo... Es exactamente

lo que estoy haciendo.

¿Hasta dónde estarías dispuesta a llegar por ti hijo y por Fernando?

Yo estoy dispuesta a todo

para salvar mi familia.

Pero hay cosas que tienen que hacerse bien

o no hacerse.

Se llama Gelabert.

Ya ha trabajado para mí.

Cítate con él.

Debes entender esto como una sociedad al 50 %,

de igual a igual.

Solo así podremos confiar el uno en el otro.

Adelante.

Si quiere la señora, puedo llamar al doctor.

Gracias, María del Pilar, puedes retirarte.

Si me permiten los señores...,

una de las muchachas de los Bernuy

tenía unos dolores que no la dejaban vivir y se los quitó una curandera.

Santa se llamaba la mujer.

Vive lejos, por el Tetuán de las Victorias.

Y ya no sé nada más, porque a mí estas cosas

me dan mucho respeto.

Pero he visto a la chica después y... y es de no creer.

Gracias por tu interés.

Vaya una idea.

Una curandera.

¿Y qué puedo perder?

¿Te tomas mi advertencia como una broma?

Sería la primera vez en toda tu vida.

¿Para qué has ido a verla?

Sigues sin fiarte de mí.

-¿No comprendes que si tú estás en peligro, yo también lo estoy?

Te da igual.

Qué decepción.

Estoy haciendo las cosas a mi manera.

Si tienes paciencia, verás que todo está arreglado.

No me convences.

El hecho es que acabas de estar con ella y no me cuentas por qué.

Ya sé cómo encontrar a Ventura.

Entiendo que la naturaleza del encargo es un tanto particular.

Si no, no estaría hablando conmigo.

Tranquila, señora, no es la primera vez.

Entonces comprenderá que todo tendrá que hacerse

de la mejor manera, en el momento justo y apropiado.

Nosotros le diremos cuándo.

Y, por supuesto,

manteniendo al margen al señor de la Torre y a mí.

¿Puedo hacerle una pregunta?

¿Cómo es que una señora tan..?

Eso no es asunto suyo.

¿Ha traído alguna fotografía?

No.

Yo misma le señalaré a la persona.

¿Está usted completamente segura?

Llegado el momento, ya no habrá marcha atrás.

Lo estoy.

Pero aún hay una posibilidad de que nada de esto ocurra.

Solo que no está en mis manos.

"Depende de la decisión que tome esa persona".

Parece que vamos a poder cumplir nuestros sueños.

¡Jesús!

¡Oh! No.

No te muevas, hijo.

Vamos a hacerlo, ¿verdad?

Te lo he prometido.

Juntos vamos a hacer lo que siempre soñamos.

Ahora estamos en desventaja, padre.

Estamos rodeados de señoritos.

Ah. Siéntese.

Me alegro...

de que hayas salido de esta.

Sabía que lo conseguirías.

¿Y los otros?

Todos fuera de peligro. Ahora, descansa.

(Teléfono)

Perdonad.

(Teléfono)

Dígame.

Allí estaré.

No.

Nadie sabrá nada.

Fernando...,

antes del tiroteo quería decirte una cosa.

¡Chist!

Intenta dormir

hasta que venga el médico.

Ya habrá tiempo para hablar.

Nunca la había visto tan feliz.

(Pasos acercándose)

¿Quién era, hija? Del Ministerio.

Mañana tengo que ir a Madrid.

¿Te llevo?

No. Serás más útil aquí. Puedo ir sola.

¡Santa! ¡Santa!

(Ladridos)

(Ladridos)

Deme algo, señora. -Deme algo.

Deme algo. -Deme algo.

Deme algo.

Deme algo.

Deme algo, por favor.

Deme algo.

Deme algo. -Deme algo.

(Graznido)

Puedo traer un cojín a la esposa de su excelencia,

si quiere sentarse.

Siento dolor.

Dolor que viene de arriba.

¿Puede hacer algo?

Solo si el cielo quiere ayudar a Santa, excelencia.

(HABLA SUSURRANDO)

Primero es fuego, excelencia.

Luego, tierra.

Y la tercera vez...

sentirá el hielo de la madrugada.

¿Y el dolor?

El dolor morirá con la noche.

(Campanadas y griterío de niños)

(Campanadas)

Devuélveselo.

El dinero es mío, Ventura.

Saqué lo que tenía en el banco y puedo conseguir más.

Es que no quiero tu dinero tampoco.

¿No quieres su ayuda ni la mía?

¿Entonces a quién vas a recurrir?

¿Por qué tendría que dejar que alguien me ayudara?

Porque estás en peligro, porque tienes que huir.

No te preocupes por mí.

¿Cómo me puedes pedir eso?

Estoy muerta de miedo.

Vamos.

Siempre me he sacado las castañas del fuego yo solito, ¿no?

Oiga, deme uno.

Soy yo el que te va a llenar los bolsillos.

Toma. -Gracias.

¿Qué harás si te toca?

¿Querrás gastártelo conmigo?

(Gritos)

(Gritos)

¡Te la has cargado, cabrón!

¡Traidor! -Os equivocáis.

Yo no soy un traidor.

(Silbato)

(Silbato)

¿Ha conseguido salvarse?

Sí.

Menos mal.

Pero te ha puesto en peligro.

Tienes que ayudarle, Amparo.

Ya le oíste, no quiere saber nada de mí.

Yo hablaré con él.

Después de lo que ha pasado, no podrá negarse. Está acorralado.

Hazlo por mí.

Irá a buscarte, no le queda otra.

Solo tenemos que prepararlo todo y esperar.

Hugo.

Se han ido.

La bruja lo ha conseguido.

¿Del todo?

Pero si anoche aún te dolía.

Del todo.

¡Gracias a Dios!

Sé que es injusto, mi amor...,

pero creo que a veces ha llegado a dolerme tanto como a ti.

Lo sé.

(Música de violín suave)

Voy a vestirme.

No sabes lo feliz que estoy.

Buenos días, familia.

Buenos días. -Buenos días.

Tienes muy buen aspecto.

La verdad es que me encuentro bien. Gracias, prima.

¿Ya no te molesta la pierna? Soy un hombre nuevo, Agustín.

¿Pero has consultado a otro especialista?

Es lo que tienen estas cosas, igual que vienen, se van.

¿Sin medicinas?

Sin medicinas.

Ya te dije que todo eso se acabó.

Bueno, ¿y todo lo demás cómo sigue?

Todo sigue como siempre. Bien.

(Puerta)

¿Estás bien? -Sí.

No sabes lo preocupada que estaba.

Escúchala.

Es por tu bien.

El otro día me quedé con ganas de pegarte un tiro.

Será mejor que me vaya.

Ventura, por favor.

(AMPARO) Nada les va a parar.

Si no huyes, acabarán encontrándote.

No insistas. Sigo sin fiarme de ti.

Yo, en tu lugar, tampoco me fiaría de nadie.

Pero tengo buenas razones para no hacerte daño

y tú no tienes a nadie más.

Otra identidad y un pasaje a Argentina.

El barco zarpa de Lisboa pasado mañana.

Viajarás en un camión de azúcar que sale esta noche de Navalcarnero.

Yo misma te llevaré allí.

Nadie sabrá quién eres.

Ventura, en mí sí puedes confiar.

Siempre ha sido así. Por favor.

¿Cuándo saldríamos?

Esta tarde.

Hay que ultimar algunas cosas.

Esta tarde hay partido en el Metropolitano.

Espérame a la salida, en el coche.

Yo te encontraré. -¿Por qué allí?

Las multitudes son más seguras.

Aún no soy de fiar.

Querría despedirme de Encarna. Si no te importa...

Aquí se acaba todo.

Ayer podía haber terminado en una tragedia.

No he hecho las cosas como tú...

esperabas.

Pero siempre te he querido.

Siempre.

Hemos pasado tanto...

Un día volveré.

Volveré.

Quizá entonces...

(Puerta cerrándose)

¿Qué te ocurre, pequeña?

Estoy preocupada.

La otra noche te dolía mucho y... -Y eso te preocupa.

Hugo...,

por insoportable que sea el dolor... -No me he inyectado morfina.

Te he dicho que eso se acabó y se acabó.

Si te cuento algo, ¿me guardas el secreto?

¿Me lo guardas?

Ven.

Isabel y yo fuimos a ver a una curandera.

Y ha funcionado.

No sabes cómo era su casa,

como en los cuentos.

Una bruja.

¿Una bruja? -Sí.

¿Podría curarme a mí?

Qué ocurrencia.

-¿Me puedes llevar?

No. Los médicos han acertado contigo.

¿Y si no podemos pagarlo? -Eso no pasará.

Por favor. -¡He dicho que no!

Ya terminarás luego lo que estás haciendo.

(Puerta abriéndose)

Nunca pensé que llegaría a ver esto.

Dámelo.

Ese documento es la última voluntad de mi hermano.

¿Y vas a dejar que nos lleve a la ruina?

¡Es su hija! -Sí, una bastarda.

Nos guste o no, Alejandra lleva mi sangre.

Debería estar muerta.

Tendríamos que haberlo hecho cuando nació.

¿Pero qué estás diciendo?

Te estás volviendo loco,

completamente loco.

Cielo santo, entonces es verdad.

Te has despedido.

Sí, Ludi.

Pero es una locura.

Vas a tener un hijo.

Siento no haberte dicho lo del embarazo, pero...

no sabía cómo hacerlo y...

y que no pasara lo que ha pasado.

Antes o después, me iba a enterar.

Pensaba...

pensaba decírtelo cuando ya no hubiera marcha atrás.

Preferí portarme como un canalla antes que perderte.

Bueno, lo hecho, hecho está.

No van a pagar justos por pecadores.

¿Cómo se te ocurre dejar el trabajo?

¿De verdad crees que podría verte cada día

sabiendo que nunca estaremos juntos?

Te juro que no podría soportarlo.

No te preocupes.

Encontraré otro empleo.

Pero lo que siento por ti...

no lo volveré a encontrar nunca.

Todos a su hora.

Esta vez me he retrasado.

Adiós.

Disculpe.

¿Podría indicarme algún libro sobre...

brujería? (BIBLIOTECARIA) ¿Brujería?

Busque en aquel fichero.

Esoterismo.

Gracias.

"Malleus Maleficarum".

"El martillo de las brujas".

En ese libro encontrará todo lo que quiera saber sobre el tema.

Disculpe. Escuché la pregunta.

Existe una excelente traducción al inglés.

Lo siento.

Tengo prisa.

Necesitaba verte.

Gracias por no hacerme insistir.

Sé que Jesús está en casa recuperándose.

Quise pasar a verle, pero estando Fernando...

¿Para qué me haces venir?

Para pedirte perdón.

De verdad, pensaba que eras hija de Agustín.

No te mentí.

Eso ya no tiene importancia.

Para mí, sí.

No quiero que te equivoques conmigo.

Aclarado está.

Si me disculpas... Voy a luchar por mi familia.

Eres una mujer clara, Alejandra.

Es justo que yo lo sea también.

¿Existe...

algún precio?

Creo que eres tú la que se equivoca. Debo irme.

¿Sabes que espero un hijo de Fernando,

que le quiero y que si vida,

tal y como él la entiende, está a mi lado?

Fernando me quiere.

Y yo a él.

Y ha llegado nuestro momento.

Si le quisieras tanto como dices, no le harías pasar por esto.

Acabará volviendo a mí, y lo sabes.

Es ella.

Tu padrino ya no sabía qué hacer, estaba desesperado.

¿Pero tú?

Si estás como una rosa.

De verdad que no.

A veces, aún me duele el pecho.

Y algunas mañanas, tengo una tos...

horrible.

A ti lo que te pasa es que te mueres de curiosidad.

Bueno, y eso también.

A ti no te voy a engañar.

Por favor, Madrina.

Que no me mires así, que no te llevo.

¿Pero por qué no? -Si se entera tu madre, nos mata.

¿Y Hugo? -Hugo ni te cuento.

Pues no se lo digas.

De mi boca no saldrá nada.

Yo ya te he demostrado que sé guardar un secreto.

Si te refieres a lo de las cartas del bibliotecario,

es un secreto a voces. -Pues no.

Es otro más importante.

¿Ah, sí?

¿Y a mí no me lo vas a contar?

Tú formas parte de él.

Te vi con tu amigo el militar.

Vi cómo os besabais.

Y ni una palabra ha salido de mis labios.

¿Ves como sé guardar un secreto?

¿Entonces?

¿Me llevas?

Buenas tardes.

¿Sí?

Señora.

Discúlpeme. -Buenas tardes, Antonio.

No pase, pase y siéntese. -No, no. Vengo a ver a los heridos.

¿Cómo se encuentra su hijo?

Si Dios quiere, va a poder contarlo, señora.

Me alegro de encontrarte aquí, Fernando.

¿Puedo pasar a verlo ahora? -Claro, claro. Por aquí.

(Graznidos)

(Graznidos)

Esto es realmente horrible. -De esto ni una palabra a nadie.

Prométemelo. -Te lo prometo.

Muchas gracias, Madrina.

Para el sufrimiento de su excelencia los médicos no tienen cura.

No se sana el mal de amores con remedios de botica.

¿Mal de amores?

De ahí te viene la tos. Vámonos. -No, no, no. Espera.

A ver qué hace.

Es una locura.

Beba, excelencia.

Pero solo un sorbo.

El primer sorbo tiene que ser en la casa donde no entra

el diablo.

Y hasta el nuevo día no puede volver a beber.

Trae.

Yo te lo guardo.

¿Cuándo vas a acabar con esto, Fernando? Tienes que volver a casa.

Creo que he sido muy claro con eso, mamá.

Tu mujer espera un hijo.

Tienes una carrera, una familia.

Te conozco mejor que nadie

y sé que no vas a ser feliz dejándote llevar por un impulso.

No lo entiendes.

Quiero a Alejandra, mamá.

Las personas como tú y como yo no vivimos como queremos,

sino como debemos.

No venimos de la nada, Fernando.

Tenemos unas normas que hay que respetar.

Solo los débiles y aquellos a los que no les importa

perderse el respeto pueden saltárselas.

¿Has terminado?

No.

Porque creo en ti

y en ese amor del que me hablas. Quiero hacerte una propuesta.

Aunque es una Osuna,

Alejandra nunca podrá tener las tierras de la familia.

Ningún juez se las daría sin pruebas.

Eres abogado.

Dime si me equivoco.

¿Adónde quieres llegar?

Hay un documento que prueba que Alejandra

es hija de mi hermano.

Solo uno.

Lo tengo yo.

Si no te divorcias,

dividiré la finca como estipula el documento

y Alejandra tendrá lo que merece.

Eso es chantaje, mamá.

Sí.

Sí, lo es.

Pero creo que deberías hablarlo con Alejandra.

¿Y crees que ella aceptaría algo así?

Quizá no...,

pero si la quieres como dices,

no le negarás el derecho a obtener lo que le pertenece.

Hijo, el amor vale tanto como las renuncias a las que nos obliga.

Yo estoy renunciando al legado de mis antepasados por ti.

¿Qué vas a hacer tú?

Isabel...,

¿te pasa algo?

¿Por qué no volvemos a casa?

Ahora que tu pierna ya no te duele, sería más fácil.

Te recuerdo que estoy en arresto domiciliario.

Siempre habrá alguien que podrá mover hilos.

Alguien con influencia.

Alguien como Fernando Alcázar.

Isabel...,

te dejé bien claro

que nunca me rebajaría a pedirle un favor.

No estaba pensando en él.

No hay prisa.

De haber querido acabar contigo, lo habría hecho, ¿no crees?

Cállate.

¿Vas a matarme?

Podría ser.

Si aún seguimos vivos los dos, es para no disgustar a Encarna.

Pienso agradecérselo cada noche.

Ella no es como tú, hija de puta.

No sé lo que la has hecho, pero algún día, abrirá los ojos.

Te entiendo, Ventura.

No es fácil asumir algo así.

Me das asco.

Pero, pese a todo,

sabes que mis sentimientos hacia ella son verdaderos.

Como le hagas daño...,

no importa lo lejos que esté...,

volveré y te mataré.

Arranca.

(Risas)

(Risas)

(Carcajadas)

(Carcajadas)

¿Beatriz?

Beatriz.

Pequeña.

¡Pequeña!

¡Ay, el hechizo!

Cómo duele.

Pero si es el amor...

¿De dónde ha salido esto?

Es un secreto

entre la madrina y yo.

¿Habéis ido a ver a esa mujer?

¿Habéis ido a ver a esa mujer? Dímelo.

Los secretos no se cuentan.

Por eso la madrina confía en mí.

Porque yo no voy contando por ahí lo suyo con el militar.

(RÍE)

¿Qué has dicho?

Solo fue un beso.

¡Oh!

¡Pero qué beso!

(RÍE)

Solo importa... solo importa si...

si se puede enamorar de dos hombres a la vez. (RÍE)

(VOZ DE ANTONIO) "Los señores serán siempre los señores.

No van a soltar la tierra así como así".

"Te lo prometo.

Por ti y por esta tierra que ahora es nuestra. Te lo prometo".

¿Qué te pasa?

Alejandra...,

te quiero demasiado para hacerte daño.

Perdóname.

Alejandra, perdóname. ¡Alejandra, escucha!

Ya sé lo que vas a decirme.

Es por tu hijo, ¿verdad?

¿Es eso?

Pero eso ya lo sabías. (LLORA)

Ya lo sabías.

He dado la cara por ti para esto.

Alejandra, algunos viven como quieren.

Otros lo hacemos como debemos.

Yo estaba dispuesta a todo por ti.

Y me has vuelto a fallar.

Perdóname, Alejandra.

La culpa es mía.

Mi padre tiene razón.

Tú no tienes palabra.

Ese es el camión.

Deja las luces encendidas y baja.

Quédate delante del coche.

Que te vean.

Después de todo, voy a tener que darte las gracias.

No nos pongamos sentimentales.

Ve hacia el camión.

Lo siento, Amparo.

Me marean los barcos.

¿Te da pena?

Si no se crean problemas,

no hay que resolverlos luego.

Recuérdalo la próxima vez.

No va a haber próxima vez, madre.

Voy a cambiar de vida.

No vamos a volver a vernos nunca más.

Pobre ilusa.

¿De verdad crees que puedes abandonar?

De esto solo se sale de una forma.

Y ya sabes cuál es.

Nunca más, madre.

No quiero volver a verte nunca más.

¿Qué diría Leocadia si se enterase? -Lo sé.

Me siento muy culpable, pero insistió tanto que...

Esa mujer es una bruja.

¿Cómo iba a pensar que la niña se tomaría todo el frasco?

Bueno...,

de momento, no ha pasado nada grave.

Si podemos evitar que se enteren tus primos,

mejor para todos.

Lo siento.

Tu pierna.

No he sentido nada.

Es como si fuese de corcho.

Voy a llamar al médico.

Mañana mismo vamos a verlo.

No, Isabel.

Quiero que te vuelvas a Asturias.

(SUSPIRA) -Todo ha salido bien.

Ventura está camino de Lisboa sano y salvo.

Gracias.

Nunca olvidaré lo que has hecho por mí.

Señora, ¿servimos ya la cena?

¿Y Beatriz?

Se ha quedado dormida.

Es mi culpa. Hemos salido a dar un paseo

y hemos estado viendo escaparates.

Tendré que hablar seriamente con ella.

Súbele la cena. (MARÍA) Sí, señora.

¿Has hablado con Fernando?

No.

Somos tu familia.

Todos nosotros.

Y estaremos a tu lado hasta que todo sea como Dios manda.

Por ti y por nuestro nieto.

(Pasos acercándose)

(ANTONIO) Ser propietaria cambia las cosas.

Pero está por ver que sea para mejor.

¿Quiere que renuncie?

Podrías poner las cosas más fáciles.

¿Dejaré que regales el patrimonio y quieres más facilidades?

Me han soltado por falta de pruebas.

¿A quién se lo agradezco: a ti o a tu madre?

Podemos irnos a Asturias.

Serás la única del pueblo que sepa conducir

o hablar otro idioma.

El campo solo lo he visto desde el tren

cuando iba de camino a la ciudad.

(ENCARNA) No me voy de Madrid sola.

¿Le conozco? -Es una mujer.

¿Qué se te olvida?

Perdone. Pensaba que era otra persona.

(CARRASPEA)

Recuerdo cosas que no me gustan.

Como el tiroteo.

Iban a por Alejandra.

Le ha mandado a la mesa que no es. No se entera.

De esto me encargo yo.

Creo que ya no.

¿Por qué hay un hombre en mi mesa?

Quiero justicia. No.

Tú quieres venganza. Se te ve en los ojos.

Seguiré con la familia La Torre.

¿Seguirá con los que querían matar a su hija?

Hemos decidido prescindir de tus servicios, Antonio.

Fallamos que debemos condenar y condenamos al procesado

a la pena de inhabilitación absoluta.

¿Vas a dejar esa afrenta sin castigo?

No.

Debes acabar con el chismorreo.

No basta estar casada, hay que estarlo a los ojos de todos.

Está con Alejandra.

¿Cómo lo sabes?

La he llamado a su casa y su padre me ha dicho que no estaba.

No le contraté en un arrebato.

Sigo queriendo que esa mujer desaparezca.

Tu padre mandó que dispararan a Alejandra.

Quería verla muerta.

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14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 14

03 nov 2018

La familia De La Torre sigue pendiente de la petición de divorcio de Fernando a Mercedes. Agustín y su nuera imaginan el mundo sin Alejandra. Fernando y Alejandra siguen soñando con una vida juntos, ajenos a las sombras que se ciernen sobre ellos.

Por su parte, Ventura comprende que su inesperada salida de la cárcel le convierte en sospechoso a ojos de sus compañeros anarquistas. Encarna, preocupada por él, intenta ayudarle. Pero tras verla en brazos de Amparo, Ventura ya no se fía de nadie.

Presa de la culpa, Ludi ha decidido que no puede seguir con Rafael y fuerza la situación para que el pasante de don Agustín se dé cuenta de que no hay más opción que la ruptura. No obstante, no será sin consecuencias. En cuanto a Hugo, el dolor en su pierna es insoportable. Como no quiere recurrir de nuevo a la morfina, toma medidas desesperadas...

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